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21 Julio 2019 04:00:00
Hacia el voto electrónico
Gerardo Blanco.- La reforma política que estará por discutirse en el Congreso de la Unión se sustenta, en esencia, en el alto costo que tienen las elecciones en México, comparado con otros sistemas electorales a nivel global.

Bajo esta premisa, un amplio sector de Morena propone, sin un diagnóstico serio y objetivo, eliminar autoridades electorales estatales y suprimir órganos fundamentales del Instituto Nacional Electoral (INE), lo que provocaría un franco retroceso antidemocrático.

Sin embargo, la austeridad y el ahorro en la organización de las elecciones, como ya hemos dicho, se puede emprender desde distintas rutas y directrices. Así lo ha propuesto el propio INE cuando, en días pasados, esgrimió la necesidad de transitar hacía el voto electrónico, lo que puede suponer un avance en la organización de las elecciones y, a su vez, un ahorro económico de aproximadamente 4 mil mi-llones de pesos.

Quizá para muchos puede sonar aventurada la implementación de la tecnología para efectos de emitir el voto, incluso generar cierto escepticismo, pero, desde mi perspectiva, no debería ser así. Mucho menos para personas de estados como Coahuila y Jalisco, cuyos órganos electorales, durante la última década, han utilizado este modelo en diversos ejercicios democráticos –no constitucionales– mediante el uso de la llamada urna electrónica.

Ahora bien, para emplear el voto electrónico de manera eficaz, trasparente y confiable en las elecciones nacionales, es necesario aprender de las experiencias de la comunidad internacional (Brasil, Estados Unidos, Estonia, India, Los Países Bajos, Irlanda, Filipinas, Alemania) y, por supuesto, de las locales.

Tomando en cuenta esas experiencias, podemos decir que el voto electrónico tiene diversos beneficios: mayor rapidez y precisión en el conteo de votos; eliminación de errores en la interpretación del voto; mayor comodidad para los electores (se pueden implementar sistemas auditivos para discapacidad visual) aumento de la participación ciudadana, implementación de interfaces lingüísticas (para el caso de las lenguas indígenas, por ejemplo), elaboración automática del programa de resultados electorales preeliminares; expedientes de los resultados oficiales; y la reducción de recuento de votos.

Los ahorros presupuestales, en mayor medida, se obtendrían al dejar de imprimir la documentación electoral (boletas y actas), material que representa un costo muy elevado considerando el tipo de papel y el alto número de sellos de seguridad que el mismo contiene; además de su traslado, resguardo y custodia.

Las voces discordantes respecto a la implementación de la tecnología en la emisión del sufragio plantean diversos incovenientes: que los sistemas carecen de trasparencia; probable vulneración a la secrecía del voto; riesgo de manipulación del personal encargado del manejo del sistema; una posible intervención de “hac-kers”; aumento de los costos (aunque sería a corto plazo) de la compra y mantenimiento del sistema de voto electrónico; mayores requerimientos en materia de seguridad e infraestructura.

México tiene uno de los sistemas electorales más seguros y confiables en el mundo, auspiciado, principalmente, por el alto grado de desconfianza que existe entre los partidos políticos, fenómeno que los orilló a regular un andamiaje electoral con alto contenido de candados de seguridad, que hacen muy complejo un posible fraude.

A pesar de ello, el humor social refleja un amplio grado de desconfianza y en el lenguaje popular se sigue hablando de fraudes electorales. Esto también es consecuencia de la generalizada conducta de los políticos mexicanos de rechazar los resultados cuando no les favorecen. Aunque, paradójicamente, el INE es de las autoridades mejor evaluadas por la ciudadanía. Digo esto porque, de acuerdo con las experiencias en otros paises, la implementación del voto electrónico es más compleja en sociedades que confían poco en su sistema electoral.

Creo en la nececidad de transitar hacia el voto electrónico y en los beneficios que representaría para nuestro sistema democrático, aunque las autoridades electorales –así como partidos políticos y ciudadanía en general– deberán sortear estos y otros desafíos para que sea un proyecto viable y exitoso.

Esperemos que las y los legisladores federales eligan el camino de mo-dernizar las elecciones y no, por el contrario, opten por minar el funcionamiento, la independencia y autonomía de las autoridades electorales.
21 Julio 2019 04:00:00
Cambia dirigencia en Hacienda, no el rumbo económico
Silvia Garza.- Una de las principales funciones de cualquier secretario de Hacienda es poder decir no, de manera justificada y con respaldo técnico, a las decisiones políticas que interfieran con el buen desarrollo económico del país. Decir no es una de las cosas más difíciles que hay en la vida, y más cuando se le dirige a un político, generalmente acostumbrado a pedir consejo para validar sus propias opiniones y no aceptar las de los demás. Contados son los políticos que están dispuestos a escuchar y aún menos los que están dispuestos a rectificar.

El dr. Carlos Urzúa es un magnífico economista que enfrentó el eterno dilema de su gremio: decirle al Presidente que está equivocado, que la economía no se puede inventar en un escritorio. Que la vida económica de un país es algo más complejo que sumas y restas. Sobre todo, que la economía es una ciencia compleja que lamentablemente no se puede poner a prueba en un laboratorio: se trata de las vidas, aspiraciones y el bienestar de millones de personas.

En un documento de investigación del Fondo Monetario Internacional, titulado Las Funciones en Evolución y la Organización de los Ministerios de Finanzas, publicado en 2015, se mencionan tres aspectos clave que determinan la función de un secretario de Hacienda: 1) El creciente papel del gasto público en la economía, tanto en tamaño como en alcance, haciendo que la estrategia en la asignación de fondos públicos sea determinante del éxito o fracaso de un país; 2)
El creciente rol de las finanzas internacionales en los asuntos domésticos, de modo que un secretario de Hacienda no sólo debe supervisar “sus propias cuentas” sino las de un mercado global con infinitud de aspectos que considerar; y 3) La vasta normatividad para atender las tres funciones operativas básicas de un secretario de Hacienda, a saber: la definición de políticas económicas (principalmente la fiscal), las funciones regulatorias y las funciones transaccionales (deuda y asignación de fondos federales, principalmente).

México no es la excepción. A medida que el rol del Gobierno se ha extendido en la vida pública de nuestro país, también lo ha hecho el papel del secretario de Hacienda. Es incomparable la complejidad que enfrenta hoy ese cargo en comparación, por ejemplo, con la que tenía Antonio Ortiz Mena en los años 60, uno de los referentes continuos del presidente López Obrador para ese puesto.

Cuando en los días recientes se me convocó para aprobar la ratificación del dr. Arturo Herrera como sustituto del dr. Urzúa, se me presentó un dilema: por un lado el saber que el dr. Herrera es también un buen economista, con conocimiento de la hacienda pública de México, por lo que sus capacidades no están en duda; pero, por otro lado, saber que en el cargo no podrá decir que no al presidente López Obrador, de modo que para fines prácticos no podrá ejercer sus capacidades. Por eso opté por decir no a su ratificación.

Fue un no porque México se encuentra en un momento de quiebre, si no es que hacia la quiebra, pues los argumentos de política económica así lo indican: el dr. Urzúa estuvo en desacuerdo con el principal instrumento de planeación que es el Plan Nacional de Desarrollo, el cual no cumplió con los requisitos mínimos constitucionales y la Ley de Planeación. Este solo hecho habla de las profundas diferencias con el Presidente. Setenta páginas de contenido ideológico al margen de la opinión del entonces Secretario de Hacienda, fueron determinantes para abandonar la Administración.

A los asuntos que ya son de todos conocidos (Aeropuerto de Santa Lucía, Refinería de Dos Bocas, Tren Maya, Corredor Transístmico), el de mayor peso para mí es el desa-cuerdo con la desarticulación de la hacienda pública de México: centrar todo el proyecto de desarrollo de México en Pemex, destruir institucionalmente programas y operaciones que tomaron al país décadas desarrollar y transformar la generación de valor presente y futuro (Producto Interno Bruto y capital social) en favor de sectores no productivos en materia económica pero rentables políticamente. Éste último punto es central para entender la gravedad de la situación: México se aleja de cualquier posibilidad de desarrollo sostenible.

El dr. Urzúa fue muy claro: la Secretaría de Hacienda es mucho más que una oficina de compras gubernamentales, tiene el deber de advertir al presidente López Obrador los riesgos previsibles que sus acciones generan. Mientras Estados Unidos crece a tasas aceleradas aquí se metió el freno. Y ya suenan los tambores de una recesión, que les puedo asegurar va a llegar más pronto de lo que quisiéramos cuando las agencias calificadoras ratifiquen lo que ya sabemos: que el plan de Pemex, del que depende todo el Plan Nacional de Desarrollo, simplemente no da. Cuando esto pase, no se diga que no fuimos advertidos.

Nos leemos la próxima semana. ¡Muchas gracias!
07 Julio 2019 04:05:00
Chicuarotes: el espejo de la realidad
Gerardo Blanco.- La semana pasada se estrenó en los cines la película Chicuarotes, dirigida por Gael García Bernal. La historia se desarrolla en San Gregorio Atlapulco, Xochimilco, en la Ciudad de México; una comunidad que si bien no se encuentra en un alto grado de marginación al igual que muchas localidades del país no ofrece las condiciones mínimas para que la juventud alcance el bienestar económico más elemental.

Este es el caso de los protagonistas “El Cagalera” y “El Moloteco”, dos adolescentes que buscan tener ingresos económicos personificando a unos pequeños payasos en el transporte público. Ante la apatía e indiferencia de las personas, el hartazgo y la desesperación son su principal impulso para sortear los obstáculos que les permita cambiar su realidad, teniendo como desagradable consecuencia su inevitable inclusión en el mundo de la delincuencia. Así, encuentran en el secuestro la única alternativa para obtener unos cuantos pesos, no sin antes, incluso, considerar la posibilidad de hacerse de un cargo público por medio de la compra de plazas.

El punto álgido de la película, desde el punto de vista de quien esto escribe, es el momento en que los pobladores de esa comunidad, ante la evidente ineficiencia de las autoridades de procuración de justicia, deciden reunirse en la plaza central con el fin de descubrir quiénes son los culpables del secuestro para proceder a lincharlos.

Nada ajenos a nuestra realidad, los linchamientos representan el acto de barbarie, crueldad y salvajismo que mejor refleja la descomposición y la podredumbre del tejido social que permea en este país. Como bien expone L.M. Oliveira en su ensayo La Democracia en la Oscuridad (Desconfianza. El Naufragio de la Democracia en México. Lince. 2018), aludiendo a la propuesta de Elisa Godínez para entender el fenómeno de los linchamientos, cita ideas como esta: “Los linchamientos en México suceden porque los Gobiernos no atienden la emergencia cuando está sucediendo y por el hartazgo ante la impunidad y la falta de justicia en un contexto de permanente inseguridad y altos niveles de criminalidad”. Agrega que: “existe evidencia verificable de que, en las semanas y meses previos a un acto de linchamiento, en la localidad en cuestión se denunciaron con insistencia delitos que las autoridades locales, estatales y federales no atendieron”.

El rodaje, sin dejar de lado pinceladas humorísticas, nos invita a reflexionar sobre cómo los adolescentes, al crecer en un entorno desprovisto de atención y cariño, enfrentan el peso del futuro en condiciones adversas; además, en una línea secundaria, la cinta arroja una mirada en torno a la falta de eficacia y eficiencia de los cuerpos policiales, así como al alto índice de impunidad que impera en las instituciones, lo que orilla a ciertos sectores poblacionales a tomar justicia en propia mano, mediante la imposición de sanciones que no se apegan a la ley, sino que se adscriben, principalmente, a la violencia. Al mismo tiempo aborda aspectos como la tolerancia ante las preferencias sexuales, los males del patriarcado íntimamente arraigado a las entrañas más profundas de la sociedad, la violencia que permea en el seno familiar, entre otros fenómenos que descomponen la convivencia social.

Ese desolador panorama que se presenta frente a los protagonistas de la historia, se presenta frente a miles de personas en nuestra realidad, producto de otras enfermedades como la corrupción, la impunidad, la injusticia y la violencia que terminan por deteriorar y colapsar la moral de los miembros de una sociedad.

Consecuencia de lo anterior, la sociedad se encamina cada vez más hacia un individualismo férreo, sus intereses se orientan al beneficio personal y no al colectivo, lo que termina, tarde o temprano, por disuadir el pacto social, la responsabilidad hacia los otros se desvanece e impera un ambiente desolador que oscurece en el horizonte un futuro medianamente promisorio.

Chicuarotes es un espejo de la cruda realidad. Una realidad que no el paso de los sexenios, de las siglas y de los gobiernos, no cambia para muchas personas en este país.
02 Julio 2019 04:05:00
El esqueleto sostendrá la carne pesada de las piedras
Elena Gómez.- Marguerite Antoinette Jeanne Marie Ghislaine Cleenewerck de Crayencour, conocida como Marguerite Yourcenar -seudónimo que ella y su padre inventaron-, creó mundos inexistentes a partir de historias o leyendas escuchadas durante las travesías que hizo por el mundo desde temprana edad. La autora de Memorias de Adriano y Opus nigrum, además de escribir, lo que más amaba era viajar. Tanto que declaró a Grecia como su patria espiritual.

Resultado de sus experiencias por el mundo es Cuentos Orientales, libro que publicó en 1938, y en el que reúne 10 historias, algunas de las cuales son transcripciones de fábulas o leyendas auténticas desarrolladas por Crayencour, la primera mujer elegida miembro de número de la Academia Francesa de la Lengua en 1980. Cómo se Salvó Wang-Fo se inspira en un apólogo taoísta de la antigua China. La Sonrisa de Marko y la Leche de la Muerte provienen de baladas de la Edad Media.

Kali decapitada, de un mito hindú, el mismo que sirvió a Goethe de tema para El Dios y la Bayadera, y a Thomas Mann para Las Cabezas Trocadas. El Hombre que Amó a las Nereidas y La Viuda Afrodisia, parten de supersticiones de la Grecia de entre 1932 y 1937. El Último Amor del Principe Genghi ha sido extraído de una novela japonesa del siglo 11: Genghi Monogatari de Shikibu.

En estos textos, la escritora Francesa nacida en Bélgica, nos lleva de la mano a conocer la esencia de cuentos legendarios de Grecia, Asia y Los Balcanes. Las imágenes que recrea son contundentes, por terribles y hermosas -como en La Leche de la Muerte, uno de los cuentos que más me conmovió-: Los campesinos serbios, albaneses o búlgaros saben que un edificio se hunde por no haber tenido cuidado de encerrar en sus cimientos a un hombre o a una mujer, cuyo esqueleto sostendrá la carne pesada de las piedras.

Esta estampa hizo eco en mí porque me trajo de vuelta en la memoria la leyenda de los constructores mexicanos que habla de que, cuando construyen una presa, deben enterrar en su cortina a un recién nacido con el propósito de que su llanto avise de un probable derrumbre o desborde.

Es curioso cómo las historias y sus palabras ruedan por el mundo y en el tiempo y llegan después de viajar a nosotros. La voz sublime de Marguerite -una de mis más amadas- nos acompañará siempre por fortuna en su legado literario. Los invito a adentrarse en su majestuosa narrativa.
25 Junio 2019 04:00:00
La esperanza cruda
Mary Carmen Urrieta.- Me bastó leer la primera página del libro Temporada de Huracanes, de Fernanda Melchor para emprender un viaje que no me dejó en paz en los siguientes dos días.

No conocía la obra de Fernanda, solo escuché de ella hace pocos meses, así que cuando me pidieron que hablara en esta columna de un libro escrito por una mujer creí, y afortunadamente no me equivoqué, de que leerla sería una muy buena experiencia.

Temporada de Huracanes arranca con el hallazgo de un cuerpo en estado de descomposición en un río. Historia que cobra interés al mencionar que se trata de la bruja del pueblo. A los sospechosos los conocemos a medida que avanzan las páginas y sus historias y la manera en que son contadas hacen de esta novela un viaje intenso y muy real.

En mi lectura me topé con un grupo de hombres y mujeres que desde su dolor, ausencias y sueños, construyen sus vidas, mismas que se desmoronan en la búsqueda de su felicidad en medio de un país convulso, violento y acostumbrado a la injusticia.

Viajando en el tiempo me dejé guiar a través de las páginas de esta novela a La Matosa, un pueblo en el que las creencias en el bien y el mal eran, además de cosa de todos los días, la balanza por la que juzgaban a sus habitantes.

En mi lectura me di cuenta de que sería imposible avanzar si me acompañaban los prejuicios, así que opté por dejarlos de lado para conocer a los habitantes de este lugar con la misma fe con la que das la mano a quien te presentan por vez primera y permití que la autora me diera tour por sus vidas.

Así conocí a dos brujas, madre e hija, que vivían en La Matosa, y poco a poco, gracias a descripciones como la de su casa, me trasladé a la cocina, un espacio desde donde la misteriosa mujer “despachaba” con toda clase de pócimas, amuletos y otros servicios, a desesperadas féminas que, ante una posible condena religiosa, la visitaban en busca de ayuda ante casos imposibles, casi siempre relacionados con el amor.

Me adentré en la vida de un grupo de jóvenes que en medio de una realidad sumida en el alcohol, las drogas, el sexo y el vacío emocional, luchan por alcanzar algo, que a veces se disfraza de sueño americano, de trabajo bien pagado sin mucho esfuerzo, de un hombre ideal, de un cofre de monedas antiguas y sucumbe ante la rabia de las malas decisiones.

Como en la vida real y más en provincia, conocer a una persona te relaciona con otras tres, y si hablamos de la evolución de este pueblo y su gente, luego de un fenómeno meteorológico, es fácil conocer cómo a través de miedos y ausencias se conectan en esta novela los adultos y ancianos del ayer con las nuevas generaciones de sospechosos de hoy.

Es fácil juzgar a alguien sin conocerlo, pero ¿qué haces cuando a lo largo de Temporada de Huracanes te acercas a la vida de La Bruja, de Luismi, del Munra, de Norma, de la abuela, por ejemplo? No sé si la palabra indicada sea conmueven, pero sus vidas, pérdidas, vicios y errores, te impactan de manera distinta y te afecta, finalmente, lo que la autora decide para cada uno.

Contada desde un ambiente en el que la miseria, la homosexualidad, la prostitución y las drogas parecieran ser el único camino a tomar, Temporada de Huracanes muestra que, a pesar de todo eso, la esperanza que se esconde entre el fango, da luz a los días de cruda realidad.
19 Junio 2019 04:00:00
La revolución egoísta del feminismo
Elizabeth Alfaro.- Estaba segura de ser feminista hasta que leí a Jessa Crispin. En el último año de mi vida pensé que mi proceso de deconstrucción había comenzado, pero el texto Por qué no soy Feminista (Editorial Sin Fronteras, 2016) me provocó un conflicto interno.

La imaginación como proceso transformador para derrocar el patriarcado, es la propuesta de la autora. Es cierto que últimamente internet está lleno de contenido feminista: desde denuncias de agresiones hasta memes en tono de burla, que parece una moda más.

Crispin argumenta que a través del “choice feminism”, adoptado como estilo de vida por las mujeres blancas de clase media-alta, privilegiadas ante otros contextos sociales, los estereotipos se reproducen y critica la lucha feminista por querer ocupar el lugar de los hombres en el sistema capitalista. Aunque para entenderla del todo, la lectura exige antecedentes teóricos sobre género, el lenguaje es bastante fluido y divertido.

En sus páginas la autora recuerda las afrentas con el caos de las feministas radicales en la exigencia del reconocimiento de las mujeres como seres humanos. Imagino la escena como una auténtica revolución aunque hiciera dudar de la coherencia mental de las manifestantes.

El derecho al voto fue uno de los logros más notables. A partir de ahí la discusión pública rompió un gran tabú: hablar sobre las tragedias del mundo privado. Para las mujeres, el cansancio de las labores del hogar y el no ejercicio de sus profesiones les generaba una frustración inmensa y había llegado el momento de ocupar espacios en la vida pública.

Sin embargo, el grueso de la lucha se redujo a quienes podían reunirse mientras pagaban a otras para que cuidaran a sus hijos, y se hicieran cargo de las tareas domésticas; generalmente las afectadas eran mujeres negras, indígenas o con alguna discapacidad.

¿El feminismo se ha vuelto egoísta? Este libro dice que sí. El planteamiento de Jessa se extiende hasta la actualidad. Algunas mujeres aspiramos a ocupar puestos de poder mientras criticamos a las que deciden trabajar en casa y dedicarse a la crianza compartida de los hijos.

Una vez que alcanzamos las aspiraciones profesionales buscamos incrementar nuestro poder adquisitivo, justificando todos los medios por los que podamos obtenerlo. Replicamos los estereotipos patriarcales. Pero ¿cómo no aprovechar los espacios conquistados que siempre habían pertenecido a los hombres? ¿cómo no vengar el sufrimiento de todas las mujeres con nuestros triunfos personales?

“Todos guardamos una lista en lo más hondo de nuestro ser, una lista con cada injusticia, cada humillación, cada momento en que nos dejaron las manos atadas y en lugar de plantarnos y alzar la voz, no hicimos nada” Crispin llama a esto cultura de la indignación.

En el capítulo Los Hombres no son Nuestro Problema, la autora transgrede el discurso tradicional y pide a los hombres que sientan, lean y  se sensibilicen por su propia cuenta. Que hagan su propio movimiento, mientras las mujeres buscamos la clave para un feminismo que rompa los estereotipos que nos han acompañado.

Este libro asume que si se busca una vida que acepte las comodidades que ofrece el patriarcado, entonces no se puede ser feminista. Además derrumba la sensación heróica en los actos de las mujeres de hoy en día y las regresa a un panorama desalentador.

No obstante, me parece que este es el camino a la auténtica revolución femenina.
26 Mayo 2019 04:03:00
1994: el año caótico
Por: Gerardo Blanco

El final de la década de los 80 y la década de los 90 representan, sin duda alguna, un periodo fundamental para la transición democrática mexicana.

Previo a la elección presidencial de 1988 se suscitó la división interna del Partido Revolucionario Institucional (PRI), hecho que, como adelantó el propio Octavio Paz, era necesaria para construir el pluralismo político, ya que la hegemonía priista desincentivaba la creación y organización de alternativas. Esta división representó el primer signo fuerte de debilitamiento del partido, el cual se materializó con la candidatura de Cuauhtémoc Cárdenas por el Frente Democrático Nacional (FDN) –después PRD– para ese año.

A partir de esa elección, donde existieron grandes sospechas de un fraude perpetuado desde la Secretaría de Gobernación, además de una oposición más robusta y firme como nunca se había visto, llevó al presidente Carlos Salinas a consensar un reforma político electoral que redefiniera las reglas del juego democrático, cuyo perfeccionamiento se dio durante los años posteriores.

Así vinieron una serie acuerdos que terminaron por fortalecer el sistema político: la creación del Instituto Federal Electoral (IFE), en 1990; del Tribunal Federal Electoral, en 1993, el cual sirvió como antecedente del Tribunal Electoral de del Poder Judicial de la Federación, en 1996. También se establecieron reglas más equitativas para que los partidos políticos accedieran al financiamiento público y a los tiempos en radio y televisión.

Sin embargo, 1994 representó una año que dejó cicatrices indelebles política y socialmente hablando.

Esta historia es la que nos cuenta la serie documental 1994, producida por el escritor y periodista Diego Enrique Osorno, quien desmenuza, de manera quirúrgica, los acontecimientos políticos y sociales más trascendentales de ese año, sin dejar de lado los sucesos históricos de los años previos y las consecuencias en los subsecuentes.

Si bien, desde mi perspectiva, la información ofrecida no arroja novedades sobre los hechos que ya eran del conocimiento público, el documental ofrece un perspectiva con una variedad de ángulos que nos ayuda a entender el entorno político de esos años, ya que el valor agregado consiste en que la historia es contada por quienes la protagonizaron, mediante testimonios emanados de múltiples entrevistas hechas por Osorno.

Entre los testimonios están el de Carlos Salinas de Gortari, presidente de México de 1988 a 1994; Marcelo Ebrard (hombre que fue cercano a Manuel Camacho, político clave en aquellos años por sus aspiraciones presidenciales), actual secretario de Relaciones Exteriores; Diego Fernández de Cevallos, candidato presidencial por el PAN en 1994; el subcomandante Galeano (antes subcomandante Marcos), líder del levantamiento del EZLN; Raúl Salinas de Gortari, hermano del entonces presidente; Antonio Lozano Gracia, entonces procurador General del la República, y Alfonso Durazo, en ese momento secretario particular de Luis Donaldo Colosio y actual secretario de Seguridad y Protección Ciudadana del Gobierno federal, entre muchos otros.

El documental relata la sangre fría con la que se perpetraron los magnicidios de Luis Donaldo Colosio, candidato presidencial y José Francisco Ruiz Massieu, entonces secretario general del PRI, así como la poca voluntad de las autoridades para dar con los responsables.

El propio Salinas –con una buena dosis de cinismo– documenta cómo las designaciones de los candidatos del PRI para la presidencia requerían sólo de una mecanismo popularmente conocido como el “dedazo”.

Por supuesto que se aborda el contexto, circunstancias y motivos que generó el levantamiento zapatista –que dejó en la penumbra la entrada en vigor del TLC y la campaña presidencial–, así como sus consecuencias políticas y sociales.

No se trata de hacer un “spoiler” del documental, solo de señalar la audacia de Osorno para ponernos frente a la cámara a diversos actores políticos que, para las nuevas generaciones, solo existen en el imaginario. Asimismo, de hacer una breve reseña de las directrices por las que la obra se desenvuelve, para que, quien no lo haya visto, se dé el tiempo de disfrutarla en Netflix.

1994 fue un año caótico que, por muy lejano que se vea, quizá sigamos encerrados entre sus sombrías paredes.
29 Diciembre 2018 04:00:00
La gran oportunidad
Llegó diciembre al Congreso del Estado y con ello el paquete económico del Ejecutivo estatal, por consecuencia su Presupuesto de Egresos. Lejos de denostar y sólo criticar por criticar, como muchas veces se acostumbra desde la grada de la oposición, perfilaré mis comentarios con afán objetivo, afín de señalar lo bueno, lo malo y lo feo del presupuesto en cuestión, toda vez que seguimos trabajando con la finalidad de mejorar y plasmar en él las demandas ciudadanas.

Durante todo este año como oposición hemos sido críticos, pero también propositivos, específicamente en lo que respecta al tratamiento que se le ha dado a la deuda pública de Coahuila, la orientación del gasto público –concretamente en materia de salud y educación que pasan por una severa crisis– y el excesivo presupuesto destinado a las áreas como comunicación social, asesorías e imagen. Por consecuencia era fundamental, previo análisis de posibilidades, trabajar en una contrapropuesta responsable que abarcara todos los rubros antes mencionados.

Como todo en la vida, hay cosas buenas con importantes avances que permitieran mejorar la inversión en algunas áreas, cosas malas como la pobre asignación de recursos a la inversión pública o el despilfarro en comunicación, asesoría e imagen y lo feo como lo que representa la herencia financiera del Moreirato, a la qué hay que hacerle frente.

Lo bueno. El Presupuesto actual de Egresos presenta cambios relevantes en materia de salud pública y educación, lo cual es plausible; en educación pasamos de casi 20 mil millones asignados en 2018 a 21 mil millones para este año, mil millones de pesos más que deberán verse reflejados en mejores espacios para los alumnos, aulas o equipo de cómputo. En lo que respecta a la Secretaría de Salud, se incrementó el presupuesto en casi 550 millones de pesos, que si bien no son suficientes, debe al menos cubrir el abastecimiento de medicamento en los hospitales generales y centros de salud.

Lo malo. La inversión pública que de arranque y según lo visto en el presupuesto, no será suficiente, es decir, de quedarse tal y como el presupuesto de egresos lo presenta, quizás sea un año austero en donde la inversión en infraestructura, obra y servicios brillen por su ausencia. El reto está en lograr incrementarlo y disminuir en otras áreas de menor impacto social directo.

Lo feo. El lastre de la deuda con el que carga el Gobierno, si bien esta deuda se perpetró durante la administración de Humberto Moreira, y el gobierno de Rubén Moreira no fue capaz de mejorar la situación financiera del Estado, este es un reto que la actual Administración tiene y que a como dé lugar debe enfrentar, teniendo como principal objetivo obtener mayor liquidez para inversión pero con la desventaja de tener que patear el bote y alargar el problema.

Es por eso que la oposición presentó una propuesta que permitiría reorganizar el gasto público para priorizar en las áreas más sensibles y hacer un esfuerzo por abonar cantidades significativas al capital de la deuda. El excedente de las aportaciones federales de este año nos abre la puerta para comenzar a sanear las finanzas del Estado a través de un ejercicio ordenado de asignación de recursos al capital de esta deuda, ejercicio paralelo a los pagos anuales ya proyectados. Esto ayudaría al Ejecutivo estatal, ya que reduciría el monto de las anualidades presupuestadas, lo que se traduce en liquidez.

De lograr un acuerdo en el tema de la deuda o en la reasignación de algunos recursos, podríamos hablar de un gran logro tanto del Poder Ejecutivo como del Legislativo, que repercutiría de manera positiva en el ánimo de los coahuilenses, dejando un precedente de diálogo y concertación interpartidista. Sin embargo, lo más importante de todo, es la posibilidad histórica del actual Gobierno, de demostrar que es diferente y desmarcarse por completo de la oscura era que significó y representó el Moreirato en Coahuila.
26 Diciembre 2018 04:03:00
Todo es un montaje del artista
Tratado de la infidelidad es una colección de nueve cuentos narrados con acidez y con dosis de humor negro que Julián Herbert y León Plascencia Ñol nos entregan en tres partes, donde la fidelidad resulta imposible: Rastros en el Sendero, Serie B, y Casi Una Novela.

Aquí el adulterio, el sentimiento de atracción por el otro, y la promiscuidad no se juzgan, suceden sin más.

En Rastros en el Sendero encontramos postales íntimas de Lisboa, de mujeres que construyen bloques de silencio o escuchan canciones tristes de Raquel Peters, mujeres pelirrojas y de piel seca o empeines rajados, y hombres que deciden morir dentro de ellas, o matarlas. “Hay que matar para seguir existiendo”.

En la segunda parte, Serie B, encontramos cuentos inquietantes y desafiantes protagonizados por una horda de locos.

Casi una novela nos coloca frente a un Seúl de noche, de putas y pasillos blancos y un Tokyo autómata y desmesurado fotografiado por Fuzzaro. Este protagonista común de las tres historias nos hace espectadores voluntarios de su busqueda de redención a través del sexo: “El sexo es la perfección”, de su bailarina de butoh , de su enfermedad y sus recuerdos inecesarios.

Cada relato tiene un punto de vista distinto, aunque siempre con un dejo de melancolía impregnado de humor e ironía.

Los tratadistas de esta obra que obtuvo el Premio Nacional de Cuento Agustín Yáñez en 2008, buscan provocar las buenas conciencias: se valen de los bajos instintos, de los performances relacionados con las sogas, el masoquismo, el dolor, del sexo crudo y cocido, de lolitas de rostros inocentes y brevísimas faldas, y de la fragilidad de los deseos.

Frente a nuestros ojos se despliega una galería de estampas turbadoras, de situaciones y diálogos protagonizadas por personajes masculinos sórdidos y extraños; personajes bebiendo Carta Blanca y masticando semillas de calabaza ofendidos porque la pantalla de estadio les muestra rostros, pechos y traseros femeninos mientras sueltan comentarios grotescos; guitar heroes, ailurofilos y otros aparentemente normales desesperados por una porción de felicidad infinita, por una emoción física que no acabe enseguida.

Sexo, pasión, infidelidad o enfermedad son los temas principales de este libro donde la narración fluye gracias a una escritura precisa y ágil, como una geisha que pasa presurosa frente al jardín.

Tip para el lector:

Si uno comete la imprudencia de preguntarle a Julián Herbert cómo fue que él y León Plascencia Ñol trabajaron el libro, en lugar de formular una buena pregunta sobre la dualidad que existe en los personajes del libro, y la dualidad con la que se escribió, la respuesta que obtendrán será: “Es un secreto”. Pero no hay paradoja. No hay secreto. Al final, todo es un montaje del artista.
24 Diciembre 2018 04:09:00
AMLO: simbolismo político
A partir de las decisiones que en estos meses ha tomado López Obrador se puede inferir que estas son guiadas más por la ganancia político (y eventualmente electoral), que por una racionalidad económico-financiera. Es justo lo que muchos llaman populismo financiero; medidas que reditúan política y electoralmente pese al elevado costo económico o fondeo insano. AMLO es muy bueno en el manejo de símbolos políticos, que le atraen simpatías, apoyos y hasta una devoción cuasi-religiosa (lo ven cómo se transfigura). Es el caso, por ejemplo, de haber renunciado a Los Pinos como residencia presidencial, y convertirla en un museo. Es un gesto equiparable al de uno de los íconos históricos de López Obrador: Lázaro Cárdenas. La imagen imperial de monarcas y presidentes era el Castillo de Chapultepec. Cárdenas quiso mostrar su cercanía con los menos privilegiados cambiando la residencia presidencial a Los Pinos, dejando el Castillo como museo. Ahora lo evoca AMLO.

Otro gran símbolo político es deshacerse del avión presidencial. Podría hacerse de una nave más austera, menos ostentosa, pero el simbolismo que busca perdería su fuerza; al gran público le gusta verlo hacer fila y esperar, como cualquier ciudadano, su turno, así eso implique retrasos y riesgos para él y demás pasajeros. Y también habrá un costo económico, pues se seguirá pagando la renta del avión así como su mantenimiento en Los Ángeles, mientras se deteriora. No importa, es rentable políticamente.

Decidir que su seguridad dependa más del pueblo, que lo cuida, y estar en estrecho contacto con él, así como tomar café en Oxxo, no genera costos económicos (sino algún ahorro), pero sí implica riesgos de seguridad, no sólo para AMLO, sino para todo el país pues es jefe de Estado. No le hace, trae beneficio político. Y la austeridad republicana podría generar ineficacia gubernamental e injusticias, dado que el recorte se hace con hacha, no con bisturí. En el CIDE y otras instituciones ha afectado no sólo a profesores, sino incluso a personal secretarial y de intendencia, los que se supone se verían beneficiados. No le hace; la austeridad es aplaudida por las masas (salvo quizá por quienes, habiendo votado por AMLO, pierdan ahora como recompensa parte de su salario, prestaciones o su trabajo).

Eso, para no hablar del aeropuerto de Texcoco. La decisión de cancelarlo nada tuvo que ver con una racionalidad económica, pues saldrá más caro cancelarlo que terminarlo. E irá a dar al basurero. Y todo ello sin considerar los costos indirectos en confianza y credibilidad. No importa, era más relevante enviar el mensaje de que no es florero, que él manda aquí, para la algarabía de sus seguidores. Y es políticamente correcto afirmar que un país de tercer mundo no tiene por qué tener un aeropuerto de primer mundo. Primero los pobres (aunque se pierdan recursos que podrían ir a los programas sociales). Muchos insisten en conminarlo a que se retracte en este tema. No lo hará, pues es más importante la ganancia política que el costo económico, directo e indirecto. Y no se diga con el Tren Maya, un proyecto que no parece viable económicamente, pero se presenta como detonador del desarrollo del sureste. Y paga más políticamente hacer ceremonias metafísicas que hacer proyectos de viabilidad ecológica, turística o económica.

En cambio, no pasó un día sin que se corrigiera el recorte planeado a las grandes universidades públicas. La idea era quitarles algo de ese presupuesto para las 100 universidades Benito Juárez. No hubo error, sino rectificación. Y eso, porque el costo político que pudo generarle sería enorme; miles de estudiantes que votaron mayoritariamente por él movilizados en las calles, no es precisamente la imagen de un presidente progresista y sensible a las demandas populares. Mejor evitar ese costo político que preservar los pocos recursos que de cualquier manera iba a economizar. El simbolismo político será pues el eje de este Gobierno, a casi cualquier costo económico o administrativo.
28 Octubre 2018 04:00:00
Prohibición de efectivo en ventas de inmuebles
Es un gusto saludarles nuevamente por este medio, recuerden que este espacio busca crear una cercanía entre un servidor y ustedes lectores, para con ello disipar las dudas que amablemente nos hacen llegar; esta ocasión nos escribe un amigo que no nos proporciona su nombre, lo siguiente:

“Señor Notario, tengo una casita en venta y ya una persona anda interesada en comprarla, ya me pidió documentación de la propiedad y también mía, pero la cosa es que él me está pidiendo para el notario que yo tenga una cuenta de banco para depositarme el dinero, y la verdad es que yo no tengo cuenta de banco. Yo no quiero abrir la cuenta, pues voy a usar el dinero para repartir a mis hijos y se ayuden un poco”.

Amigo, efectivamente para el uso de efectivo en la compraventa de inmuebles existen límites, dicho límite se establece en el artículo 32 fracción I de la Ley Federal para la Prevención e Identificación de Operaciones con Recursos de Procedencia Ilícita y que a la letra dice:

“Artículo 32. Queda prohibido dar cumplimiento a obligaciones y, en general, liquidar o pagar, así como aceptar la liquidación o el pago, de actos u operaciones mediante el uso de monedas y billetes, en moneda nacional o divisas y metales preciosos, en los supuestos siguientes:

I. Constitución o transmisión de derechos reales sobre bienes inmuebles por un valor igual o superior al equivalente a ocho mil veinticinco veces el salario mínimo vigente en el Distrito Federal, al día en que se realice el pago o se cumpla la obligación…”

De acuerdo a esta disposición, todas las transmisiones de propiedad de bienes inmuebles a título oneroso podrán ser cubiertas en efectivo hasta por ese límite, y en caso de que la operación sea mayor, la diferencia deberá de cubrirse por medio de cheque o transferencia bancaria.

La Ley Federal para la Prevención e Identificación de Operaciones con Recursos de Procedencia Ilícita o también conocida como Ley Antilavado, establece un límite, y es clara al decir que se prohíbe el uso de efectivo por más de ocho mil veinticinco veces el salario mínimo vigente en el Distrito Federal.

Este umbral se puede consultar en el sistema del portal en internet “SPPLD”, establece que el límite para usar efectivo en una operación traslativa de dominio, es la cantidad de $646,815.00.

Aunque desconozco si la operación sobrepasa el umbral del que hemos hablado, le aclaró que de ser así, la diferencia de la operación habrá de realizarse por medio de cheque o transferencia bancaria.

Mi recomendación es que Usted acuda al banco de su preferencia y aperture una cuenta, para en ella recibir una transferencia electrónica por parte del vendedor, o bien sea depositado el cheque con el que hayan de pagarle.

Vivimos tiempos distintos y nuestras legislaciones son muy cambiantes, ahora es más fácil el acceso a un banco y además que sus hijos seguramente tendrán a su vez cuentas bancarias, aproveche la formalidad con la que ahora se hacen las operaciones inmobiliarias.

Agradezco la oportunidad que me dan para aclarar sus dudas y me reitero a sus apreciables órdenes, ¡enhorabuena amigos!


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