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María del Carmen Maqueo Garza
María del Carmen Maqueo Garza
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Coahuilense, médico pediatra, apasionada de la palabra escrita. Desde 1975 ha sido columnista en diversos periódicos regionales. Bloguera a partir del 2010. Participa activamente en el Taller literario “Palabras al viento”. Tiene varios libros publicados. Inquieta por la problemática social, en particular la relativa a nuestros niños y jóvenes. Sus colaboraciones invitan a asumir que la resolución de esos problemas es tarea común para todos. Su blog: https://contraluzcoah.blogspot.com/

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21 Julio 2019 04:00:00
Frente al tiempo
Hay fechas que nos marcan. En lo personal una de ellas es la del 20 de julio de 1969, cuando el hombre pisó por vez primera la luna.

Medio siglo ha transcurrido de esa transmisión de la NASA que vi con mis padres, a través de un televisor blanco y negro. Al mediodía seguíamos con atención las maniobras del Apolo 11. Tras varias horas sobre la superficie lunar, se abría la compuerta de la cápsula, de la cual vimos descender a Neil Armstrong y Edwin Aldrin.

A este viaje se siguieron algunos otros tripulados, para luego descontinuarlos y enfocar los afanes de la transportación espacial en otro sentido. La tecnología se diversifica de modos inimaginables, y aquel vetusto televisor a través del cual atestigüé la maravilla de Armstrong y Aldrin, hoy es pieza de museo.

Viene entonces la pregunta incómoda: nosotros como seres humanos, ¿estamos avanzando a la velocidad con que lo hace la tecnología? O acaso sucede, de forma paradójica, que vamos en un retroceso en lo que a humanismo se refiere. A ratos se antoja imaginar que tenían más peso específico los debates de los ateneístas de la antigua Grecia, que los contenidos de las redes sociales, hacia las cuales desarrollamos una adicción de mayor o menor envergadura, pero adicción al fin. 

Tal parece que en ese pretender estar informado y comunicado con el resto de la humanidad, terminamos extraviándonos a nosotros mismos, hasta un punto en el cual dejamos de identificarnos como individuos separados del resto de los humanos. Como si nos diluyéramos, incapaces de defender un argumento personal, concretándonos a participar a la sombra de los líderes, lanzando piedras desde lo oscurito.

En ese movimiento (casi un tic) de revisar la pantalla de nuestro aparato digital, ¿ganamos algo concreto o solamente perdemos el tiempo? Tal vez solo nos sacudimos la sensación de soledad que tanto nos atemoriza, o quizás actuemos el papel de persona interesante dentro de este mundo, en el que, según se ve, lo que cuenta es la imagen, la apariencia, la coraza, la envoltura, y no tanto el contenido real. En donde salir bien en la foto es lo más importante para trascender.

Como un examen de conciencia riguroso, vale la pena evaluar qué hicimos durante ese cúmulo de horas que la vida nos regaló desde que despertamos. Qué aprendimos, de qué manera nos enriquecimos. Y de igual modo, qué aportamos a otros, con nuestro tiempo, con nuestro entusiasmo, con actos de bondad tangibles, de esos que no se anuncian, porque en anunciarse pierden su valor.
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