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Javier Villarreal Lozano
Javier Villarreal Lozano
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01 Septiembre 2019 03:50:00
Pejeblindaje
Ramón, 50 años, cabello estilo militar, zigzaguea con su taxi en medio del endiablado tráfico de viernes de la Ciudad de México, rumbo al aeropuerto. Conduce seguro mientras somete al interrogatorio de rigor al pasajero. Después de averiguar procedencia y destino de este, suelta la pregunta a bocajarro: “¿Usted qué opina del Peje?” Así, “El Peje”, no el presidente ni López Obrador.

Tras escuchar la ambigua respuesta del pasajero, carente de interés en iniciar una discusión, Ramón afirma contundente: “Yo estoy de acuerdo con todo lo que hace, menos con la suspensión del aeropuerto de Texcoco”. Seguramente para no parecer antichairo, explica que vive en Ecatepec, una de las zonas más violentas, y la suspensión de la terminal aérea en Texcoco frenó proyectos beneficiosos para ese lugar, como nuevas vías rápidas.

Además, argumenta, el aeropuerto y sus millares de usuarios obligarían a las autoridades a estrechar la vigilancia en el sector, azotado por la delincuencia. Espera, incluso, que El Peje recapacite al respecto: “Con tantos problemas y amparos, un día de estos anunciará que deja en manos de la iniciativa privada la construcción”.

“Pero, ¿lo de las estancias infantiles?”, se atreve a opinar el pasajero. “Eso estuvo muy bien”, asegura categórico Ramón, quien dice conocer a una vecina que se hizo rica “inflando” el número de niños inscritos en su guardería. “Era pura corrupción”.

Ramón y sus puntos de vista explican de alguna manera la razón por la que el presidente Andrés Manuel López Obrador conserva el apoyo del 71% de los mexicanos, según encuesta dada a conocer por una empresa a la cual es imposible tildar de lopezobradorista.

El Peje es un fenómeno. La comentocracia -y me incluyo- esperaba ver desplomarse su astronómico porcentaje de aprobación debido a diferentes causas: aumento de la violencia y exhibición cada vez más ostentosa de las terroríficas prácticas del crimen organizado, estancamiento de la economía, pérdida en el renglón del empleo, debilidad del peso y parálisis de dos de las tres obras magnas anunciadas con bombo y platillos: Santa Lucía y el Tren Maya.

Sin embargo, estos datos duros, capaces de socavar la popularidad de cualquier jefe de gobierno, no le afectan. Y hay millones de ramones en este país a quienes los indudables negativos de la gestión administrativa parecen no importarles. Su cariño y admiración por El Peje se ocupan de construir a su alrededor un blindaje impenetrable.

¿Dónde está el misterio? Posiblemente, una de las razones sea el hartazgo de los mexicanos cultivado a lo largo de varios sexenios significados por la ineptitud, la frivolidad y, sobre todo, la corrupción. Ni sus más virulentos críticos se atreven a dudar de la honestidad de López Obrador, la cual presume un día sí y otro también.

Está, además y sin duda, el carisma. Su capacidad de acercarse y conectar con la gente por medio de lenguaje salpicado de frases populares. Habría que agregar el enfrentamiento clasista con algunos poderosos, a quienes ciudadanos de pocos y medianos recursos culpan de todos los males que aquejan al país.

Contra los políticos carismáticos no hay datos duros capaces de abollarles el blindaje. Hay ejemplos históricos. Sin afán de establecer comparaciones, Antonio López de Santa Anna, considerado el peor mandatario habido en el país, fue llamado 11 veces a ocupar la Presidencia de la República tanto por liberales como por conservadores. El carisma, señores, el carisma.
27 Septiembre 2020 04:00:00
Hay de Benitos a Benitos
Estoy seguro de que, de haber vivido para saberlo, don Benito Juárez no se hubiera sentido satisfecho –seguramente se hubiera indignado– al saber que el padre de Mussolini decidiera rendirle un cuestionable homenaje cuando decidió llamar Benito a su hijo. ¡Vaya tocayito que le asestó al Benemérito de las Américas!

El tal Benito, el italiano, fue, como es bien sabido, un asqueroso fascista, culpable de la muerte de miles de sus compatriotas, perseguidor implacable de quienes no pensaban como él y que, en su locura de soñar con la restauración del Imperio Romano, metió a su país en la Segunda Guerra Mundial hasta dejarlo prácticamente en ruinas.

Amigo y cómplice de Hitler, Mussolini murió a manos de un grupo de sus enardecidos compatriotas. Lo colgaron de los pies junto a su amante Clara Petacci. El dramático final puso fin a una era de terror, cuyo único fruto rescatable fue, a posteriori, cinematográfico: el revolucionario neorrealismo italiano, al cual debemos verdaderas joyas como Roma, ciudad abierta, Ladrón de bicicletas y un par de decenas más.

El neorrealismo italiano se ocupó de retratar crudamente la terrible situación de Italia al término de la Segunda Guerra Mundial, y constituye una condena al fascismo mussoliniano. Epitafio en celuloide de una época digna de estar, como está, en el basurero de la historia.

En otro de sus patinazos mentales –este de repercusión internacional– López Obrador se refirió en la reunión virtual de la Organización de las Naciones Unidas a don Benito Juárez, uno de sus héroes y supuesto modelo, recordando la malhadada ocurrencia del padre de Benito Mussolini de darle ese nombre por su admiración al presidente mexicano.

Aquello fue como gritar “¡Viva Hitler!” en una sinagoga o mentar la soga en la casa del ahorcado, pues las atrocidades de Hitler y Mussolini fueron precisamente los principales motivos para la fundación de la ONU.

Es difícil entender qué llevó a López Obrador a hacer tan desafortunada referencia en la conferencia virtual de la ONU. Me atrevo a pensar que obsesionado por la popularidad, quiso demostrar ante las naciones del mundo la alcanzada por Juárez, que tuvo incluso repercusiones en Italia. No encuentro ni me es posible imaginar otra explicación de ese bochornoso espectáculo mundial.


Letras sueltas

Como le gusta organizar rifas, AMLO pudiera rifar la presidencia de Morena. Para empezar ya tiene asegurados a más de 100 compradores de billetes.
24 Septiembre 2020 04:03:00
La risa del Presidente
Al proyectarse la portada del periódico Reforma, donde se hacía un recuento de las masacres habidas en el país, desmintiendo la reciente afirmación del presidente Andrés Manuel López Obrador de que ya no las había, ocurrió algo inusitado. Al voltear a ver la proyección en la conferencia mañanera del viernes pasado, el Presidente rio. No fue una sonrisa. Fue una risa franca, inocultable, con vocación de carcajada, que algunos analistas calificaron de burlona y otros de sarcástica.

Llovieron las críticas que inundaron las redes sociales y los espacios periodísticos: mientras cientos de familias lloran a sus muertos, el Presidente ríe. Fue esta la interpretación más frecuente del incomprensible gesto de alegría del inquilino del Palacio Nacional.

En lo personal, no creo que AMLO se haya reído de las masacres ni de las pilas de muertos dejados por las matanzas en buena parte de la geografía del país. Sería la reacción de un loco. Más, tratándose de un político. López Obrador no se rio de los muertos. Fue algo, si no peor, sí más preocupante: reveló la forma como le funciona el cerebro y la manera en que se han adueñado de este sus obsesiones.

El Presidente no piensa, reacciona casi instintivamente. Sus respuestas no son en ciertas ocasiones racionales. Constituyen respuestas automáticas ajenas al raciocinio. Casi físicas, comparables a la rana de Alessandro Volta (1745-1827), quien produjo el movimiento de la pata de un batracio muerto al aplicarle una descarga eléctrica, o a los perros de Iván Pavlov.  Este científico acostumbró a varios perros a disponer de comida después de tocar una campana. Cuando los animales acabaron asociando campana-alimento, Pavlov la hacía sonar sin ofrecerles comida, pero los perros empezaban automáticamente a salivar con apetito.

De cuando en cuando, todos experimentamos reacciones parecidas a los perros de Pavlov. Al conducir un automóvil, cuando escuchamos un claxon, venga al caso o no, reaccionamos de inmediato, dispuestos a maniobrar a fin de evitar un posible accidente.   

Veamos el contexto de la incomprensible risa presidencial. Esto ocurrió cuando el tabasqueño comentaba el desplegado en defensa de la libertad de expresión firmado por 650 escritores, artistas, editorialistas e historiadores. Seguro de que Reforma había destacado la noticia del desplegado, se hizo la proyección del portal del periódico. No se veía ahí referencia alguna al texto de los 650. La noticia principal era un recuento de las masacres habidas recientemente en México.

Al leer el encabezado, López Obrador seguramente no pensó en las consecuencias de estas masacres y el número de víctimas de las mismas, sino en su certeza de que el periódico lo criticaría. Acertó. Y así, sin tomar en cuenta el contenido de la crítica, se rio festejando su perspicacia. El resultado fue desastroso.

No se rio de los muertos. Su risa fue de satisfacción al ver comprobada la hipótesis que había construido en su cerebro: Reforma se dedica a criticarme y seguramente lo hizo hoy, cuando tiene 650 firmas para avalar sus señalamientos. La risa de autocelebración, si se le puede llamar de esa manera, no pasaría de ser una anécdota si no desnudara el egocentrismo presidencial, el cual, llevado a extremos, entraña graves peligros cuando se trata de un jefe de Estado que no piensa más que en el yo, ese yo que construye barreras a la interlocución y le evita pensar en los 130 millones de mexicanos. ¡Cuidado!
20 Septiembre 2020 04:00:00
Esto tiene que parar
En la residencia de los potentados romanos no faltaba un salón hasta cuyo nombre resulta repulsivo: vomitorio. En ese lugar, los aristócratas romanos acudían a devolver el estómago, provocándose el vómito a fin de poder seguir disfrutando el banquete. La versión moderna de ese sitio son, muchas veces, las redes sociales.

Facebook, Twitter y demás plataformas de las redes sirven actualmente como vomitorios de numerosas personas, algunas de ellas, en ocasiones la mayoría, escudadas en el anonimato. Allí vomitan rencores, aborrecimientos, envidias, difamaciones y toda clase de productos repugnantes de sus mentes retorcidas. Naturalmente, la revoltura de tales inmundicias revuelve el estómago de quienes no son adictos a la contemplación de porquerías.

Debido al maniqueísmo alentado en los discursos políticos, la división de las facciones se ha convertido en odio. Quienes no piensan o no están de acuerdo con el Presidente y lo externan en alguna forma, son conscientes de que recibirán un baño de lodo, acusaciones e injurias de parte de los adictos al lopezobradorismo.

Por desgracia, la ferocidad de los denominados “chairos” es contagiosa, y ahora algunos que no consideran correctas las políticas y acciones de la 4T, caen en los mismos excesos. La prueba más reciente ha sido la campaña de burlas y memes enderezada contra la doctora Beatriz Gutiérrez Müller, esposa del presidente Andrés Manuel López Obrador, a propósito del vestido que llevaba la noche de la ceremonia del Grito de la Independencia.

Decenas de usuarios de las redes compararon el atuendo de la señora Gutiérrez Müller –crema en el torso que va subiendo de color hacia la falda hasta volverse casi café– con un flan o un chocoflán, apodo malintencionado aplicado a su hijo, quien se tiñó de rubio el cabello.

Un chef de nombre Daniel Ovadia Chertorivsky gozó de una popularidad efímera con un tuit, el cual encabezó con la frase: “Señora Beatriz. Perdón, pero se puso de a pechito!”, dedicando el resto de su texto al atuendo de la doctora Gutiérrez Müller. ¡Y luego nos quejamos de que el Presidente intenta distraernos de asuntos importantes con frivolidades!

Los defensores de AMLO respondieron al chef, recordando que hace años, quizá gracias a influencias familiares, obtuvo una beca del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. La reacción a la evidente estupidez de Daniel Ovadia me recordó un libro de Renato Leduc donde cuenta cómo su padre, que era periodista, fue a dar a la cárcel por publicar una crítica al sombrero utilizado por Carmelita Rubio, esposa de don Porfirio Díaz.

Con más de 70 mil muertos por la pandemia, la economía hecha pedazos, las amenazas de Trump y el crimen desbocado, nos andamos peleando por si el color o el corte del vestido de una señora nos gustan o nos disgustan. Más seriedad, por favor.



Generalizaciones

Debido a la pésima costumbre del Presidente de generalizar cuando trata de acusar a sus supuestos enemigos, al responder a los 650 firmantes del desplegado “Esto tiene que parar”, lanzó acusaciones de conservadurismo y de tratos indebidos con pasados gobiernos contra numerosos intelectuales, historiadores y escritores, a los que debe respeto. Espigando en la larguísima lista, me saltan los nombres de Jean Meyer, Adolfo Castañón y Vicente Quirarte, por citar solo a tres. Un exceso inadmisible y una falta de reconocimiento a hombres que han hecho tanto por México. No se vale, señor Presidente. No se vale.

17 Septiembre 2020 04:00:00
¿Qué le vamos a hacer?
El suceso se balancea entre la historia y la anécdota. Entre la verdad y la leyenda, pero no tiene desperdicio. Año de 1909. Enrique C. Creel, gobernador de Chihuahua, da la bienvenida al presidente Porfirio Díaz en la estación de ferrocarriles. El Mandatario recibió los honores de ordenanza, incluyendo 21 cañonazos y el aplauso eufórico de los chihuahuenses.

La visita duró dos días. Entre otras cosas, Díaz fue a la presa Chuvíscar y asistió a una fiesta popular. Al terminar esta y después de recibir no una lluvia sino un chubasco de confeti, se trasladó al Palacio de Gobierno para saludar a las autoridades de los tres niveles. Se dice que al terminar esta ceremonia protocolaria, en la plaza, frente al Palacio, empezó a escucharse un murmullo que fue aumentando de volumen poco a poco. Entonces, Creel ordenó a uno de sus ayudantes se asomara a la ventana para ver qué sucedía.

–La plaza está llena, señor Gobernador, y lo que se oye son vivas a don Porfirio. El pueblo desea saludarlo.

El Gobernador comunicó al Presidente lo que ocurría y le sugirió que saliera, así fuera por unos momentos, al balcón central del Palacio a saludar a la entusiasmada multitud. Así lo hizo el héroe del 2 de abril. Salió al balcón y desde allí, haciendo ademanes con ambas manos, saludó a la gente, que no cesaba de gritar y lanzarle vivas. Esto duró varios minutos.

Finalmente, el Presidente se despidió alzando y moviendo la mano derecha, y entró de nuevo al salón de recepciones del Palacio. En un aparte, casi en tono de reclamo, pensando que todo aquello no era sino algo organizado por el Gobernador, sostuvieron una rápida conversación.

–¿Satisfecho, señor Presidente?– preguntó Creel.

–Por supuesto, señor Gobernador, pero entre la gente que llenaba la plaza no vi al pueblo.

Creel hubo de hacer malabares lingüísticos para hacer entender al dictador que ese era el pueblo de Chihuahua, y que no esperara, como en algunos estados del sur, ver indios de huaraches y calzón blanco de manta. Que el pueblo de Chihuahua no era, de ninguna manera, mejor al de su natal Oaxaca, pero sí diferente en aspecto físico y vestimenta.

La anécdota adquiere vigencia con las recientes declaraciones de López Obrador en una de sus mañaneras. A propósito del conflicto del agua de la presa La Boquilla, el inquilino de Palacio aseguró que el movimiento –el cual ya costó la vida de una mujer– es provocado por “líderes con camionetas de lujo, cinto piteado, sombrero tejano y camisa de marca”. Así los vio, seguramente, por televisión, y cayó en el mismo error de don Porfirio: pensar que hay un solo México y que el pueblo bueno no usa tejana ni cinto piteado.

El pueblo bueno lleva otro tipo de ropa: huaraches, sombrero de palma, y cuando lo recibe en cualquier sitio le cuelga flores al cuello, mientras chamanes cargados de plumas lo sahúman usando copal. Quienes no visten ni actúan así, no son pueblo bueno. Los delata hasta el color de la piel.

Ciento once años después se repite la anécdota –no sé si cierta o inventada– de la visita de don Porfirio a Chihuahua y su saludo desde el balcón central del Palacio de Gobierno, desde donde el dictador se extrañó por no ver al pueblo.

Recordemos la frase final del personaje principal, Ixca Cienfuegos, de la novela La Región Más Transparente, de Carlos Fuentes, refiriéndose a México: “Ni modo, aquí nos tocó, qué le vamos a hacer”. ¿Qué le vamos a hacer, si la testaruda historia tiene el capricho de repetirse un siglo después?
13 Septiembre 2020 04:03:00
Ven la tempestad
Si existe una profesión u ocupación desagradable, es la de ser profeta del Apocalipsis. Eso de andar por allí augurando males no agrada a casi nadie, excepto a la nutrida tribu de los pesimistas sin remedio. Sin embargo, cerrar los ojos ante la realidad y negarse a ver las señales indicadoras de que las cosas no van bien y pudieran, eventualmente, empeorar hasta volverse inmanejables, tampoco es sano. Hacer esto equivale a crear ilusorios paraísos artificiales, a no sacar el paraguas cuando negros nubarrones ensombrecen la totalidad del cielo y el retumbar de los rayos hace vibrar los cristales de la ventana.

“Ves la tempestad y no te hincas”. Esta advertencia, tan común en tiempos ya idos, adquiere pertinencia en la actualidad, cuando empiezan a multiplicarse señales muy inquietantes de lo que puede deparar el futuro a este atribulado país. Y lo peor de todo es que el Gobierno federal parece no ver la tempestad y tampoco muestra intenciones de hincarse, a pesar de haber comprobado ya la ineficacia de la imagen del “detente” exhibida por el presidente López Obrador para frenar la pandemia del coronavirus.

De nada sirvió tampoco el nombramiento de vocero a Hugo López-Gatell, quien de resbalón en resbalón pasó de ser el “Zar del Covid-19” a un triste contador de la galopante cifra de muertos e infectados. Nada más.

Las señales ominosas sobran. En Chihuahua, miles de campesinos enfrentan a la Guardia Nacional encargada de custodiar una presa. El resultado final del enfrentamiento es una pareja asesinada, presuntamente por miembros de la propia Guardia Nacional. Como de costumbre, el Presidente culpó al conservadurismo y a politiquerías electorales de lo ocurrido.

Pero esta vez el Gobernador de Chihuahua no se quedó callado. Haciendo uso de las redes sociales, por serle imposible, dijo, comunicarse con él por teléfono o a través de señales de humo, negó veracidad a la versión del Presidente, y sin llamarlo mentiroso, dijo eufemísticamente que estaba “mal informado”.

Mientras tanto, la ocupación de la sede de la Comisión Nacional de Derechos Humanos en la Ciudad de México, por madres de familia hartas de la ineficacia del organismo y de su presidenta, empieza a convertirse en epidemia. Grupos descontentos tomaron la Comisión en el Estado de México y en el de Morelos.

Los yaquis bloquean vías de comunicación en Sonora, y en Tiripitío, Michoacán, policías municipales normalistas atacan a policías municipales que intentaban evitar un bloqueo. El saldo: 11 policías heridos, dos de ellos de gravedad.

Invade al país una peligrosa atmósfera de crispación. Como nunca, los representantes de la ley, llámense Guardia Nacional o policías municipales, han perdido el respeto de los ciudadanos. Ya ni siquiera los temen. Les hacen frente y ocurren con mayor frecuencia zafarranchos que dejan un rastro de sangre.

La situación no deja resquicios al optimismo. Periódicos, radiodifusoras, noticiarios de televisión y redes sociales son un compendio de noticias desalentadoras. A todo ello, López Obrador responde con ataques a los medios de comunicación críticos –“pasquín inmundo”, llamó el viernes al periódico Reforma– o bien al anunciar la autocompra de millones de pesos en cachitos de la fracasada rifa del avión, que no es avión. Es preciso repetirlo: “Ven la tempestad y no se hincan”.

Letras sueltas

En el afán de ver enemigos en todas partes, los lopezobradoristas ya califican de bloque opositor a la Alianza Federalista, lo cual huele a paranoia.
10 Septiembre 2020 04:03:00
Lo que mal empieza…
En el más puro estilo personal de hablar, el presidente Andrés Manuel López Obrador acudió a las generalizaciones a la hora de salir en defensa de la presidenta de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, Rosario Piedra Ibarra, cuyas oficinas del centro de la Ciudad de México cumplen casi una semana de estar en poder de un grupo de manifestantes. Luego de reprobar los actos vandálicos cometidos en las oficinas de la CNDH, el tabasqueño afirmó:

“No es una académica (Piedra Ibarra), ni una conservadora, es familiar de una víctima, (lo que) nunca antes había pasado. Antes los que estaban eran puros simuladores, entonces no hay justificación, ¿por qué no dialogar con ella?”.

Hagamos un poco de historia. La actual presidenta de la Comisión es, como se sabe, hija de Rosario Ibarra de Piedra, quien dedicó buena parte de su vida exigiendo se esclareciera la desaparición de su hijo detenido en Monterrey en 1974, del que no volvió a saberse nada. Estos hechos, lamentables, desde cualquier punto de vista, convencieron al Presidente de que su hija era la persona idónea para encabezar la Comisión.

La obsecuente Cámara de Diputados amañó la elección de la candidata oficial, con un desaseo que en su momento fue duramente criticado por medios informativos y especialistas en Derecho.

Con tales antecedentes, cabe preguntar al señor Presidente: ¿quiénes son los que ocupan las oficinas de la CNDH y por qué decidieron hacer lo que hacen? La respuesta es obvia: son familiares -muchas de ellas madres- de víctimas de delitos cuyos autores gozan de impunidad. En otras palabras, son versión actual y multiplicada de doña Rosario Ibarra de Piedra, reclamando se haga justicia y desesperadas por la incompetencia de la presidenta de la Comisión.  

En otra parte de su discurso, al salir en defensa de Piedra Ibarra, el inquilino de Palacio Nacional se llevó entre las espuelas a honorables mexicanos, uno de los cuales, el doctor Jorge Carpizo McGregor (1944-2012), fue el fundador del organismo defensor de los derechos humanos. Llamar “simulador” al doctor Carpizo es imperdonable. Solo puede explicarse por la ignorancia de quien emite un juicio de esa naturaleza.

El doctor Jorge Carpizo McGregor llegó a la presidencia de la Comisión tras un brillante desempeño académico, que lo impulsó desde la dirección del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Nacional Autónoma de México hasta la rectoría de esa casa de estudios. Posteriormente ocupó la Procuraduría General de Justicia y la Secretaría de Gobernación.

Considerado como uno de los más destacados constitucionalistas que haya habido en México, fue autor de varios libros, entre ellos El Presidencialismo Mexicano, un clásico que conserva vigencia a pesar del tiempo transcurrido desde su primera edición. En él habla de los poderes metaconstitucionales del presidencialismo mexicano, que hoy se han vuelto pan nuestro de cada día. Llamarlo “sumiso” es una falta de respeto inadmisible a la memoria de un intelectual que tanto aportó a México.

Alianza federalista

La sordera de las autoridades federales y el desdén con que tratan a muchas entidades de la República, hacían previsible el abandono de 10 mandatarios estatales de la Conago, un organismo inoperante. El desacuerdo de los miembros de la Alianza Federalista, entre ellos el gobernador Miguel Ángel Riquelme, tiene un importante valor simbólico de dignidad.
06 Septiembre 2020 04:00:00
Epidemia de nostalgia
Entre los muchos efectos sicológicos provocados por el coronavirus, seguramente el estrés y la angustia ocupan uno de los primeros lugares, especialmente entre aquellos a los que la pandemia dejó sin trabajo o ven reducidos drásticamente sus ingresos, en el caso de que aún conserven alguno. Sin olvidar, por supuesto, a los que el contagio afecta a alguien cercano o han perdido parientes y amigos a causa del maldito bicho.

Otros, cuya subsistencia cotidiana no ha sufrido quebrantos económicos mayores y se ven precisados a quedarse en casa o permanecer en ella más tiempo de lo acostumbrado, están siendo atacados por una epidemia de nostalgia. Abundan los casos, tanto en las redes sociales como en los periódicos. Hay un impulso de volver los ojos al ayer, quizá debido a lo difícil del presente o a lo incierto del futuro. Con ello avalan las palabras de Jorge Manrique en las coplas a la muerte de su padre: “cuán presto se va el placer/ cómo después de acordado da dolor,/ cómo a nuestro parecer/ cualquier tiempo pasado fue mejor”.

No hay tal. Nuestros abuelos pensaban lo mismo que nosotros, pareciéndoles haber sido mejor su pasado que su presente. José Ortega y Gasset, si no me equivoco, explica las razones por las cuales el pasado, como diría Manrique, fue mejor. Apunta el escritor que los recuerdos liman o borran las aristas molestas o dolorosas del presente. Para decirlo de otra manera: al recordar, aislamos los pensamientos sin las circunstancias incómodas o hasta punzantes en que ocurrieron.

Por ejemplo: si pensamos en un bello momento al lado de una mujer amada en nuestra juventud, lo hacemos despojándolo de circunstancias que en ese momento nos incomodaban o preocupaban: quizá la falta de dinero para invitarla a cierto lugar, o el difícil examen que presentaríamos al día siguiente en la escuela. 

Esto lo entendía a la perfección una querida tía de este escribidor, cuyo melindroso marido se quejó un día que el arroz que ella cocinaba no era tan bueno como el que hacía la madre del quejoso. Enojada por la crítica, mi tía le respondió: “Te sabría igual o hasta mejor que el de tu mamá si volvieras a tener 10 años y regresaras hambriento de la escuela”.

Aprovechando la cuarentena, dos amigos cercanos de quien esto escribe se han dado a la tarea de hacer sus memorias. Otra de las manifestaciones de ese afán proustiano de buscar el tiempo perdido, se manifiesta en el nutrido número de “likes” y comentarios que reciben las fotografías antiguas y la popularidad adquirida por los textos sobre hechos pretéritos.

Así, el pasado se torna una suerte de refugio contra las adversidades del hoy. Desconcertados por lo que puede traernos el mañana y sin la oportunidad de hacer planes con un mínimo de certeza, optamos por instalarnos en la nostalgia. Es más cómoda y, además, manipulable. Ya lo dijo en una célebre frase Gabriel García Márquez: “La vida no es lo que uno vivió, sino lo que uno recuerda, y cómo la recuerda para contarla”.

Esta epidemia ataca lo mismo a pobres que a fifís. Bueno, hasta el presidente Andrés Manuel López Obrador contrajo el más feroz virus de la nostalgia, apostando el futuro del país al petróleo, al carbón y al ferrocarril, mientras los diputados federales reciclan los “cañonazos de 50 mil pesos de Obregón”, solo que ahora, debido a la devaluación y la inflación, hasta el más barato legislador cuesta 5 millones por andar de trapecista de partido en partido.
03 Septiembre 2020 04:00:00
¿Monumento o rescate?
Hace varios años, cuando jerarcas de la Iglesia católica se unieron a la cruzada de los deudos de los mineros muertos en la tragedia ocurrida en Pasta de Conchos, que insistían en la idea de rescatar los cadáveres de las víctimas, no obstante la presencia del gas grisú en la mina, me atreví a proponer que se olvidaran del rescate de los cuerpos y que se construyera en el lugar una capilla ecuménica, donde deudos de todas las religiones pudieran acudir a orar por sus difuntos. Esa sería, dije entonces, la mejor manera de recordar a los desaparecidos.

En aquella ocasión, agregaba, me resultaba ilógica la participación de la Iglesia católica en dicha cruzada, cuando, si no había olvidado las clases de catecismo impartidas en el colegio, el cristianismo considera que el ser humano está formado por cuerpo y alma. El primero es deleznable y acaba por volverse polvo, y así permanecerá hasta el día del Juicio Final. El alma, en cambio, es inmortal y a la muerte del cuerpo habrá de recibir los premios por las buenas acciones realizadas en la Tierra o los castigos merecedores por las malas.

Entonces, concluía, poco importaba, desde la doctrina católica, en este caso, el destino de los cuerpos de los desaparecidos.

Después de la visita de los deudos de los mineros muertos al presidente Andrés Manuel López Obrador, resurgió el tema. Los costos millonarios del rescate de los restos revivieron la propuesta del monumento, a lo que las familias de los mineros se opusieron.

Los deudos están en todo su derecho de solicitar el rescate de los cuerpos, pero hay que pensar en la conveniencia de intentarlo. En mis andanzas de reportero, el 31 de marzo de 1969, hace ya 51 años, fui el primer periodista en llegar a Barroterán después de la explosión que mató a 153 hombres.

Gracias a que el accidente no destruyó los sistemas de ventilación de la mina, quedó libre del gas en pocos días, dando inicio al rescate de los cuerpos, lo cual se logró mediante ímprobos trabajos de cientos de mineros que se encargaron de despejar los “caídos” —así llamaban ellos a los derrumbes en los túneles—, hasta llegar al lugar donde trabajaba la mayoría de sus compañeros muertos en la explosión.

Hablar de cuerpos, me contó uno de los rescatistas, era solamente una forma de referirse a los restos. En la mayoría de los casos eran montones de restos calcinados. La identificación fue posible gracias solamente a una chapa de bronce numerada que llevaba el tacón de una de las botas de trabajo. Nada más.

A distancia, quienes cubríamos la información, solamente veíamos salir negros de polvo de carbón y sudorosos a dos rescatistas cargando una bolsa negra de plástico, la cual se metía de inmediato en un féretro y se depositaba en las sepulturas abiertas utilizando maquinaria pesada. Uno de los espectáculos más tristes que me ha tocado vivir.

Hoy, con la pandemia, miles de familias mexicanas, imposibilitadas incluso para acompañar a sus seres queridos en los últimos momentos, reciben solamente una urna que contiene las cenizas del desaparecido. Algo muy parecido a lo que me tocó presenciar hace ya más de medio siglo. A 14 años de la explosión en Pasta de Conchos, sigo pensando lo mismo que escribí hace tiempo. Lo importante es mantener vivo el recuerdo de los muertos. Lo demás son ritos y costumbres que no cambian ni un ápice la realidad de la falta que nos hacen.

30 Agosto 2020 04:02:00
Obra indispensable
Lo aconsejable es suspender los trabajos en Dos Bocas, el Tren Maya y el aeropuerto de Santa Lucía, a fin de reencauzar los recursos hacia una magna obra que perpetúe históricamente al sexenio, y que, además, reduciría drásticamente los gastos del Gobierno en favor de su cruzada por la austeridad.

La propuesta es sencilla y vendría a reforzar una de las ideas centrales del presidente Andrés Manuel López Obrador. Si se utiliza el dinero del aeropuerto, la refinería y el tren en la construcción inspirada en el Coliseo Romano, pero mucho mayor, México se volvería ejemplo mundial del sistema más moderno y expedito de la impartición de justicia.

Ese Coliseo nacional no se utilizaría para enfrentar a unos cristianos a fieras hambrientas, a fin de que el “respetable público” –así lo llaman en las peleas de box– se divirtiera viendo cómo tigres y leones disfrutan una nutritiva merienda con los seguidores de Jesucristo.

No. Un espectáculo de esta naturaleza haría poner el grito en el cielo a las sociedades dedicadas a la protección de los animales y a aquellas que se ocupan de la defensa de los derechos humanos. Tampoco se utilizaría la arena para organizar luchas entre gladiadores. Sería esta una distracción sin interés, si se compara con las masacres que nos brinda todos los días el crimen organizado.

Nada de eso. El Coliseo se usaría para juzgar a los expresidentes de la República, tal y como lo propone López Obrador, obstinado en realizar una consulta popular para que el pueblo decida si se les lleva o no al banquillo de los acusados.

Tal consulta, además de ilegal, según opinión de los expertos, resultaría costosa. Evitémosla con la construcción del Coliseo, en el cual se seguirían, con algunas variantes, los programas del circo romano. La entrada sería gratuita y a cada asistente se le entregaría una sábana para que se enredara con ella, a fin de ofrecer ante las cámaras de televisión tribunas repletas de copias huehuenches de ciudadanos romanos. Nada de pantalones de mezclilla ni de camisetas con un letrero de Mazatlán.

El señor López Obrador vestiría igual, con una pequeña corona de oro ceñida a las sienes, igual que los emperadores en las películas de Cecil B. de Mille.

Al principiar el espectáculo, de la puerta de gladiadores saldrían, en orden cronológico, los expresidentes de México. Cada uno de ellos caminaría hasta quedar al frente del palco del emperador

–perdón, de AMLO– y pronunciaría con ligeras variantes el saludo de los gladiadores. No diría “Los que van a morir te saludan”, sino “El que va a ser juzgado te saluda”.

Luego daría una vuelta al ruedo para ser visto por toda la multitud. Al final del recorrido se colocaría al centro en espera del fallo popular. Entonces, el tabasqueño se pondría de pie para preguntar con voz potente: “¿Qué opina el pueblo bueno?”.

Los asistentes expresarían su opinión como los romanos: pondrían hacia abajo el pulgar en el caso de considerar inocente al juzgado. O bien voltearían la mano con el pulgar en alto, si lo creían culpable. Después de ver a dónde apuntaba la mayoría de los pulgares, AMLO pondría el suyo para abajo o lo pondría en alto declarándolo culpable.

Tan vistosa costumbre podría hacerse extensiva a toda clase de presuntos culpables. Así se impartiría justicia rápido, y el Gobierno se ahorraría el presupuesto destinado a la Suprema Corte y al mantenimiento de toda la burocracia –agentes, ministerios públicos, actuarios y demás– del sistema judicial.

27 Agosto 2020 04:02:00
Pantanos y poesías
“Hay aves que cruzan el pantano y no se manchan. ¡Mi plumaje es de esos!”. Los versos de Salvador Díaz Mirón del poema A Gloria, fueron recordados por el presidente López Obrador, a propósito del escándalo del video que muestra a su hermano Pío recibiendo dinero para una campaña electoral. En esta ocasión, el primer Mandatario citó correctamente al bardo veracruzano, pero en su afán de exculpar a su hermano y a él mismo debió parafrasearlo. La cita apropiada para la ocasión sería: “Hay aves que cruzan el pantano y no se manchan. ¡Mi pantano es de esos!”.

Porque al pantano del tabasqueño sus aves lo cruzan y salen impolutas. Sin embargo, pájaros de distinto plumaje al de Morena, cuando cruzan pantanos quedan hechos una porquería y son exhibidos, malolientes y enlodados, ante el público de la gente, como reza el corrido de Benjamín Argumedo.

Lo cierto es que la difusión del video de Pío y de David León fue un torpedo mediático que pegó en mala hora bajo la línea de flotación de AMLO, quien en esos días revelaba gozoso las corruptelas denunciadas por el exdirector de Pemex, Emilio Lozoya, involucrando a tres expresidentes de la República y a una docena de personajes de anteriores sexenios.

Cuando vivía el momento cumbre de su lucha contra la corrupción del pasado, el cohetón Pío-León le tronó en las manos. Arrinconado por la evidencia, intentando justificar lo injustificable apeló a Díaz Mirón y, cómo no, a la historia, incluso con la ayuda de su esposa Beatriz Gutiérrez.

Pero la justificación resultó peor que la incorrección, como en la conocida anécdota atribuida a Quevedo, quien aseguraba al rey que las disculpas resultan a veces peores que las faltas, en lo cual el monarca no estuvo de acuerdo. Terminada la conversación, el rey dio la espalda al poeta, lo que aprovechó este para dar un golpe con la mano abierta al real trasero. El rey volvió el rostro enfurecido. Entonces, Quevedo se disculpó: “Perdón, majestad, creí que era la reina”.

Más o menos por el estilo estuvieron las justificaciones a cargo de la pareja presidencial. Él alegó que la Revolución de Madero se hizo con la cooperación del pueblo, y ella intentó un chiste, congratulándose de que a Leona Vicario no la hayan grabado cuando entregó dinero a los insurgentes.

Ahora sí no se midieron al proclamar la inocencia del Presidente en los enjuagues de su hermano Pío, comparándose con don Francisco I. Madero, quien luchó para terminar con 30 años de dictadura, y con Leona Vicario, que cooperó con la causa de la independencia enviándole dinero a José María Morelos y Pavón. Madero y Morelos, ¡ni más ni menos!

No es la primera vez que el tabasqueño establece comparaciones entre él y el iniciador de la Revolución. Ya lo hizo cuando dijo ser, junto con Madero, los dos presidentes más duramente criticados por la prensa.

Ya basta de manosear la historia estableciendo comparaciones que por exageradas resultan hasta irreverentes. La 4T, sea lo que sea, está muy, muy lejos de ser una revolución en busca del sufragio efectivo y la no reelección, y mucho menos guarda el más lejano parecido con la Guerra de Independencia, que terminó con 300 años de coloniaje.



Letras sueltas

Ya que al Presidente parece gustarle la poesía de Díaz Mirón, en especial A Gloria, me permito, con todo respeto, como dice él, recordarle en mi defensa los dos primeros versos de ese poema: “No intentes convencerme de torpeza / con los delirios de tu mente loca”.    


23 Agosto 2020 04:02:00
Las veredas quitarán
Dos personajes, dos historias.

1.- El inefable Carlos Pozos Soto, mejor conocido como “Lord Molécula”, quien merecería ser la vergüenza del periodismo nacional, si fuese periodista, recibió hace unos días el título de doctor honoris causa.

Se lo concedió un organismo dizque académico más patito que el mismísimo Pato Donald, el Pato Lucas y Rico McPato. Como es sabido, este individuo con facha de anunciador de circo del siglo antepasado, es el patiño predilecto de las conferencias mañaneras del presidente Andrés Manuel López Obrador.

Siempre sentado en las primeras filas, su ocupación es hacer –leer– preguntas a modo para el lucimiento del Primer Mandatario. Otra de sus ocupaciones consiste en intervenir cuando algún reportero plantea un tema incómodo al tabasqueño y desviar la atención a cuestiones más amables.

2.- Una semana después o un poco más de que “Lord Molécula” acomodara en su cabeza el birrete de doctor, la Secretaría de la Función Pública (SFP), presidida por la multicasateniente Irma Eréndira Sandoval, inhabilitó por dos años e impuso una multa de 999 mil 440 pesos a Nexos, dirigida por Héctor Aguilar Camín.

La sanción, adujo la secretaria, se funda en una supuesta irregularidad en la adjudicación de una plana de publicidad del Instituto Mexicano del Seguro Social a la revista. Además, la SFP publicó una circular en el Diario Oficial en la que comunica “a las dependencias y entidades de la Administración Pública Federal, empresas productivas del Estado, y entidades federativas abstenerse de aceptar propuestas y celebrar contratos” con la empresa propietaria de Nexos. En otras palabras, intenta cerrar un cerco en torno a la revista con la evidente intención de ahorcarla económicamente.

Con más de 40 años de existencia, Nexos ha sido crítica de la 4T y de la forma en que López Obrador dirige al país. Es una posición nada nueva en la publicación, que incluye en su staff de colaboradores a prestigiosos analistas tradicionalmente críticos de los gobiernos en turno. Y allí está la colección de números anteriores para comprobarlo.

Como era de esperarse, al saberse la draconiana sentencia de inmediato se alzaron voces para denunciarla como un ataque frontal a la libertad de expresión y un reprobable acto de censura. También de inmediato vino a la memoria aquel 8 de julio de 1976, cuando argucias urdidas por el presidente Luis Echeverría contra el periódico Excélsior provocaron la salida de su director Julio Scherer García y su equipo de colaboradores.

A Scherer lo sustituyó un sujeto llamado Regino Díaz Redondo, quien convirtió a Excélsior, considerado hasta entonces el mejor diario latinoamericano, en un montón de papel únicamente útil para envolver pescado.

El escritor Vicente Leñero, uno de los damnificados del golpe orquestado por la Presidencia de la República, reseñó lo acontecido en el libro Los Periodistas, y The Washington Post dedicó su editorial para preguntar a Echeverría si su intención era pasar a la historia como el hombre que mató a Excélsior.

El resto de la historia es bien conocido. Scherer y Leñero fundaron Proceso, órgano informativo también duro crítico del Gobierno. Proceso sobrevivió a las malquerencias y asedios de Echeverría, López Portillo, De la Madrid, Salinas de Gortari, Zedillo, Fox Quesada y Calderón, y hoy navega a contracorriente en el actual sexenio.

Moraleja sugerida por una vieja canción popular: “Las veredas quitarán, pero la querencia ¿cuándo?”.
16 Agosto 2020 04:04:00
El agua tiene memoria
Hace tiempo, un urbanista foráneo, luego de echar el primer vistazo a Saltillo, exclamó: “Esta ciudad la hicieron al revés”. Al preguntarle la razón de tan contundente afirmación, aclaró: “Sucede que hay una constante en prácticamente todas las ciudades del mundo: las familias de mayores ingresos económicos viven en las partes altas, y aquí sucede lo contrario. Las colonias residenciales están en la parte baja, mientras las familias de menos recursos habitan en los lugares altos, donde suele ser mejor la calidad del aire y no hay peligro de inundaciones, con toda la basura que estas arrastran”.

Y dio ejemplos. Entre otros, las Lomas, en la capital del país, y San Pedro Garza García, en Monterrey, que ya se trepó hasta la montaña. En efecto, Saltillo registró un mayor crecimiento hacia la parte baja, el norte, donde los terrenos son más caros y se ubican los principales hospitales privados, así como centros comerciales y decenas de restaurantes, bares y antros –como los llaman los muchachos– más exclusivos (solo por usar un adjetivo).

Es posible que la conformación del terreno donde nació y ha crecido nuestra ciudad ha sido una de las razones del fenómeno. Y es que la diferencia de altitud de la parte alta –digamos la plaza Félix U. Gómez– y el Centro tradicional de la ciudad –la Plaza de Armas– es de alrededor de 70 metros y una distancia de menos de 7 u 800 metros.

No es difícil imaginar lo que representaría hasta bien entrado el siglo 20 lo que era subir esa empinada cuesta, que incluso resultaría cansada hasta para los caballos. Hoy, el automóvil y el transporte público facilitaron el escalamiento al que obliga esa pendiente de la calle de Hidalgo, cuya cima está poco más o menos al mismo nivel que la cruz de la torre mayor de Catedral. De allí que el despegue del sur haya sido más lento, y relativamente reciente.

El norte pujante, glamoroso, disparó su crecimiento en los últimos años, y en un cóctel de ambición y negligencia o corrupción municipal, nacieron fraccionamientos a troche y moche, sin respetar la orografía del valle.

“El agua tiene memoria”, no es un dicho campirano cualquiera: es una verdad corroborada por la experiencia. Donde alguna vez, durante una lluvia copiosa corrió el agua, puede jurar que volverá a hacerlo cuando se presenten condiciones similares. Sin embargo, fraccionadores y autoridades intentaron, siempre inútilmente, imponer sus condiciones a la naturaleza. Pero el agua es muy terca y tarde o temprano recuerda su costumbre de correr por determinados lugares y vuelve a hacerlo.

Los especuladores rellenaron cauces de arroyos para convertirlos en colonias rendidoras de abultadas ganancias. De pronto, al presentarse lluvias torrenciales, esos arroyos recuerdan sus antiquísimas vías de desfogue e inundan áreas residenciales. Lo ocurrido en el fraccionamiento El Campanario, que no es el único caso, son lodos de aquellos polvos y una lección que ojalá haya sido aprendida para bien de la ciudad.



Letras sueltas

Los últimos días nos dejaron dos buenos amigos, ambos exalcaldes: Jesús Pader Villarreal, de Múzquiz, y Erasmo López Villarreal, de Ramos Arizpe. Nuestras condolencias a las familias de ambos, que en medio del dolor deben sentirse orgullosas, porque hasta el último día, don Jesús y don Erasmo, caminaban por las calles de los municipios que administraron recibiendo el reconocimiento y el afecto de sus conciudadanos. Un lujo que no muchos políticos pueden darse.



13 Agosto 2020 03:05:00
¿Dónde he oído esto antes?
Al escuchar las declaraciones de Luis Lozoya Austin, director de Pemex en el sexenio de Enrique Peña Nieto, dadas a conocer por el fiscal general de la República, Alejandro Gertz Manero, resulta ineludible experimentar un “dejà vu”, como llaman los franceses a esa sensación de que uno ya ha vivido antes lo que ahora sucede. No se trata de un “dejà vu” nacional. No. Lo que se asegura, ha dicho Lozoya, remite a un lugar lejano y a hechos ocurridos hace ya 75 años. Concretamente Nüremberg, 1945.

Como se recordará, en esa ciudad alemana se enjuiciaron, y en muchas ocasiones se condenó a colaboradores del régimen nacionalsocialista liderado por Adolfo Hitler. Entonces se sentó en el banquillo a numerosos acusados de crímenes de guerra, entre ellos los autores del exterminio de millones de judíos.

La única defensa de la mayoría de los inculpados fue repetir una frase escuchada hasta el cansancio: “Yo solo cumplía órdenes”. Con ese argumento intentaban trasladar la culpabilidad a quienes habían sido sus jefes inmediatos, en una pirámide de poder jerárquico en cuya cúspide estaba Hitler, para entonces convenientemente muerto. De nada les valió tan estúpido argumento. Buen número de ellos terminaron en la horca.

Como criminal de guerra nazi, aunque con un confort del que no gozaron los enjuiciados de Nüremberg, Lozoya Austin –siempre según la versión de Gertz Manero– repitió el numerito de los nazis. A él, dijo, el presidente Enrique Peña Nieto y el secretario de Gobernación Luis Videgaray le dieron órdenes de entregar 500 millones de pesos, producto de un soborno de la firma Odebrecht, para la campaña de Peña en busca de la presidencia.

Los mismos personajes, agregó, también le ordenaron entregar 84 millones al entonces secretario del Partido Revolucionario Institucional, y cumpliendo órdenes, siempre de Peña y de Videgaray, puso en manos de diputados y un senador de oposición otro montón de millones. Dádiva destinada a convencer a los legisladores de apoyar las reformas constitucionales impulsadas por el entonces Presidente.

Así, el obediente Lozoya Austin, según él, fue una víctima de los malvados Peña Nieto y Videgaray. Igualito que los criminales de guerra nazis. Tal confesión sería ridícula si no fuera cínica.

Pobrecito del ingenuo Lozoya Austin. Se aprovecharon de su inocencia y de su lealtad a toda prueba para cometer actos ilegales. Seguramente él no sabía que aquello estaba mal, aunque, de pasada, el cumplimiento de tan insólitas órdenes le dejó de ganancia por lo menos dos palacetes, que ya entregó al Gobierno federal, de acuerdo a las últimas noticias, además de darle la oportunidad de llevar una vida de lujos propia de jeque árabe.

Al inocente muchacho, tan ajeno a las corruptelas de sus superiores –él solamente era el cartero encargado de repartir bolsas de dinero– seguramente otro perverso le mal aconsejó abrir cuentas en paraísos fiscales y hacer complicadas triangulaciones de banco a banco, en los que involucró a su señora madre, a su esposa y a una hija, demostración incuestionable de su inexperiencia.

“A otro perro con ese hueso” es un dicho popular aplicable para la ocasión, que incluyó el mismísimo Cervantes en El Quijote. Sin embargo, las autoridades, al mantenerlo libre, parecen creer a Luisito, lo que hace pensar –mal pensado que es uno– que a ellos les conviene creerle. Solo falta que por ser tan obediente, quizá hasta lo nombren Empleado del Mes.



09 Agosto 2020 04:00:00
Resbalón ético
No cabe duda, vivimos tiempos sin precedentes. Hasta hace poco, los funcionarios públicos que dejaban el cargo lo justificaban “por motivos personales”, o anunciando su interés de incursionar en otros campos. Ahora no. En este sentido sí ha habido una transformación. Los funcionarios actuales, no todos, pero algunos sí, abandonan el barco lopezobradorista echando pestes, y no en privado, sino en público.

En junio de 2019, tras presentar su renuncia como secretario de Hacienda, Carlos Urzúa, de incuestionable y añeja lealtad hacia el presidente López Obrador, no dudó en difundir sus desacuerdos con el Jefe del Ejecutivo sobre el manejo de las finanzas de la nación. Urzúa inauguró, por así decirlo, una nueva forma de renunciar.

Pero ya tiene cuando menos un discípulo. Respetado académico, doctor en Ciencias por la Universidad Nacional Autónoma de México, ganador de varios premios, entre otros el Nacional de Medio Ambiente en 1965 y autor de media docena de libros sobre ecología, Víctor Manuel Toledo Manzur, quien no se sabía el viernes si era aún secretario del Medio Ambiente y Recursos Naturales, cimbró a la opinión pública con sus declaraciones sobre el mal funcionamiento del Gabinete del Presidente.

Reveló, como es bien sabido, la lucha interna por el poder en el Gobierno de la 4T, la cual, aseguró, bloqueó sus iniciativas para proteger el medio ambiente. No generalizó. Citó nombres y cargos. Sus señalamientos fueron directos y personales. Acusó a Alfonso Romo, cuyos intereses empresariales están enfocados en la agricultura, de aprovechar el cargo para enriquecerse sin importarle causar daños a la ecología. Y no se detuvo allí: descalificó a la cuarta transformación por estar llena de contradicciones y no le auguró nada bueno para el futuro.

Las declaraciones del doctor Toledo han sido apetitoso manjar para quienes no están de acuerdo con la forma de gobernar de López Obrador. ¡Alguien de adentro, del primer círculo, avalaba sus constantes críticas al régimen! Todo un banquete.

Podrán tacharme, y con razón, de periodista pasado de moda, pero soy creyente del decálogo de ética para los periodistas elaborado por Camilo José Cela, el que he tratado –no sé si lo he conseguido– hacerlo mi guía en este oficio.

En el décimo segundo “mandamiento”, don Camilo, premio Nobel de Literatura y periodista gran parte de su vida, señala como obligación de un periodista: “Funcionar acorde con su empresa –ya que un diario ha de ser una unidad de conducta y expresión y no una suma de parcialidades–; en el supuesto de que la diferencia de criterios fuera insalvable, ha de buscar trabajo en otro lugar ya que ni la traición (a sí mismo, fingiendo, o a la empresa mintiendo), ni la conspiración, ni la sublevación, ni el golpe de Estado son armas admisibles”.

Sin la menor intención de salir en defensa del Gobierno federal, en el que desde mi personal punto de vista encuentro numerosas fallas e incongruencias, sí creo que esta norma de conducta aconsejada por Cela debe respetarse después de abandonar la empresa o la corporación a la que uno sirvió. Por ello, lo digo con toda sinceridad, las declaraciones del doctor Toledo Manzur contradicen flagrantemente su impresionante currículum.

Si no pudo o no le dejaron hacer su trabajo, debió recoger sus tiliches y buscar un nuevo destino laboral. No salir hablando mal de la que fue su casa.




06 Agosto 2020 04:00:00
Héroes lejanos
En el video trasmitido por el presidente Andrés Manuel López Obrador el domingo a través de las redes sociales, al referirse a los signos anunciadores, según él, de la recuperación económica del país, hizo mención al aumento de las remesas enviadas por trabajadores mexicanos radicados en Estados Unidos y otros países a sus familias en México. En efecto, los envíos se han incrementado en los últimos meses. El pasado julio alcanzaron los 3 mil 536 millones de dólares, alrededor de 75 mil millones de pesos al cambio actual.

La cifra, con ser tan alta, no superó las remesas de marzo, al inicio de la pandemia del coronavirus, cuando llegaron a 4 mil millones de dólares. Tal disminución es explicable. En marzo aún no se resentía con toda su fuerza en Estados Unidos y en la mayor parte del mundo el frenón económico traducido en desempleo, el cual seguramente dejó en la calle a mi-llares de compatriotas.

Pero, ¿el incremento de las remesas es una buena noticia? Todo depende desde el punto de vista que se les analice. Como muestra de la unión fami-liar y de la solidaridad de los compatriotas que viven más

allá de nuestras fronteras, es hasta conmovedor que del dinero tan duramente ganado desti-

nen una parte a aliviar las necesidades de los seres queridos que se quedaron de este lado de nuestras fronteras.

Sin embargo, si vemos la información desde la perspectiva del país, resulta francamente deprimente, pues indica el grado de empobrecimiento de miles de familias que, incapa-ces de resolver sus necesidades más urgentes, se ven precisadas a solicitar una mayor ayuda de sus parientes que emigraron al extranjero en busca de mejores oportunidades de trabajo.

En este sentido, las remesas pueden considerarse como un termómetro útil para marcar el incremento de la pobreza. Entre más necesidades enfrentan las familias de acá, mayor será el esfuerzo que deben ha-cer para auxiliarlas sus parientes de allá. Incluirlas como uno de los factores de la supuesta recuperación de nuestra maltrecha economía es un engaño, porque en realidad son una demostración de lo contrario. No nos dejemos engañar.

Encomiable en todos sentidos es que los compatriotas emigrados fuera del país conserven ese sentido de unidad familiar. Son ellos muestra de que los augures de la “descomposición de tejido social”, como suelen decirlo de manera elegante, están equivocados. Es verdad, la descomposición familiar es un hecho incontrovertible, pero es un error gene-ralizar. La demostración palpable de ello son precisamente los compatriotas, que a veces a miles kilómetros de distancia no dudan en meter el hombro para sacar adelante a los suyos, a quienes, en el mejor de los casos, visitan una vez cada año con motivo de las fiestas navideñas.

Su generosidad vuelve más odiosa y digna de castigo la actitud de las autoridades mexicanas que los extorsionan cuando regresan a su país a pasar una temporada. Resulta indispensable endurecer las penas a estos viles asaltantes. Robar a ellos, que por propia voluntad y amor a la familia son pilares de la economía de miles de hogares mexicanos, es un crimen que no tiene nombre.

Expertos calculan que pro-rrateando la cantidad enviada el mes pasado, cada familia, en promedio, recibió alrededor de 340 dólares (unos 6 mil 800 pesos). ¿Se imaginan que ocurriría a estas familias si de pronto sus ingresos se redujeran en menos de 6 mil pesos mensuales? Seguramente, en muchos casos, caerían en la miseria, cuando no en la indigencia.
02 Agosto 2020 04:06:00
Vientos federalistas
La posición adoptada por nueve gobernadores, entre ellos el coahuilense Miguel Riquelme Solís, de exigir la renuncia del subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell, vocero del Gobierno federal, en lo que se refiere a la pandemia del coronavirus y prácticamente conductor de la fallida estrategia oficial para combatirla, posee un doble sustento.

El primero, es la desconcertante, por no decir errática, actuación del epidemiólogo. A sus continuas contradicciones y fallidos pronósticos, agrega una anticientífica sumisión a los dictados de su jefe, el presidente Andrés Manuel López Obrador.

La dupla López Obrador y López-Gatell han hecho del hasta ahora ineficaz combate a la pandemia una cuestión política. Eso sin olvidar las ocurrencias medioevales del Presidente, inmune gracias, según afirma, a una estampita religiosa, o su última promesa: la de utilizar el cubrebocas cuando acabe la corrupción, confundiendo la gimnasia con la magnesia.

Mientras el subsecretario de Salud se enreda en sus propias palabras y el tabasqueño parece tomar a broma la situación, 46 mil 688 mexicanos habían muerto hasta el viernes por el Covid. Esta macabra cifra impulsó a nuestro país a un aterrorizante tercer lugar mundial en el número de fallecidos a causa del mal.

Hay razones suficientes para que los gobernadores alcen la voz y exijan una rectificación del rumbo en las políticas del Gobierno federal para contener la pandemia. Los números hablan por sí solos y demuestran sin lugar a dudas la ineptitud de López-Gatell.

La exigencia tiene, además, una faceta muy interesante de orden político. Su exigencia viene a traer un viento revitalizador al tantas veces olvidado federalismo, el cual es sustento de la República y del que fue esforzado defensor nuestro compatriota don Miguel Ramos Arizpe al redactarse la primera Constitución en 1824.

El presidencialismo omnímodo y el uso frecuente de lo que el maestro Jorge Carpizo McGregor llamó “facultades metaconstitucionales”, dio lugar a una asfixiante centralización del poder. Hoy, con otros matices, hemos vuelto a las viejas prácticas del Gobierno de un solo hombre. Gracias al control sobre la Legislatura –AMLO se da el lujo de regañar en público a los diputados–, el Presidente ejerce un control unipersonal, sin contrapesos, del Gobierno.

La exigencia de los gobernadores firmantes del documento desacreditando a López-Gatell revalida el federalismo, y al hacerlo honran la memoria de Ramos Arizpe. Esto es una novedad que debemos celebrar, pues inaugura una relación distinta entre los estados –libres y soberanos, como reza la Constitución– y el Gobierno federal.

Sean cual fueren los resultados de la gestión, el paso dado es trascendente, y esperemos sea el primero hacia una relación más equitativa.



Letras sueltas

Las estadísticas son frías, pero al dimensionarlas en función de sitios concretos, como por ejemplo los municipios de Coahuila, se tornan aterradoras: los 46 mil 688 mexicanos fallecidos hasta el viernes representarían la desaparición total de la población de Parras (45 mil 401 habitantes) o de San Juan de Sabinas (41 mil 649).

En un acumulado de los municipios menos poblados, según cifras del Inegi 13 serían borrados del mapa: Abasolo, Juárez, Candela, Lamadrid, Hidalgo, Guerrero, Sacramento, Escobedo, Progreso, Villa Unión, Nadadores, Sierra Mojada y Morelos, que en conjunto suman 46 mil 149 habitantes. De ese tamaño es la tragedia.


30 Julio 2020 04:00:00
¿Usted entiende?
Que alguien me explique, porque, la verdad, ya no entiendo nada. O México es el país de las maravillas, o como dijo André Bretón, padre del surrealismo, tenemos el honor de habitar en la nación más surrealista del mundo. Aquí la lógica sirve para dos cosas: para nada y para causar dolores de cabeza a estudiantes de Filosofía. Para nada más. Tarea inútil, si las hay, es intentar utilizarla como instrumento al tratar de entender las cosas que ocurren en este México lindo y querido.

No exagero. ¿A usted le parece lógico y comprensible, por ejemplo, que un señor acusado de decenas de delitos se suba en el aeropuerto de Barajas, en Madrid, bueno y sano, con certificado de buena salud firmado por médicos españoles, y luego de cruzar el Atlántico aterrice en el aeropuerto Benito Juárez de la capital tan enfermo que amerite ser internado en un hospital de lujo?

Si bien la antigua Tenochtitlan sufre serios problemas de contaminación y el aire respirado por los capitalinos no es el más sano, ¿es posible que después de aspirar dos bocanadas de esmog, al señor de la historia se le presente de inmediato una hernia hiatal, que amerite una urgente intervención quirúrgica? Eso se llama tener una mala suerte muy oportuna.

Tampoco resulta claro cómo ese señor, acusado de corrupto y autor de mil y una triquiñuelas para enriquecerse a costa del erario, declare por videoconferencia ante un juez, cómodamente instalado en la cama del hospital y seguramente bien atendido por una media docena de guapas enfermeras.

Y todavía más: este señor, que se embolsó no sé cuántos millones de dólares triangulados en una docena de paraísos fiscales del mundo, no pisará la cárcel. Quedará libre -qué terrible, sin pasaporte- ya sea en su casa o en el hospital.

Ah, pero eso sí, la severa justicia mexicana lo obligará a pagar la renta del brazalete de localización que está obligado a llevar. No, señor, como decían los romanos, dura lex, sed lex. La Ley es dura, pero es la ley, para que me entienda. Aquí nada es gratis. Usted tendrá que deshacerse de unos cuantos pesos de los montones de dólares que se robó y pagar la renta del brazalete electrónico.

Mientras, las cárceles rebosan de borrachitos detenidos por la policía, de peligrosos ciudadanos cuyo delito fue orinar en la calle. ¡Faltaba más! En este país impera la ley y el orden, como en la serie de televisión norteamericana.

Vivimos en el mundo bizarro de Superman, donde todo es al revés y los asuntos importantes se hacen a un lado, dando preferencia a temas manidos, y la ley es de una flexibilidad que envidiaría cualquier gimnasta rusa.

Así, mientras la pandemia galopa desenfrenada cual caballo del Apocalipsis, millones de compatriotas se quedan sin trabajo, el crimen organizado hace y deshace y nos amenaza una de las peores crisis económicas que se recuerden, el presidente insiste en hablar de los lujos del invendible avión presidencial, previa advertencia a los reporteros de hacer solo preguntas sobre la aeronave.

La cereza en el pastel, y de eso mejor ni comentamos, es la designación de la periodista Isabel Arvide, bien conocida en Coahuila, como cónsul de México en Estambul.

Letras sueltas

No más gobierno rico y pueblo pobre. Con el desempleo y el crecimiento de la miseria, hemos logrado revertir aquella fórmula maldita. De hoy en adelante tendremos un gobierno pobre y un pueblo pobre.
26 Julio 2020 04:00:00
De mi pasado…
Sorda a los anuncios del presidente Andrés Manuel López Obrador de que está “domada”, se “aplanó”, ya va “a la baja”, y empeñada en no atender los pronósticos del subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell, la pandemia del coronavirus mantiene un escalofriante ritmo de avance.

Ante la obstinación del virus de contradecir los discursos oficiales, el cada vez más desesperado López-Gatell se ha visto precisado a echar mano del recurso predilecto de la Administración federal: buscar culpables en el pasado.

Sí, todos los problemas son herencia del maldito neoliberalismo. Hay tal reiteración en ese ya gastado argumento, que la 4T podría adoptar como himno la canción Mucho Corazón, de Ema Elena Valdelamar, la cual, recordarán los lectores, dice: “De mi pasado preguntas todo, que cómo fue…”.

¿Por qué no hemos sido capaces de contener la expansión de la pandemia? No ha sido falla de nuestras estrategias, se defiende López-Gatell, y culpa a los hábitos alimenticios de los mexicanos propiciados durante el nefasto neoliberalismo.

Sí, la pandemia se ha vuelto incontenible debido al consumo de refrescos embotellados, churrumais, fritos, cheetos y demás alimentos chatarras que beben y comen nuestros compatriotas. Sí, allí están las causas de la obesidad y la diabetes, dos factores que disparan la letalidad del virus.

Para empezar, llama la atención que el subsecretario de Salud, por pura corrección política lopezobradorista, olvide entre los causantes del sobrepeso de numerosos compatriotas un alimento que en Estados Unidos ha sido señalado repetidamente como detonador del volumen corporal de sus consumidores: las hamburguesas, especialmente la de cierta marca estadunidense.

No. ¡Cuidado! No olviden la bella estampa de fraternidad escenificada por los presidentes de México y Estados Unidos en el Jardín de las Rosas de la Casa Blanca. Tengan presentes las alabanzas de nuestro Presidente al señor Donald Trump, “amigou” y respetuoso de nosotros los mexicanos.

Acotación al margen. Fue un mal pensamiento, lo reconozco, pero al escuchar y ver a López Obrador alabando sin medida a quien ha tachado a los migrantes mexicanos de criminales y violadores, pensé en un entusiasmado pollito aplaudiendo y echando porras al coronel Sanders. Malpensado que es uno.

Pero dejemos las analogías a un lado. Volvamos a las teorías gastronómicas de López-Gatell, cuya credibilidad, al contrario de la curva de la pandemia, va en picada. Es revelador que al vocero gubernamental en materia de salud se le haya ocurrido hasta ahora hablar de los problemas de obesidad y de diabetes que aquejan a muchos compatriotas. ¿Por qué no se refirió a ello antes con énfasis?

La respuesta es obvia: el fracaso del manejo de la pandemia en México, el cual ha sido objeto de noticias y comentarios en buena parte del mundo, terminó por acorralarlo y no encuentra la forma de justificar los errores cometidos.

Sin embargo, el problema no es él, sino de lo que se ha vuelto una táctica permanente del Gobierno: ver al pasado para explicar la falta de resultados en muchos rubros, además del de la salud, la violencia y la desastrosa conducción de la economía.

El Presidente, quien suele confundir el discurso político con el sermón religioso, debe tener presente la historia de la esposa de Lot contada en el Génesis. Esta mujer, al desoír la advertencia de no voltear a ver la destrucción de Sodoma, en castigo quedó convertida en inerte estatua de sal. Lo mismo puede sucederle a su Gobierno.


23 Julio 2020 04:00:00
Llamarnos saltillenses
Sin fiesta del Santo Cristo de la Capilla, sin Feria y con celebraciones prácticamente virtuales, Saltillo festejará su cumpleaños 443 sumida en una pandemia y ante una crisis económica jamás vista por aquellos que nacimos después de 1932. En aquel nefasto año México fue sacudido por el coletazo de la Gran Depresión de Estados Unidos, y entonces, como ahora, millones de mexicanos enfrentaron un porvenir cargado de nubarrones.

Sin embargo, en estos más de cuatro siglos la ciudad ha superado grandes retos y no hay por qué dudar que ahora hará lo mismo. El entonces pequeñísimo caserío inicial sobrevivió a los continuos ataques de los indios comarcanos y a las epidemias que la asolaban con desesperante reiteración. Para no hablar de dos invasiones extranjeras en el sigo 19 y el cólera que diezmó a la población e hizo necesario improvisar cementerios. Todavía en el siglo 20, hace poco más de un siglo, otro flagelo, la influenza española, enlutó a miles de hogares.

Hoy, contingencia de salud y la amenazante recesión económica ponen un toque de tristeza e incertidumbre a la conmemoración del día en que un grupo de soldados aburridos de su inútil búsqueda de plata, se toparon de pronto con el anchuroso valle de Saltillo. El lugar debió de parecerles delicioso y decidieron aposentarse aquí. Cambiaron espadas por arados, una de las pocas veces –escribí hace tiempo– que Marte fue vencido por Ceres.

Obligados a la sana distancia y, en lo posible, al confinamiento, es pertinente reflexionar sobre la forma en que generaciones y generaciones de saltillenses, con base en un esfuerzo continuo, hicieron de aquel caserío perdido en la inmensidad de la nada una ciudad que a todos debe enorgullecernos.

La vida me ha dado la oportunidad de atestiguar los enormes cambios operados a lo largo de ocho décadas. (Sí, ya sé, son muchas décadas, no necesito que me lo recuerden). En esas ocho décadas Saltillo pasó de ser un pueblo rabón a convertirse en una pujante ciudad. Por aquellos tiempos, la falta de oportunidades de estudios hizo emigrar a miles de saltillenses a otras latitudes, y eran aquí tan escasas las oportunidades de desarrollo que la mayoría de los migrantes acabaron por asentarse definitivamente en las ciudades donde cursaron sus carreras.

“Eres pobre y humilde como humilde vivienda”, escribió el siglo pasado a propósito de Saltillo el poeta Jesús Flores Aguirre. Y así era, en efecto, pequeña y humilde. Más engreída de su pasado que de su presente y escasamente optimista al pensar en el porvenir. Porque por aquí la modernidad estuvo nada más de pasada Fue a enseñorearse en la Comarca Lagunera y sus blancos algodonales, y en la hoy atribulada Región Carbonífera, donde las minas atraían a trabajadores de los cuatro puntos cardinales, incluso del Japón.

Entre tanto, Saltillo se quedó medio congelada en el tiempo con su Casino, donde un puñado de señores bebía coñac, y con su Santo Cristo, a cuya Capilla acudí tantas veces de la mano de mi madre, las meriendas de los panteones y el paseo por la Alameda.

No olvidemos: somos un eslabón más de una larga cadena. Somos herederos del trabajo y los sueños de numerosas generaciones y, conscientes o no, estamos marcando nuestra huella en la historia con la obligación, como decían los griegos, de legar a nuestros descendientes una ciudad mejor que la que recibimos de nuestros antepasados. Si lo cumplimos, habremos sido dignos de llamarnos saltillenses.

19 Julio 2020 04:00:00
¡Cuidado!
Las diferencias entre un buen número de intelectuales y comentaristas con el Gobierno encabezado por Andrés Manuel López Obrador saltaron de los artículos y las “mañaneras” a inserciones pagadas en los periódicos. Con ello se inició una guerra de desplegados en la que participaron el Presidente y algunos de sus seguidores.

Todo empezó, como se sabe, el miércoles anterior, cuando una treintena de intelectuales, periodistas y académicos publicaron en un diario capitalino machaconamente tildado de “conservador” por el presidente López Obrador, un desplegado que titularon: “Contra la deriva autoritaria y en defensa de la democracia”. Encabezaban los firmantes nombres bien conocidos: Enrique Krauze, historiador y director de la revista Letras Libres; Héctor Aguilar Camín, director de Nexos, Jorge Castañeda y Gabriel Zaid.

El desplegado relanzó una idea ya expuesta por Krauze antes de las elecciones de 2018: la urgencia de evitar que el Congreso de la Unión sea controlado por Morena, el partido del Presidente, a fin de que el poder Ejecutivo tenga un contrapeso. El llamamiento de 2018 no surtió efecto, López Obrador arrasó en las elecciones y Morena y sus aliados se hicieron del control de la Cámara baja.

Ante esto, los abajo firmantes, como se suele decir, afirman que debido a ello se “ha destruido o deteriorado la administración pública y las instituciones constitucionales. Invocando una supuesta cuarta transformación menoscaba las capacidades del Gobierno, toma decisiones unipersonales. Polariza a la sociedad en bandos artificiales… y ataca toda forma de expresión que no se identifique con su visión política”.

La respuesta presidencial no se hizo esperar, reiterando en una carta los argumentos de costumbre contra quienes no están de acuerdo con su forma de conducir el país. En tono sarcástico, el tabasqueño escribió: “Bendito coraje, da pena ajena su argumento de que buscan construir una alianza para obtener mayoría”. Luego recordó la extradición de Emilio Lozoya –la joya de la corona de su lucha contra la corrupción– y acusó a los autores del desplegado de conservadores y de intentar recuperar privilegios perdidos.

Casi de inmediato entraron al pleito simpatizantes de AMLO, entre ellos Paco Ignacio Taibo II y Enrique Semo, quienes respondieron el viernes con otro desplegado. Tampoco hubo nada nuevo en su defensa de la 4T ni en los calificativos aplicados a los “neoliberales”.

La novedad está en la formación de bloques opositores. Si bien los autores del primer desplegado habían expuesto ya sus ideas en artículos, lo habían hecho en forma personal, no como un grupo unido y organizado. Esto no es una buena noticia, pues delimita las fronteras entre dos bandos opuestos, lo cual constituye una declaración de guerra de papel, pero guerra, la cual, esperemos, no escale a formas violentas, ya no solo verbales, de enfrentamiento.

Mala cosa en un país como el nuestro azotado por el triple flagelo de la pandemia, la recesión económica y el crimen organizado. Por lo demás, no cabe duda de que ha sido el presidente el primero en alentar la división, partiendo en dos a la nación con sus discursos. Pero, ¡cuidado! La historia nos enseña que la radicalización de posiciones políticas condujo a México a una de las luchas más feroces de las muchas que desangraron esta nación en el pasado.

Sana y fructífera es la confrontación de ideas; funesto cuando las diferencias llevan a la formación de clanes irreconciliables.

16 Julio 2020 04:05:00
Pan (demia) y circo
Nos esperan tiempos pletóricos de revelaciones. La extradición pactada de Emilio Lozoya, exdirector de Petróleos Mexicanos, cuyas declaraciones se espera abran la caja de Pandora del sexenio de Enrique Peña Nieto, regresando al escenario a personajes prominentes del pasado sexenio. Un asunto que, se rumora, podría salpicar a miembros de varios partidos que recibieron estímulos económicos para apoyar las reformas peñistas.

Agregue usted la aprehensión del exgobernador de Chihuahua en Miami, Florida, César Duarte, acusado por el actual Gobernador chihuahuense, Javier Corral, de haber saqueado en forma inmisericorde las arcas del Estado. La extradición de este individuo, que acumuló una riqueza obscena y, se presume, desvió recursos para las campañas de candidatos del Partido Revolucionario Institucional, dará mucho qué decir.

Y la cereza en el pastel: las declaraciones del Fiscal General de la República, Alejandro Gertz Manero, quien revivió el caso Ayotzinapa declarando el fin de la “Verdad histórica” anunciada por el entonces procurador general de la República, Jesús Murillo Karam. El desmentido volvió a su segundo de a bordo, Tomás Zerón, un sospechoso buscado en todo el mundo.

Tres platos fuertes. Tres banderas brillantes, lucidoras, en manos del presidente Andrés Manuel López Obrador, quien ha hecho del combate a la corrupción el leitmotiv de su gobierno, y que seguramente explotará durante meses.

Además de posibles prácticas corruptas, los tres asuntos comparten una característica: los tres se refieren al pasado. Al pasado reciente, pero pasado. Esto se acomoda muy bien al estilo personal de gobernar –con perdón de don Daniel Cosío Villegas– del presidente López Obrador. Ahora sí puede decir con fundamento que esta trilogía le viene como anillo al dedo.

Aclaro: el castigo a las prácticas corruptas en deterioro de la nación, hayan sido cometidas en cualquier momento, deben ser perseguidas y castigadas. Es lo correcto y debe hacerse. Sin embargo, decíamos, los tres ases salidos de la manga del Presidente se refieren al pasado, y es de temerse que desvíen la atención de dos momentos ineludibles: el presente y el futuro. Otra vez nos distraeremos o intentarán distraernos con asuntos del ayer, cuando el hoy y el mañana nos enfrentan a una crisis sin precedente desde la gripe española (1918) y la gran recesión de 1929.

Las cifras de la pandemia del coronavirus resultan aterradoras. El número de contagios y fallecimientos se dispara de forma hasta ahora incontrolable, haciendo caso omiso a las declaraciones acerca de haberla domado y de llegar al punto más alto. Las tercas estadísticas, o, lo que es lo mismo, la realidad, no escuchan tales anuncios optimistas.

Debido a la debilidad de la economía del país antes de declararse la propagación del virus, se agravó una situación ya de por sí mala. Millones de compatriotas han perdido el empleo y el número de pobres crece de manera exponencial. Y no se trata de un problema temporal. Las predicciones sobre el desempeño de nuestra economía resultan desalentadoras, pues se habla de una caída de más de 10% del Producto Interno Bruto en este año.

Investíguense y castíguense las corrupciones del pasado, sin que ello nos distraiga de un presente y un futuro que requieren de la máxima atención y del máximo esfuerzo, pues las noticias escandalosas no disminuirán el número de muertos por la pandemia ni llevará una tortilla a la mesa de los más pobres.
12 Julio 2020 04:00:00
Después de la pandemia
La pandemia del coronavirus expulsó a más de media humanidad de la zona de confort donde se había instalado. De pronto, una amenaza venida de oriente transformó la vida de millones de personas de todo el mundo, enfrentándolas a situaciones inéditas, nunca imaginadas en las peores pesadillas ni en las más imaginativas películas sobre el final de la civilización y la ruda existencia de los escasos sobrevivientes.

El coronavirus, por decirlo de alguna manera, nos arrancó del siglo 21 y nos trasladó, atónitos y temerosos, a la Edad Media y sus devastadoras pestes. Al hacerlo, desmintió certezas en las que apoyábamos nuestro diario existir. Derrumbó también algunos de los mitos más arraigados con su espantosa democratización de la enfermedad y la muerte.

Por decirlo de alguna manera, democratizó el miedo. Nadie, por rico y poderoso que sea, está a salvo. Y la demostración de ello es que la más admirada potencia económica y militar el orbe, Estados Unidos, está convertida en un incontrolable foco de infecciones. No hay diferencia entre la orgullosa Nueva York y cualquier aldea perdida en cualquier montaña. Aunque quizá no sea así. Posiblemente la impresionante Gran Manzana resulte más vulnerable al ataque silencioso e invisible del virus que una pequeña aldea.

Con la pandemia, volvimos –igual que los hombres del paleolítico– a buscar refugio en una cueva. Claudicamos de nuestra calidad de zoon politikón (animales civilizados pertenecientes a una sociedad), del que hablaba Aristóteles. De un día para otro el prójimo, el vecino o incluso el pariente se transformaron en una amenaza, de la cual es aconsejable mantenerse aparte. Al fin de cuentas, todos somos un peligro.

El encierro obligado para muchos hizo trizas las rutinas y el hombre, que es un animal de costumbres, como diría Charles Dickens, prisionero entre cuatro paredes hubo de rediseñar su transitar del día. Esto trajo cambios profundos. La violencia familiar aumentó, según delatan las estadísticas, al igual que los estados depresivos.

Todo lo anterior nos lleva a plantearnos dos preguntas, por lo menos. ¿Seremos lo mismo después de que termine el peligro? ¿Qué efectos tendrá esto cuando ocurra el regreso al cada vez más distante regreso a “la normalidad”?

Necesariamente la pandemia habrá de provocar cambios en nuestro comportamiento y en nuestra forma de conducirnos, porque, sin lugar a dudas, no seremos los mismos después de la experiencia. Antes de que gane el olvido nos sentiremos más inseguros, más indefensos y confiaremos menos en que la ciencia y los avances tecnológicos son armas eficaces para luchar por nuestra supervivencia. Quizá esto nos vuelva también más humildes al derrumbarse las murallas de soberbia tras las cuales un gran número de personas atrincheran sus egos. No hay muralla ni torre de marfil que valga. Estamos desarmados ante la amenaza de la tragedia.

Ocurra de lo que haya de ocurrir, lo cierto es que habrá un antes y después de la pandemia. Pero seamos optimistas y pensemos que la humanidad habrá aprendido varias lecciones durante estos últimos meses.

Una de estas lecciones, posiblemente la más importante, es el convencimiento de que como seres humanos nadie, ni un grupo, país o continente, es una isla, como bien lo dijo el poeta John Donne:

“Ninguna persona es una isla,/la muerte de cualquiera me afecta,/porque me encuentro unido a toda la humanidad;/por eso nunca preguntes/por quién doblan las campanas/están doblando por ti”.
09 Julio 2020 03:55:00
No lo puedo creer
“No estemos pensando en forma egoísta, en forma individualista, ¿qué voy a hacer…? Imagínense lo que hacían quienes lucharon en otros tiempos por la libertad, por la justicia, por la democracia, por la soberanía: ¿qué estaban esperando?, ¿que tuvieran sus computadoras para luchar, para transformar?”

Andrés Manuel López Obrador, Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, al hablar de la reducción del número de computadoras en la Secretaría de Economía debido a la austeridad republicana.

¿Es una broma, verdad? Seguramente nunca lo dijo. Debe de ser un infundio más inventado por los conservadores, los fifís, la mafia del poder –que ahora anda en Washington, por cierto–, los liberales, los periodistas chayoteros y demás fauna furiosa por la pérdida de los privilegios que gozaban. Pero ahora sí se pasaron de la raya al poner en boca de López Obrador semejante barbaridad.

Sí, es cierto, alguna vez sufrió un patinazo mental al decir que México tenía hasta universidades hace 10 mil años, mientras los bisontes pastaban en los llanos de lo que hoy es la Quinta Avenida de Nueva York. Cualquiera comete errores. Más, alguien que habla y habla ante los micrófonos al menos dos horas diarias en las conferencias mañaneras.

No es posible que el jefe del Ejecutivo Nacional haya superado las marcas dejadas por algunos de sus antecesores, como Enrique Peña Nieto con aquello de que “Estamos como a un minuto de aterrizar… no, menos, como a cinco”. O incluso Luis Echeverría Álvarez, a quien se le  atribuye la críptica frase: “Ni nos beneficia ni nos perjudica, sino todo lo contrario”.

Esas expresiones habían sido merecidamente consagradas en el libro de récords de la Presidencia de la República. Ahora los enemigos de la 4T y de su creador nos quieren hacer creer que este superó esas al parecer imbatibles plusmarcas presidenciales. No puede ser. ¿Cómo van a creer que el tabasqueño sea capaz de comparar a un burócrata de la Secretaría de Economía con José María Morelos y Pavón o Vicente Guerrero, que lucharon por la independencia privados del uso del Facebook, el WhatsApp o el Twitter?

Insisto: me niego a creerlo. Acudid en mi auxilio Epigmenio Ibarra, John M. Ackerman  y Gibrán Ramírez. Ustedes, siempre tan imparciales, que jamás se prestarían a ser voceros de López Obrador, despejen esta terrible duda que me acongoja. ¿Es mentira, verdad? Nadie con dos dedos de frente, como nos decía la profesora Amador en tercer año de primaria, se atreve a establecer comparaciones entre un empleado federal del 2020 con don Melchor Ocampo o Ignacio Ramírez, quienes se veían en la necesidad de escribir a mano cartas, en lugar de comunicarse mediante una videoconferencia.

¿Acaso no me escuchan Ackerman, Ibarra y Gibrán? ¿Por qué tan callados, ustedes, siempre tan entusiastas a la hora de ondear la bandera lopezobradorista y salir en defensa de su amado líder? ¿Acaso debo dirigirme a Rafael Barajas, “El Fisgón”, para encontrar el desmentido del cual estoy urgido?

Me niego a creer que el Presidente haya sido capaz de minimizar la utilidad de las computadoras, gracias a las cuales millones de niños y jóvenes mexicanos pudieron continuar en línea sus clases durante la larguísima cuarentena impuesta por la pandemia.

Silencio, me rindo. No habiendo quién desmienta la noticia, me temo que el Presidente sí dijo lo que dicen que dijo, y ahora un servidor no sabe si reír, llorar o estornudar. Ni modo, aquí nos tocó vivir.

05 Julio 2020 04:05:00
Las consortes y su papel
Sara Sefchovich es autora de un libro que en su momento alcanzó gran éxito: La Suerte de la Consorte. En él, la autora se adentra en un terreno hasta entonces, y aún hasta hoy, prácticamente inexplorado, pues nadie, que yo recuerde, además de ella, se había preocupado por investigar y reseñar las vidas de las esposas de los mandatarios mexicanos. Hay claro, dos excepciones, que son, a la vez, las dos caras de la moneda de un mismo momento histórico, doña Margarita Maza de Juárez y la emperatriz Carlota. Sobre ambas hay abundante cantidad de textos y hasta una gran novela, Noticias del Imperio, de Fernando del Paso.

Pero, ya se decía, son excepciones, pues del resto de las esposas de los presidentes de la República, e incluso de la del emperador Iturbide, se sabía muy poco. Naturalmente, a las de la época reciente se les recuerda a veces por su discreción, como Paloma Cordero de De la Madrid. A otra, por su frivolidad y excesos, Carmen Romano de López Portillo, quien exigía hubiera un piano de cola en las suites de los hoteles donde se hospedaba. O bien, a causa de su nacionalismo al límite: fue el caso de la “compañera” Esther Zuno de Echeverría.

La protagónica Martha Sahagún de Fox se distinguió a causa de su desmedida ambición, la cual, se decía, la llevó a soñar en ser la sucesora de su esposo. Sin embargo, ninguna de ellas se vio envuelta en un escándalo del calado de la Casa Blanca, como la actriz Angélica Rivera, esposa sexenal de Enrique Peña Nieto.

Ahora, Beatriz Gutiérrez Müller, esposa de Andrés Manuel López Obrador, quien abdicó al trato de Primera Dama, se ha visto en el ojo del huracán mediático en dos ocasiones tras caer en la trampa de la inmediatez de las redes sociales. Primero fue el veto a Chumel Torres, un conductor de la televisión, a quien invalidó como participante en un foro sobre racismo organizado por el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred).

Como se sabe, el tuit de la señora Gutiérrez Müller produjo la caída de la directora del Conapred y la suspensión del programa que conducía Chumel en un canal de televisión. Incluso estuvo en peligro –y quizá todavía lo esté– la supervivencia del organismo, cuya existencia dijo desconocer el Presidente.

Un tuit más de la esposa de López Obrador, este en un intercambio de mensajes con otro tuitero, volvió a levantar polvareda. La desafortunada respuesta de la señora Gutiérrez Müller a una persona que le preguntaba cuándo vería a los padres de los niños con cáncer que reclaman la falta de medicamentos, llegó hasta las páginas del The New York Times, mientras los medios del país y las redes sociales registraron un tsunami de mensajes y opiniones afeándole su falta de sensibilidad.

Fue, sin duda, una imprudencia, la cual hizo deslucir la ceremonia con la que López Obrador celebró el segundo aniversario de su triunfo en las urnas. Es de creerse que la señora del Presidente se está dejando influir por el ambiente de confrontación nacional, el cual se encarga de atizar su esposo en las conferencias mañaneras.

Esta atmósfera de enconos y el maniqueísmo del discurso presidencial –están conmigo o contra mí– ha contaminado al país y puesto a la defensiva a quien, por su posición y relevancia, debiera ser modelo de firmeza, sí, pero también de ecuanimidad. Deje la señora la pintura de guerra para los políticos amantes de la confrontación. No debiera ser lo suyo y, como se ha visto, nada bueno le acarrea.
02 Julio 2020 04:05:00
La historia se repite
Morena empieza a mostrar los síntomas de la enfermedad que ha impedido en México la consolidación de un movimiento político de izquierda: la fragmentación a causa de los pleitos internos. Sucedió en los viejos tiempos del Partido Comunista, donde era frecuente la expulsión de los miembros, incluyendo algunos de primera línea, como Diego Rivera y José Revueltas, para citar solo a dos.

El síndrome de la fragmentación ocurrió igualmente en el Partido de la Revolución Democrática. Allí, las tribus se devoraron unas a otras, y de esas escisiones nació Morena, que hoy parece tomar el mismo camino que puede conducirlo a una crisis en la selección de candidatos para las elecciones del año próximo.

En la cúpula del partido, el actual dirigente Alfonso Ramírez Cuéllar acusa a su antecesora, Yeidckol Polevnsky, de un fraude por cerca de 400 millones de pesos, pagados a empresas que no hicieron los trabajos para los cuales fueron contratadas. Este pleito ha dividido a los morenistas, pues mientras algunos apoyan a la exlíder, otros se han sumado a las filas de los defensores de Yeidckol Polevnsky, entre ellos el senador coahuilense Armando Guadiana Tijerina. Sea cual sea el rumbo que tome la acusación, la fractura está hecha y resultará difícil una cicatrización efectiva.

Por su parte, el diputado Porfirio Muñoz Ledo, uno de los políticos mexicanos más experimentados, arremetió contra “lambiscones y corruptos” de Morena, que “se someten a la línea para conseguir un hueso”. Y urgió al presidente del organismo político a elaborar un programa del partido, ya que el existente es solo un escrito de nueve páginas que, dijo, “no se sabe ni quién las escribió”. Además, trazó una línea divisoria entre los “lambiscones y corruptos” y los “congruentes”, que luchan por la preservación “de los principios que la gente aprobó”.

Y si esto fuera poco, furioso a causa de la entrevista concedida por el líder del Senado, Ricardo Monreal, al satanizado periodista Carlos Loret de Mola, el infumable John Ackerman, casi exigió a los senadores defenestrar a Monreal y buscar un nuevo líder. “¿Qué esperan para renovar su coordinación?”, escribió en un tuit.

Dolido por las revelaciones de Loret de Mola acerca de las propiedades adquiridas por él y su esposa, la secretaria de la Función Pública, Irma Eréndira Sandoval, lo cual no ha podido o no ha querido aclarar, acusó a Monreal de “hacerle el caldo gordo” al periodista.

No fue lejos por la respuesta de los senadores de Morena. Estos hicieron un frente prácticamente sin fisuras en defensa de su líder, mientras Monreal se negó a entablar una polémica con miembros de su propio partido.

La historia se repite, aunque es necesario marcar diferencias: los militantes del viejo Partido Comunista Mexicano basaban sus diferencias por cuestiones ideológicas. Hoy es distinto. Los morenos, o la mayoría de ellos, por lo menos, sacan los machetes y buscan enemigos entre sus compañeros en un pleito descarnado por el poder. La excepción es, quizá, Porfirio Muñoz Ledo, a quien preocupa la ausencia de un proyecto de nación.

Dice el dicho que mal empieza la semana a quien ahorcan el lunes. Aplicado a Morena, puede parafrasearse señalando que mal empiezan el sexenio quienes ya están enfrascados en luchas a muerte cuando están a menos de dos años de haber tomado el poder. No se necesita ser profeta para augurar que esta rebatiña terminará, no como el rosario de Amozoc, sino como el rosario de Amlozoc.



28 Junio 2020 04:00:00
Desafío al Gobierno
El atentado contra el secretario de Seguridad Ciudadana de la Capital de la República, Omar García Harfuch, no es uno más de los hechos de violencia registrados en el país, que en algunos lugares se han convertido en pesadilla cotidiana. No. Lo ocurrido el viernes por la mañana en el Paseo de la Reforma es un desafío directo, sin ambigüedades, al Gobierno.

El número de delincuentes participantes y el armamento utilizado fueron una demostración del poder alcanzado por las bandas criminales, en lo que, desgraciadamente y sin exageraciones, puede considerarse una declaración de guerra en toda forma. Ni más ni menos.

Además, por supuesto, de evidenciar el rotundo fracaso de la estrategia para enfrentar el problema. Luego de lo ocurrido, la propuesta presidencial de “abrazos, no balazos”, así como la amenaza de acusar a los delincuentes con sus mamás y sus abuelitas, abandonaron la esfera de las ocurrencias ridículas para convertirse en flagrantes demostraciones de impotencia y en burlas sangrientas.

El ataque en el que murieron tres personas y resultó herido el secretario de Seguridad Ciudadana, obliga al presidente Andrés Manuel López Obrador y a su Gabinete a replantearse el gravísimo problema y la manera de hacerle frente. Porque si el vehículo blindado en el que viajaba el funcionario sufrió serios daños, los disparos y las granadas fueron, en otro sentido, un torpedo que explotó bajo la línea de flotación de la nave del Estado.

Ya no hay excusas ni pretextos. Tampoco cabe salir a buscar culpables en el pasado. Nada valen las palabras y las evasivas. Si el Presidente sentenció la existencia de dos posiciones, o se está a favor o en contra de la 4T, la mañana del viernes, en el emblemático Paseo de la Reforma, un cártel de la droga –el de Jalisco Nueva Generación, según García Harfuch– le gritó, no que está en contra de la transformación, sino que está en contra de su Gobierno y dispuesto a medir fuerzas.

Así de claro.

Desde meses atrás, con la escalada de la violencia y los números de espanto que arrojan las estadísticas, algunos analistas señalaron la necesidad de dar una sacudida al Gabinete de seguridad con el que el Presidente se reúne todas las mañanas. Ya no hay duda: el Gabinete es inoperante. Su probada ineficacia demanda una reestructuración a fondo. Si varios de quienes lo componen tuvieran una pizca de vergüenza, ya hubieran presentado su renuncia.

Señor Presidente, olvídese, por favor, de las elecciones del año próximo y de la revocación de su mandato. La cascada de problemas que se abate sobre al país: pandemia, crisis económica e inseguridad, para citar solamente tres, ya está aquí. Poco le importe si su partido pierde la mayoría en la Cámara de Diputados o si su popularidad va en caída libre. El país sufre cuarteaduras que ponen en peligro su estabilidad y usted corre el peligro de que se le desmorone en las manos.

Es verdad, nadie podía prever la acumulación de circunstancias adversas que se nos vino encima, pero usted buscó ser Presidente, no de Suiza, ni de Jauja, ni de Disneylandia, sino de una República llamada Estados Unidos Mexicanos, secularmente plagada de pobres, aquejada de carencias, llena de defectos. Nadie le obligó estar a donde llegó. Es su responsabilidad. Y si fracasa, la historia no va a culpar a los a los conservadores, a los malos periodistas o a los ricos. No señor, la historia lo culpará a usted. Solamente a usted.

25 Junio 2020 04:00:00
Políticamente incorrecto
Lo políticamente correcto está siendo llevado a extremos ridículos. Para muestra basta un botón: medios informativos españoles difundieron la noticia de que “muchas personas han exigido que se retiren las pinturas de la cueva de 30 mil años– por considerarlas que hacen apología de la tortura animal”. Y agregan: “Diversos grupos opinan que estos ejemplos de arte rupestre perpetúan el maltrato animal y han hecho presión para que se borren”.

Quienes hicieron las pinturas eran personas pertenecientes al paleolítico. Ahí representaron lo que para  ellos era una ocupación indispensable para su supervivencia: la cacería de bisontes y otros animales. Quienes a 300 siglos de distancia los critican, seguramente compran la carne en el supermercado sin tener que salir a acechar a un antílope en la espesura del bosque.  

Los quejosos se refieren, por supuesto, a la copia de las pinturas de la gruta, la cual se encuentra cerrada al público debido a que las turbas de turistas les estaban causando deterioros con solo la humedad de sus cuerpos. El aumento de las manifestaciones de inconformidad, señala la noticia, obligó al cierre temporal de la cueva.

Mientras, en Estados Unidos se ha desatado una controversia acerca del diseño de la caja de la harina para hot cakes Aunt Jemima, donde aparece una mujer de color, la cual algunos consideran un estereotipo ofensivo para la dignidad de los afroamericanos de hoy.

Esta revisión del pasado trajo también la destrucción de estatuas de personajes históricos “políticamente incorrectos” y hasta el retiro del catálogo de la película Lo que el Viento se Llevó, por mostrar la esclavitud como un uso normal antes de la Guerra de Secesión de Estados Unidos.

Al paso que vamos, será necesario borrar la historia, a fin de evitar malos ejemplos a las nuevas generaciones. Habrá que empezar con el retiro de los esclavos de Miguel Ángel conservados en la Academia de Florencia y en el Louvre y, por supuesto, sacar de los museos las numerosas versiones del rapto de las Sabinas, empezando con la escultura de Bernini y el cuadro de Louis David, también en el Louvre.

Todas estas obras de arte, que se cuentan por docenas, resultan, a ojos de los timoratos que les parecen inapropiadas las pinturas de Altamira, una apología de la violencia contra las mujeres. Sin olvidar la necesidad de retirar de las miradas del público las pinturas que tratan sobre Susana y los viejos, pues pueden alentar el voyerismo. Ni modo, señor Tintoretto y doña Artemisia Gentileschi, sus pinturas resultan políticamente incorrectas.

Hay que estar, como el que más, contra el racismo, la violencia contra las mujeres y cualquier forma de discriminación. Sin embargo, es igualmente necesario condenar la beatería de lo “políticamente correcto”, que al paso que vamos acabará por exigir que se borre toda la historia de la humanidad, cuyo comportamiento ha sido las más de las veces muy poco edificante.

Y también, por cierto, quemar los libros que asimismo resultan también políticamente incorrectos, empezando con Platón, que en su República la emprende contra los poetas y aconseja desterrarlos.

Esto es el cuento de nunca acabar. Mientras tanto, los políticamente correctos matan sus horas de ocio viendo series sobre narcotraficantes o películas como las de Quentin Tarantino, donde hasta el camarógrafo y el guionista resultan muertos a balazos o despedazados por una bomba.


21 Junio 2020 03:59:00
Cómo hace falta
El 19 de junio de 2010 se silenció para siempre una de las inteligencias más lúcidas y una de las voces más atendibles de México. Ese día murió Carlos Monsiváis. Acababa de cumplir 72 años. Cronista de la Ciudad de México y agudo observador de la realidad, su interés por las expresiones culturales cumplían una amplia gama que iba de los más altos registros hasta lo popular.

Dueño de una impresionante erudición, lo mismo escribía sobre los poetas del siglo 19 y desmenuzaba, con igual rigor y respeto, las canciones de José José y su éxito en la sociedad de su tiempo, o escribía una crónica soberbia, insuperable, sobre el temblor que sacudió a la capital de la República en 1985.

Apasionado del cine, recordaba, casi se diría que cuadro por cuadro, aquellas escenas de las películas que más le habían impresionado. Incluso actuó en varios filmes. Recuerdo ahora el Santa Claus borracho en Los Caifanes. Pero lo mismo le apasionaba la lucha libre.

El mejor monumento a esa versatilidad, a esa capacidad de su visión periférica está en el museo El Estanquillo de la Ciudad de México. Allí conviven sus variadas y contrastantes colecciones. Porque, además, Monsiváis fue un coleccionista obsesivo, en el mejor sentido del término, lo cual le permitió salvar del naufragio del olvido fotografías, pinturas, grabados y mil cosas más.

Todo lo que le dijera algo del pasado –y también del presente– de la Ciudad de México lo conservaba como testimonio histórico, así fueran antiguas tarjetas postales coloreadas con acuarela encontradas en un cajón de zapatos en el Mercado de La Lagunilla.

Ejercía su sentido del humor en la disfrutable sección “Por mi madre, bohemios”, publicada semanalmente por la revista Siempre! Allí dejaba constancia de los dislates o excesos retóricos de un orador o de textos despeñados hasta el fondo de la cursilería.

Generoso como pocos, dictaba cientos de conferencias a lo largo y ancho del país ante públicos nutridísimos. Armando Guerra Guerra, su amigo de muchísimos años, lo invitó a comentar no recuerdo qué película en el cineclub que fundamos en Monclova a fines de los años 60 del siglo pasado. Ese cineclub era digno de Ripley –aunque usted no lo crea– por ser el más pobre de la historia, pues carecía de patrocinadores.

Armando y quien esto escribe recogíamos en la estación de camiones los rollos de las películas que nos prestaba la Universidad Nacional Autónoma de México. El entonces muy joven, pero ya famoso Carlos Monsiváis llegó a Monclova en un autobús de la compañía Anáhuac, línea entonces involucrada en una feroz competencia con la Flecha Roja, disputándose el título de peor servicio de transporte de la República Mexicana. Esa noche, no para lucirme como anfitrión sino por falta de dinero, cenamos en mi pequeño
departamento.

Acotación al margen: Terminada la función en el Teatro del Seguro Social, donde se proyectaban las películas, se nos unió Arturo Ruiz Higuera, escritor y maestro de la Escuela de Derecho, quien había viajado de Saltillo solo para escuchar a Carlos. Fue la última vez que lo vi, pues murió poco después.

En 1989 Monsiváis volvió a Saltillo a participar en el ciclo de conferencias organizado con motivo del centenario del nacimiento de don Julio Torri. Era el mismo que conocí 20 años atrás. En estos tiempos tan confusos, de cambios en ocasiones tan desconcertantes, cómo hace falta la pluma, la aguda visión y el juicio certero, a veces implacable, de Carlos Monsiváis.
18 Junio 2020 04:07:00
La nostalgia como forma de gobierno
El presidente Andrés Manuel López Obrador, tan amante de utilizar viejas expresiones coloquiales caídas en desuso, así como dichos populares, parece no conocer, u olvidó, el escuchado hace años en tierras de Castaños puesto en boca de un yuntero, quien decía a su ayudante: “No voltees para atrás, porque se nos enchueca el surco”. De forma más elegante, un político francés, entrevistado a propósito de cierto acuerdo de su país con Alemania, le preguntaron cómo era posible que Francia se mostrara tan amistosa con uno de sus enemigos tradicionales, desde la guerra franco-prusiana hasta la Segunda Guerra Mundial. Sin inmutarse, respondió: “Cuando conducimos nuestro automóvil, los franceses echamos muy de vez en cuando un vistazo al espejo retrovisor, pues lo importante y recomendable es ver hacia adelante”.

La recomendación del yuntero y del político galo es pertinente para alguien que, como decían los clásicos, está al frente del timón de un país. López Obrador, en cambio, gusta -para algunos en exceso- hacer referencias al pasado. Igual al inmediato, para culpar a sus antecesores de los problemas que aquejan a la nación, como a personajes y hechos históricos: la Independencia, la Reforma y la Revolución.

Incluso en el logotipo de la 4T, de los cinco personajes que aparecen el más chavo es el general Lázaro Cárdenas, cuyo acto de gobierno modelo a seguir por el actual régimen, la expropiación petrolera, data de hace más de ocho décadas, 82 años, para ser precisos. Del resto, Hidalgo y Morelos escribieron su parte de la historia en el siglo 19, y solo Madero, como Cárdenas, pertenece al siglo pasado.

Por ello no es de extrañar que los principales proyectos de la actual Administración despidan un fuerte olor a museo en un mundo cambiante empujado por los avances tecnológicos: petróleo, carbón y ferrocarriles. No a la energía solar o eólica, a la que hoy por hoy apuesta el resto del mundo: No, la Comisión Federal de Electricidad usará combustóleo y carbón. ¿Energía limpia? ¿Qué es eso?

De allí también la construcción de la discutidísima refinería de Dos Bocas, a la cual se agregó ya la rehabilitación de La Cangrejera y del Tren Maya. Por cierto, al dar el banderazo de inicio de las obras de este ferrocarril, fue penoso ver cómo se ponía en movimiento un convoy compuesto por carros maltratados, ya muy traqueteados, cuya presencia borraba cualquier asomo de modernidad. Únicamente faltó que la máquina fuera de vapor, para completar la escenografía.

Con un país enfrentado a una pandemia que asuela a todo el orbe, problemas capaces de hacer añicos nuestra de por sí ya endeble economía y la violencia en su punto más alto, el Presidente nos receta un decálogo derivado de su vacuna contra el coronavirus: no ser corrupto y portarse bien. Esperemos que la vacuna lopezobradorista sea más efectiva que su fórmula para combatir la delincuencia con abrazos y no balazos.

El pasado, se afirma, es un buen lugar para ir de visita, pero no para quedarse a vivir en él. Hay que ver hacia adelante, señor Presidente -dicho sea con todo respeto-, pues por tanto voltear hacia atrás se nos va enchuecar el surco, o sea, el futuro.


Lo bueno de ser pobre

Nuestro Primer Mandatario descubrió una de las grandes bondades de la pobreza: nada más a quienes tienen bienes los secuestran. Bonito consuelo para quienes el salario, si lo tienen, no les alcanza ni para comer. Además, ya se sabe, los ricos también lloran.
14 Junio 2020 04:05:00
Inventando enemigos
La revelación de la existencia de un Bloque Opositor Amplio (BOA) dado a conocer por el presidente Andrés Manuel López Obrador sin medir que se asomaba peligrosamente al precipicio del ridículo, ha sido interpretada de distintas maneras.

No pocos la consideran repetición del numerito, ya muy ensayado por el tabasqueño, de distraer a la opinión pública de los verdaderos problemas de México: fracaso de las medidas contra el coronavirus y la obstinación del maldito bicho en no aplanarse ni dejarse domar, el incremento de la violencia y el quebranto económico que ha disparado el desempleo, y por consiguiente, la pobreza.

Jorge Castañeda percibe en el anuncio un signo de la desesperación del Presidente al contemplar la caída de su popularidad, la cual posiblemente se vea reflejada en las elecciones del año próximo con la pérdida de Morena de la mayoría en la Cámara de Diputados. Castañeda remata magistralmente el artículo en el que hace referencia a la preocupación presidencial, diciendo del Bloque Opositor lo que Voltaire dijo de Dios: “Si Dios no existe habría que inventarlo”.

Otros consideran que la “revelación” –ofrecida al periódico El Universal un día antes de hacerse pública en la mañanera– es una forma de amedrentar a los críticos del régimen. López Obrador reiteró días después la amenaza al parafrasear la sentencia del Catecismo del padre Ripalda: “Fuera de la Iglesia no hay salvación”, que él tradujo, aplicando su obsesivo binomio de liberales y conservadores: “Se está con la transformación o se está en contra”.

También es probable que, aun sin haberlo leído, López Obrador pusiera en práctica la frase de don Jesús Reyes Heroles: “Lo que se opone, sostiene”. Y así es. Cuando los regímenes autoritarios o con vocación autoritaria ven erosionarse las bases que los sostienen, acuden al probado truco de señalar a un opositor capaz de fortalecer la lealtad de sus simpatizantes.

Nada nuevo. Así lo hizo durante décadas Fidel Castro, culpando de todos los males de Cuba al imperialismo yanqui. Esta receta es seguida hoy al pie de la letra por Nicolás Maduro en Venezuela y varios de sus colegas. Sin embargo, nuestro Presidente está en desventaja.

Él no puede apuntar hacia la Unión Americana y maldecir al imperialismo yanqui. Él es “amigou” del presidente Donald Trump, a quien ha hecho grandes servicios, como el de levantar un muro de guardias nacionales en las fronteras a fin de evitar el arribo de gente indeseable al país vecino.

Últimamente, según se reconoció oficialmente, México congeló cuentas bancarias de personajes presuntamente ligados al Cártel Jalisco Nueva Generación a pedido de las autoridades estadunidenses. “We are here to help with any questions you may have, mister”. (Perdón, olvidaba que AMLO no habla inglés. Entonces habrá que decir a Mr. Trump: “Pa´ lo que usted guste mandar, señor”).

El imperialismo yanqui y sus bien conocidos abusos han constituido por siglos un enemigo muy a la mano; ya José Martí hablaba de haber conocido “las entrañas del monstruo”. Así, a la imposibilidad de elegirlo como su contrincante, López Obrador se ve obligado a buscar o inventarse enemigos en el vecindario: los conservadores, los fifís, los periodistas chayoteros, los intelectuales privilegiados, los corruptos, los neoliberales, los gobernadores que no son de Morena, los empresarios y, bueno, hasta el payaso Brozo y una larga lista más. Todos ellos ya organizados –o hechos bola, si usted lo prefiere– en el imaginado BOA.
11 Junio 2020 04:00:00
Aclarando
Un amigo me comentó la publicación en un periódico digital publicado en Facebook en donde se hablaba de un asunto relacionado con quien esto escribe. Según el autor del artículo, don Óscar Flores Tapia, ya exgobernador del Estado, montó en cólera cuando empecé a colaborar en un periódico con el que había tenido graves diferencias en el tramo final de su Gobierno, lanzando insultos contra mi persona.

Tal aseveración me sorprendió, pues don Óscar jamás me reclamó o recriminó que me reintegrara a la que ha sido una de mis ocupaciones desde hace ya 60 años. ¡Y vaya si tuvo oportunidad de hacerlo! Nos veíamos frecuentemente, casi a diario cuando preparaba su libro López Portillo y Yo. En ese tiempo, al terminar las clases en la universidad me iba a su biblioteca. Él, con la envidiable facilidad que siempre tuvo para redactar, le dictaba a una mecanógrafa. Ella me pasaba las cuartillas y yo, a veces, proponía algún cambio de puntuación o en la construcción de una frase. En la dedicatoria del ejemplar que me obsequió, generosamente hizo referencia a esa mi muy modestísima colaboración.

Tiempo después seguramente no dudó de mi lealtad al pedirme pronunciara el discurso en la ceremonia organizada por el Ayuntamiento de Saltillo, presidido por Rosendo Villarreal Dávila, al imponerle su nombre a la pequeña calle donde nació. Me sentí sumamente honrado al intentar en aquella ocasión una semblanza suya, resaltando el gran amor que había sentido siempre por Saltillo y el mucho bien que hizo por su ciudad natal durante su gestión al frente del Gobierno.

De haber existido, como se dijo, algún resentimiento, no lo compartió con su familia, pues a sugerencia de sus hijas fui invitado a pronunciar unas palabras frente a su tumba al cumplirse el primer aniversario de su fallecimiento. Años después, al enterarse de que estaba escribiendo un libro sobre su padre, Óscar Flores Tapia.

Instantáneas para una Biografía, su hija Rosa del Tepeyac, a la sazón directora de Instituto Coahuilense de Cultura, se ofreció a coeditarlo con Miguel Ángel Porrúa.
Y no solo eso, Rosa del Tepeyac también se ocupó de organizar la presentación en el patio del Palacio de Gobierno. Esa noche tuve la oportunidad de compartir la mesa con quien fuera uno de sus grandes amigos, el ya desaparecido don Mario Moya Palencia, secretario de Gobernación en el sexenio de Luis Echeverría Álvarez.
Una de mis mayores emociones y alegrías de la presentación fue ver a su viuda, esa gran dama que fue doña Isabel Amalia Dávila de Flores Tapia, ocupando el lugar de honor que le correspondía al centro de la primera fila y a un lado del entonces Gobernador, el licenciado Enrique Martínez y Martínez.

Aún hasta hoy me honro en conservar una magnífica relación con sus hijas, Rosita y Julia Isabel, e incluso con una de sus nietas, sin haberles oído nunca un reclamo y sí recibir de ellas innumerables muestras de cariño.

Por lo anterior y muchas cosas más, me extrañó el presunto resentimiento de don Óscar, con quien me unió una estrecha amistad durante 30 o 40 años, iniciada mucho antes de su ascenso en la política nacional. Amistad sin ninguna arruga y de mutuo respeto, aunque, como es natural, no siempre coincidíamos en nuestros puntos de vista. Le recuerdo siempre con afecto y gratitud, porque mucho le aprendí y me distinguió con sus atenciones. Fue uno de esos amigos que se cuentan con los dedos de una mano.

Como dice el dicho: “Aclarando amanece”.
07 Junio 2020 04:00:00
Descontento contagioso
La amenazante presencia del coronavirus y el obligado aislamiento de la cuarentena han provocado una peligrosa atmósfera de crispación prácticamente en todo el mundo. Así se explican los brotes de violencia ocurridos en Estados Unidos después del asesinato del afroamericano George Floyd, asfixiado por un policía, y los habidos en México en las últimas semanas, cuya manifestación más grave fue el ataque del jueves anterior al Palacio de Gobierno de Guadalajara.

En ambos países la chispa que desató el incendio de la ira popular fue la brutalidad policiaca. En el vecino del norte a la bestialidad de las llamadas fuerzas del orden se agregó un ingrediente siempre explosivo: el racismo. Estados Unidos ha sido escenario desde hace décadas de violencia callejera por esta misma causa. Todavía se recuerdan los disturbios en el barrio de Watts, de Los Ángeles, California, desatados por un altercado de un grupo de vecinos con la policía que intentaba detener a un afroamericano que conducía una motocicleta.

Como en aquella ocasión, el vandalismo desatado en Los Ángeles, que incluyó incendios de inmuebles y de automóviles, puso en máxima alerta al Gobierno. En Washington, ante el temor de no poder contener a los manifestantes, la Casa Blanca quedó a oscuras y el presidente Donald Trump hubo de ser trasladado a un refugio subterráneo para protegerlo.

Ahora llama la atención que la muerte de George Floyd encontrara eco en numerosos países, en los que la gente salió a las calles a protestar contra el racismo. En Francia, los descontentos revivieron un caso similar al de Floyd, el de Adama Traoré, un afrodescendiente que murió en 2016 después de ser detenido por la policía. A los parisinos no les importó la orden de confinamiento del Gobierno a causa del coronavirus y se reunieron más de 20 mil que acabaron enfrentados con las fuerzas del orden.

Si bien en todos los casos brevemente reseñados los actos violentos fueron cometidos por policías, en el fondo se percibe un descontento generalizado con los respectivos gobiernos. Analistas estadunidenses consideran que una de las consecuencias de los disturbios será el desplome de la candidatura de Trump en las elecciones de noviembre.

Y no hay que olvidar que el asesinato de Floyd ocurrió, no en Washington, sino en Minneapolis y que los presuntos culpables del homicidio son policías municipales, con los que Trump no tiene ninguna relación. Algo similar sucede con el ataque al Palacio de Gobierno de Guadalajara, donde la turba prendió fuego a un policía. El motivo de la protesta fue Giovanni López, muerto después de ser detenido en el municipio de Ixtlahuacán de los Membrillos el 4 de mayo, también muy lejos de la sede de los poderes estatales.

Esto hace pensar que si los causantes de la ira popular son, en ambos casos, policías municipales, las manifestaciones están dirigidas a los jefes de Gobierno y con el afán, por supuesto, de atraer la atención de los medios.

¿Irritación por la deficiente forma de enfrentar la pandemia de parte de las autoridades? Quizá. Lo cierto es que el descontento –si ese es el motivo– resulta tan contagioso como el COVID-19, y es de temerse que se repita en distintas partes del país. ¡Cuidado! Más ahora que en México crece la desconfianza hacia las autoridades federales por la inconsistencia de las cifras que ofrece el cada vez más cuestionado vocero oficial y la incapacidad para “domar” la pandemia, como dice el Presidente.
31 Mayo 2020 04:00:00
¡Muera la inteligencia!
Al comentar con quien esto escribe los drásticos recortes presupuestales a los centros de investigación, Jean Meyer, pilar del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), recordó la muerte de Antoine Laurent de Lavoisier, padre de la química moderna, guillotinado en mayo de 1794 en la Plaza de la Concordia por una radicalizada Revolución Francesa.

Antes de condenarlo, el juez de la causa, después de escuchar los alegatos en favor del científico, pronunció una frase que pasó a la historia: “La República no necesita ni de científicos ni de matemáticos”.

Otros han traído a colación la frase atribuida al general franquista José Millán-Astray en la Universidad de Salamanca: “¡Muera la inteligencia!”, a la que, se dice, Miguel de Unamuno respondió: “Venceréis, pero no convenceréis”.

Quién sabe si ambas expresiones sean aplicables a la situación de México después de la decisión del Gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador de colocar en los límites de una precaria supervivencia a prestigiosas instituciones docentes y de investigación, como el propio CIDE, el Instituto Mora y el Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional (Cinvestav).

Resulta arriesgado afirmar que la situación actual merezca las palabras antes citadas, pero resulta indudable que la mejor apuesta de México para el futuro es la de la educación y la investigación científica, y los recortes presupuestales son un paso atrás.

La supresión de becas a alumnos de pocos recursos en esas instituciones, una de las consecuencias inmediatas de la medida, clausura el camino de la superación a cientos de jóvenes y desmiente el eslogan “primero los pobres”, una de las principales banderas de la cuarta transformación.

Hace años, una de las preocupaciones de México era lo que se llamó “la fuga de cerebros”, es decir, el empobrecimiento de la ciencia y la docencia en el país por la gran cantidad de estudiantes que emigraban al extranjero para cursar maestrías y doctorados, muchos de los cuales no regresaban.

Ahora se actúa al contrario. Las instituciones educativas mejor calificadas, faltas de recursos, probablemente empobrezcan la calidad de sus enseñanzas por la emigración de sus catedráticos hacia universidades privadas. Y esto, por desgracia, no es profecía, es una realidad, algo que ya está ocurriendo.

La ansiada reducción de la brecha existente entre ricos y pobres, otro de los plausibles anhelos de la cuarta transformación, se ensanchará con los recortes presupuestales, pues quienes tengan posibilidades enviarán a sus hijos a universidades privadas o a universidades extranjeras, lo cual impermeabilizará la ya de por sí poco porosa capa que permite la permeabilidad social y económica a través de la educación para quienes nacieron en situación desventajosa.

En otras palabras, la preparación educativa de mejor calidad se volverá exclusiva para los hijos de familias adineradas, mientras que millones de muchachos carentes de recursos económicos verán reducirse sus oportunidades de competir y superarse.

El Gobierno alega que se ve orillado a tomar estas medidas a causa de la pandemia del coronavirus. Si eso no es un pretexto sino una realidad, el Covid-19 no solamente nos costará muchas vidas y dará al traste con la economía. También clausurará el porvenir a toda una generación de mexicanos. ¿Acaso será más importante el Tren Maya que el destino de una generación de compatriotas?
28 Mayo 2020 04:00:00
Revolución de cempuasúchiles
Epigmenio Ibarra volvió a causar revuelo, ahora con la columna que escribe en un periódico de la capital donde incluyó un párrafo digno de ser citado íntegro:

“‘¿Transformación es un eufemismo?’, le pregunté a López Obrador mientras, el otro día, con la cámara al hombro, lo seguía haciéndole una entrevista. Se detuvo, lo pensó un poco. ‘El objetivo de una revolución -respondió- es la transformación’”.

Así, como se oye. Para que lo sepan, las elecciones de 2018 no fueron unas elecciones, fueron algo así como la toma del Palacio de Invierno, inicio de la Revolución Rusa, aunque Ibarra aclaró que la revolución amloísta será pacífica, no como la soviética, la francesa o la mexicana. Y no se detuvo allí, auguró que “México habrá de vivir días estremecedores y luminosos. La atención del mundo se volcará sobre nosotros”.

Las declaraciones reproducidas por Ibarra, íntimo amigo de López Obrador, me trajeron a la memoria una épica borrachera de hace muchos años. La reunión fue en una huerta en el municipio de Castaños. Los concurrentes, tres o cuatro amigos, algunos autodenominados de izquierda -si no me equivoco uno se decía maoísta- y el vecino de la huerta, un viejo ejidatario de nombre Bibiano, pero al que todos llamaban con afectuoso respeto don Bianito.

A uno de los concurrentes, tan radical en ideas políticas como por su manera de acabar con el tequila, las neuronas maltrechas por el alcohol lo devolvieron a Tlatelolco en ’68 y a la Revolución Cubana. Don Bianito escuchó atento la perorata del exaltado compañero de copas, y cuando este acabó de desenrollar su rollo, el viejo solo hizo un comentario.

-Ya no puede haber una revolución -dijo, dejando caer las palabras como para enfatizar su significado.

El de la perorata lo encaró, preguntándole, hasta eso, en forma educada:

-¿Por qué ya no puede haber una revolución, señor?

Sin inmutarse, don Bianito respondió contundente:

-Porque ya no hay caballos.

La inesperada salida provocó la risa de los presentes, quienes consideramos que don Bianito tenía una idea muy cinematográfica de una revolución. El viejo ejidatario se quedó en silencio. Con una mirada escrutadora barrió, por decirlo así, cada uno de los rostros de los concurrentes.

-Sí, ya no hay caballos -insistió- y viéndolo bien, ni cabrones que los monten.

Entonces, a falta de caballos y de cabrones que los monten, don Bianito dixit, la revolución pacífica anunciada por Epigmenio Ibarra deberá ser algo parecido a la revolución de terciopelo habida en la ya desaparecida Checoslovaquia, al sacudirse el yugo soviético, o semejante a la revolución de los claveles portuguesa. (Aquí, como somos nacionalistas, sería la revolución de los cempuasúchiles).

En lo que sí no hay duda, es en que el mundo ya se ha volcado varias veces sobre nosotros. Recientemente lo hicieron The New York Times, The Wall Street Journal, The Washington Post y El País, lo cual disgustó al Presidente. ¿No fue suficiente?

Un soñador

Compañeros de banca en el Colegio, nuestros intereses nunca coincidieron. Él, formal, serio, de pocas palabras, parecía un hombre ciento por ciento pragmático. Ideas falsas que se hace uno, pues sucede que Raúl de la Peña tuvo un sueño digno de un poeta: construir una escalera al cielo en la sierra de Zapalinamé. Y lo cumplió. Hoy siento doblemente su partida: porque ya no está con nosotros y porque nunca supe adivinar al hombre que en
24 Mayo 2020 04:00:00
Perro no come perro
En mis tiempos de reportero –¡ay!, hace muchos más años de los que yo quisiera– había una regla que era, por lo general, respetada por todos los miembros del gremio: “Perro no come perro”. En otras palabras, se consideraba tabú utilizar los espacios de los periódicos para atacar a periodistas.

Se permitía, sí, desmentir información proporcionada por otros colegas, siempre y cuando los desmentidos estuvieran sustentados por declaraciones de fuentes confiables, no fincados en opiniones personales. En la mayoría de los casos se evitaba citar al autor de la posible “fake news”, como ahora se dice, sustentada en datos no comprobados o en declaraciones malintencionadamente sesgadas.

Dirán que hablo de la prehistoria, y tendrán razón. Pero a lo largo de mi ya larga carrera en estas andanzas de la información, he intentado utilizar como guía de conducta la gráfica frase de “Perro no come perro”. Quizá merezca el adjetivo de anticuado o por lo menos de editorialista vintage.

Ni modo.

Será por eso o por lo que ustedes quieran, pero sentí desazón y tristeza al leer el tuit del productor de televisión y colaborador de un periódico de la capital, Epigmenio Ibarra, publicado la semana que hoy termina.

En el mensaje, Ibarra se lanza a la yugular de Carmen Aristegui, quien ha sido víctima de un feroz linchamiento en las redes sociales, donde, como solían decir mis tías, le han dicho hasta de lo que se va a morir.

La cobarde arremetida cibernética se desató a raíz de que Aristegui difundió información sobre el manejo de la agencia de noticias oficial Notimex, cuya directora, Sanjuana Martínez, además de despedir a miembros del personal sin liquidarlos conforme a la ley, dicta línea a sus “achichincles” para golpear a periodistas que osan no estar de acuerdo con la 4T.

Ibarra –eso sí, anteponiendo un hipócrita “querida” al nombre de Carmen– consideró que la queja de la periodista por la tempestad de insultos recibida resulta “desproporcionada y parcial” al considerarla un ataque a la libertad de expresión.

Rematando, sin venir al caso, que “el presidente López Obrador no hace sino decir sus verdades a una prensa que miente sistemática e intencionadamente”. Luego, para finalizar, lanza una pregunta fallidamente irónica: “Así es la democracia.

¿No te parece?”.

Uno esperaría que cualquiera de los paleros de las conferencias mañaneras del Presidente, como ese a quien apodan “La Molécula”, ocupante siempre de las primeras filas, se permita sin rubor quemar incienso a López Obrador y hacer preguntas a modo para propiciar lucimiento del tabasqueño.

“No cabe duda, en este mundo hay gente pa’ tó’”, como dicen que dijo Cagancho cuando vio a unos carmelitas descalzos.

No hay problema, es el señor Molécula. Pero que un hombre a quien siempre se ha considerado inteligente y creativo como Epigmenio Ibarra, minimice los arteros ataques contra Carmen Aristegui y su hijo, es harina de otro costal.

Uno esperaría –iluso que es uno– que hiciera gala de una pizca de solidaridad gremial y reprobara el linchamiento o, en el peor de los casos, optara por quedarse callado, así sea solo por recordar las calaveras que gustaban tener los monjes medievales sobre su mesa de trabajo con la inscripción “Como me ves te verás”.

Es una lástima que se haya perdido aquella regla de oro sobre la dieta aconsejada a los canes. Pues contemplar hoy día el espectáculo de morderse unos a otros resulta, para decir lo menos, de mal gusto, antiestético.
21 Mayo 2020 04:05:00
Cien años
El lugar, la hora y el clima eran el escenario perfecto para una tragedia de Shakespeare. Fue de noche, dicen unos; según otros, serían como las tres de la madrugada. Llovía. Las ráfagas de lluvia tamborileaban sobre los techos de palma de las chozas y formaban pequeños arroyos en el barrizal en que se había convertido la tierra. Aferrado a uno de los costados de la cañada de la sierra, el miserable caserío dormía azotado por el chubasco. De pronto, el silencio lo rompió brutalmente el chasquido de las detonaciones. Afuera de una de las chozas, el fulgor rojizo de los disparos rasgó la oscuridad. Se escucharon gritos destemplados. Se oyó un “¡Muera Carranza!”, que otras voces corearon con un obsceno rosario de insultos.

Dentro de la choza de paredes levantadas con varas y lodo, acribillado por las balas, un hombre agonizaba. Su respiración se había convertido en estertor entrecortado. Sobre el piso de tierra mal cubierto por una cobija, el Presidente de la República dejaba la vida.

Ocurrió hace 100 años. El Rey Viejo, como lo llama Fernando Benítez en su novela, moría abandonado por quienes apenas hacía poco se decían sus amigos. La ambición envenena voluntades y borra hasta el último rasgo de agradecimiento y de lealtad. La antigua fórmula de “El rey ha muerto. ¡Viva el rey!” salía de las bocas innobles de hombres cuyas manos estaban manchadas de sangre.

Don Venustiano Carranza Garza expiró muy lejos de los anchos y soleados horizontes de su natal Cuatro Ciénegas, Coahuila. Pero lo hizo sin perder la serenidad y el valor que marcaron todos los episodios de su existencia. A otros pertenecía el futuro; él dejaba tras de sí una historia de patriótica dignidad que no flaqueó nunca ni al enfrentar retos que de antemano parecían perdidos.

En una república enmudecida por el estupor y el miedo, su voz fue la única que se alzó después de que Victoriano Huerta consumara el golpe de Estado, autoproclamándose presidente de la República en el ya lejano febrero de 1913. Con un puñado de hombres que le seguían se atrevió a desafiar al magnicida, quien tenía a sus órdenes un ejército de miles de hombres dotados con poderosa maquinaria de guerra.

Entonces todo parecía estar en su contra, pero enarbolando la bandera de la ley sumó voluntades y la hizo triunfar. Tampoco eludió el desafío de la División del Norte comandada por Francisco Villa. Cualquier otro hubiera aprovechado su estancia en Veracruz para subir a un barco e ir a refugiarse en la seguridad del exilio. Él no. Él era un hombre hecho de otra pasta. Imperturbable, sin dudar un momento, aceptó el reto y le borró el adjetivo de invencible al ejército de Pancho Villa.

Hoy, a 100 años de su muerte, las condiciones no han sido propicias para organizar más que merecidas conmemoraciones multitudinarias, porque su legado sigue vivo hasta nuestros días. Basta pensar qué hubiera sido la Revolución Mexicana si don Venustiano no le da rumbo y sustento ideológico y político con la Constitución de 1917. Sin la Carta Magna la recordaríamos como una confusa masacre de mexicanos matándose entre ellos.

Hoy añoramos el patriotismo del Rey Viejo que jamás cedió ante las amenazas de Estados Unidos y la Gran Bretaña, pensando antes que nada y solamente en México.

Hace 100 años, en Tlaxcalantongo, la traición acabó con la vida de un ser humano. Fue aquel un crimen inútil, pues sigue vivo, hoy más vivo que nunca, el legado y el recuerdo de la víctima.

17 Mayo 2020 04:00:00
La anhelada oposición
Lo que inició como versión 2020 de las antiguas Provincias Internas de Oriente de la época colonial: Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas, con el acuerdo de los gobernadores de esas tres entidades para trazar planes tendientes a enfrentar la pandemia de coronavirus, ha tomado una fuerza capaz de rediseñar las estructuras del poder político. A los gobernadores del noreste se fueron uniendo otros estados con intereses e insatisfacciones comunes. En la reciente junta celebrada en Morelia, el número de participantes aumentó a seis, al asistir, además de los tres gobernantes pioneros, el de Michoacán, el de Colima y el de Durango.

La intención es la misma: conjugar esfuerzos para aminorar los efectos de la pandemia, tanto en lo referente a la salud como en la economía. Sin embargo, es obvio que a manera de trasfondo de esta preocupación subyace la queja del nulo apoyo del centro en la lucha contra el coronavirus. Los seis gobernadores coinciden en que el Gobierno central los abandonó a su suerte y a sus posibilidades, lo cual, por lógica lleva a la necesidad de revisar el pacto fiscal en busca de mayor equidad en el reparto de los recursos.

La constitución de este bloque no se parece en nada a la desvanecida Conferencia Nacional de Gobernadores (Conago), cuyos frutos parecían promisorios en publicidad, pero resultaron prácticamente inexistentes en la realidad. Tampoco tiene parecido alguno con el formado por los gobernadores del PRI y partidos afines durante el Gobierno de Vicente Fox, cuyos intereses eran puramente políticos: elegir entre los mandatarios estatales al candidato capaz de hacer regresar al poder al Revolucionario Institucional.

Entonces, como se recordará, apostaron por la candidatura de Roberto Madrazo Pintado, quien pasó a la historia deportiva por el fraude cometido en el Maratón de Boston.

Ahora es distinto. Sin tener como mira inmediata la política electoral, los gobernadores descontentos se han logrado fortalecer en sus respectivos territorios. Prueba de esto es que, según las encuestas, un buen número de ellos, entre ellos el de Coahuila, obtiene índices de popularidad superiores al del presidente López Obrador.

El fortalecimiento de la popularidad de los jefes de los poderes ejecutivos estatales puede tener consecuencias en la próxima renovación del Congreso de la Unión, en 2021, donde hoy diputados y senadores de Morena son aplastante y dócil mayoría. Así, es posible que una verdadera oposición al Gobierno de López Obrador no surja de los partidos políticos, sino opere con la articulación del descontento de los estados no afines al hombre de Macuspana.

Tras un rápido vistazo al panorama político nacional se robustece la posibilidad de que esto ocurra, pues una buena parte del trabajo lo está haciendo precisamente Morena. El partido del Presidente no ha logrado consolidarse. Pleitos internos y la ausencia de un trabajo serio de fortalecimiento en el territorio nacional lo debilitaron, hasta escucharse voces instando al Presidente se desligue de su partido, por habérsele convertido en una carga, más que un apoyo.

Faltan muchos meses, pero de mantenerse la dinámica iniciada por los mandatarios norestenses, y de continuar sumándose a ella gobernadores de partidos ajenos a Morena capaces de elegir candidatos fuertes a diputados y senadores, no es tan remota la posibilidad de que los últimos tres años de su sexenio López Obrador gobierne con un Congreso que no maneje a su antojo.
14 Mayo 2020 04:05:00
Nunca segundas partes
Aunque las cada vez más catastróficas cifras y consecuencias de la pandemia del coronavirus acaparan los espacios periodísticos y los informativos de radio y televisión, la catarata de noticias –salvo contadas excepciones, casi siempre desalentadoras– sobre otros temas se ha vuelto torrencial. Dado el imparable caudal informativo, algunos acontecimientos que merecerían mayor atención y análisis, se ven rápidamente desplazados por otros tan o más llamativos y escandalosos.

Las trapacerías de la multimillonaria familia de Manuel Bartlett y sus inexplicables nexos con el actual Presidente de la República, cuya casa de campaña estuvo instalada en una residencia supuestamente propiedad de un prestanombres del actual director de la Comisión Federal de Electricidad, son un misterio por resolver. Del tema se ocuparon numerosos comentaristas y opinadores, que de pronto se vieron en la necesidad de trasladar su atención a la virtual militarización del país decretada por el Ejecutivo federal.

Después de los “abrazos y no balazos” y que los regañen sus mamacitas y abuelitas, la liberación del hijo del “Chapo” Guzmán en Culiacán, el caballeroso saludo a la mamá de este capo ante las cámaras de televisión, hasta el desesperado “¡Ya bájenle!”, el presidente Andrés Manuel López Obrador admite, sin decirlo, el fracaso de su estrategia para combatir la violencia. Sus quiméricas ideas se estrellaron finalmente con la realidad.

Las becas que se esperaba desalentaran a los jóvenes pobres a unirse a los cárteles no dieron resultado. Tampoco sirvieron de nada los sermones mañaneros dirigidos a los miembros de los cárteles de la droga y, se supone, las mamacitas y abuelitas de los maldosos no hablan con ellos, o estos no hacen ningún caso a sus regaños y recomendaciones.

Resultó falsa la teoría de López Obrador de que la criminalidad es producto de la pobreza, y que repartiendo dinero podrían reducirse los índices de criminalidad. Reparte dinero a manos llenas y, sin embargo, las estadísticas de hechos violentos se dispararon hasta alcanzar niveles nunca antes vistos.

Este ha sido, quizá, uno de los peores fracasos de su todavía joven Administración. Un fracaso político y, sobre todo, un fracaso personal, pues se ha visto obligado a reciclar la estrategia del peor de sus enemigos políticos, el expresidente Felipe Calderón, quien inició la guerra contra el narco sacando a soldados y marinos de sus cuarteles y encomendándoles tareas antes reservadas a la policía. Para decirlo más claramente: el tabasqueño hace ahora lo que criticó machacona y duramente largos años.

Tratar de vender la idea de que habrá un cambio, y que soldados y marinos estarán subordinados a la jefatura de la Guardia Nacional, es burlarse de la inteligencia de los ciudadanos. La vida castrense está, y es necesario que así sea, verticalmente jerarquizada. Los soldados cumplen las órdenes de su cabo, y este las del teniente, y así hasta llegar al despacho del secretario de la Defensa y del de la Marina.

¿Para qué tratar de disfrazar las cosas si ya pasó la época del carnaval? A partir del lunes anterior México empezó a protagonizar sorpresivamente un episodio de la película Regreso al Pasado. Se instaló de nuevo, aunque no muy cómodamente, en el año 2006. Pero si esa guerra fue una mala experiencia y en realidad no solucionó nada, aterra pensar que pudiera cumplirse la advertencia de Cervantes, aquella de que nunca segundas partes fueron buenas.

10 Mayo 2020 04:00:00
Lecciones del Covid-19
Numerosos futurólogos y multitud de opinadores han tratado de responder a una pregunta clave en estos momentos: ¿Cómo será el mundo –es decir, la humanidad– cuando termine esta larga cuarentena a la que nos ha obligado la pandemia del coronavirus? Hay respuestas para todos los gustos.

Los optimistas consideran que por efectos de la pandemia surgirá un nuevo orden mundial en lo que respecta a la economía y a la relación entre las naciones. Otros piensan que terminado el temor de la enfermedad y “aplanada”, como dice López-Gatell, hasta el cero, no habrá cambios y las cosas seguirán igual.

Es decir, ocurrirá lo mismo que después de la feria cantada por Joan Manuel Serrat: “Vuelve el pobre a su pobreza, vuelve el rico a su riqueza y el señor cura a sus misas. Se despertó el bien y el mal, la pobre vuelve al portal, la rica vuelve al rosal y el avaro a sus divisas”.

En otras palabras, los casos de verdadero heroísmo de médicos, enfermeras, camilleros y demás personal hospitalario serán solamente anécdotas, al igual que los admirables gestos de solidaridad y humanismo de muchas personas que, preocupadas por quienes más sufren la parálisis laboral de la epidemia, se ocupan de repartir alimentos.

Las gentes volverán a la “normalidad” –sea lo que sea lo que ello signifique– después de leer dos libros más, cuyos títulos y contenido quizá olviden en dos semanas y de beber cerveza en solitario a lo largo de no sé cuántas aburridas jornadas; regresarán a sus costumbres de antaño: contaminar el medio ambiente, actuar con un individualismo sin concesiones y agandallarse todo lo agandallable.

La teoría más original escuchada hasta ahora sobre el particular es la de un historiador que hace un paralelismo entre la peste negra, ocurrida en Europa y Asia entre 1347 y 1353, y el coronavirus. La negra ha sido, se asegura, la más mortal de las epidemias habidas nunca en la historia. Mató, según cálculos aproximados, a 3 de cada 10 europeos. Fue una catástrofe horrorosa.

Sin embargo, la peste negra fue también el preludio de uno de los periodos más brillantes de la historia: el Renacimiento. Según esta teoría, la peste propició en los seres humanos una introspección y a hacerse preguntas que nunca se habían hecho. Eso los llevó, se agrega, a pensar más en sí mismos como personas, y menos en su existencia regida únicamente por la divinidad. Y esto fue, precisamente, el Renacimiento, el regreso a la antigua teoría de que el hombre es el centro del universo.

El poeta Petrarca nacido en 1304 y muerto en 1374, fue, entre otros, heraldo de este aggiornamento. Su poesía amatoria, y por tanto completamente terrenal, abandonó el cielo y el infierno de su antecesor, Dante, y la centró en lo que sentía por su adorada Laura.

Preocupados más en sí mismos, los seres humanos voltearon el rostro hacia Roma y Grecia, y gracias a este florecer del pensamiento y del gusto crecieron y maduraron frutos llamados Leonardo da Vinci, Miguel Ángel, Rafael y un escuadrón de intelectuales que desbrozaron el camino hacia el pensamiento moderno.

En lo personal me adhiero esperanzadamente a esta teoría, pensando que el coronavirus habrá de traer nuevas formas de pensar y de valorar lo que somos y lo que tenemos. Dejar de confiar menos en la nueva divinidad –la del dinero– y convencernos que estamos aquí, en este mundo, para algo más que para obtener riqueza o poder. Se vale soñar, ¿o no?

07 Mayo 2020 04:05:00
Actualizando mitos
En este mundo de inseguridades y temores parece haber solamente tres certezas: 1.- Nadie sabe cómo ni cuándo terminará la pandemia que tiene paralizado al mundo. 2.- Superada la plaga, todos los países, unos más, otros menos, enfrentarán una crisis económica de características casi catastróficas, y 3.- Petróleos Mexicanos se ha convertido en el peor negocio del mundo, pero el Gobierno, con el afán de salvarlo, sigue inyectándole ingentes cantidades de dólares que van a dar –aseguran todos los especialistas– a la basura, valor que, también afirman los conocedores, tienen los bonos emitidos por esa empresa.

No obstante los gritos de alarma surgidos de aquí, allá y acullá, el Gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador insiste en mantenerlo vivo al costo que sea. Es más, sigue terco en destinar un montón astronómico de dinero, del poco que le va quedando al país, en la construcción de una refinería en Dos Bocas. Mientras el resto del planeta lucha por abandonar los llamados combustibles fósiles -carbón y petróleo- y los precios de este último oscilan locamente montados en una montaña rusa, López Obrador se niega a dar un paso atrás. Dos Bocas se construirá sin importar su viabilidad y el costo que represente.

¿Qué mueve al Presidente a remar contracorriente y desoír cuanta predicción y consejo se escuchan tanto en el país como en el extranjero? Quizá se deba a la terquedad del tabasqueño aferrado a mitos válidos hace décadas, pero que los cambios operados al paso de los años han dejado en el cajón de los recuerdos. Recuerdos gloriosos, si se quiere, pero al fin recuerdos.

Es verdad, la nacionalización del petróleo realizada por Lázaro Cárdenas hace, ¡ay! 82 años, fue, en su momento, una valiente afirmación de nuestra soberanía que conmovió a la nación entera. Con la nacionalización, Cárdenas logró estremecer al corazón patriótico de millones de mexicanos que entregaron dinero, joyas, animales de corral y hasta las alcancías de los niños para ayudar a pagar la deuda contraída con las empresas extranjeras.

El problema está en que aquello ocurrió hace ocho décadas, e intentar, ya no repetirlo, sino darle oxígeno para que sobreviva, resulta inútil. López Obrador debiera convencerse que la Expropiación Petrolera, como la Batalla del 5 de Mayo, la invasión norteamericana de 1846-1847, la Intervención Francesa y la Conquista de México, entre otras cosas, son hechos que pertenecen a la historia. Y la historia, ya lo dijo Carlos Marx, se repite dos veces: la primera como tragedia, la segunda como farsa.

El señor López Obrador no lo cree así. Para él, la historia está viva. Eso lo lleva a retrotraerse medio milenio y exigirles disculpas a los reyes de España por las atrocidades cometidas durante la conquista, o creer en la existencia de unos conservadores que Juárez, Ocampo y compañía se encargaron de liquidar tras las Guerras de Reforma, en 1861.

No obstante, debe reconocerse al Primer Mandatario el ser selectivo a la hora de actualizar el pasado. Por ello no se enfrenta a Donald Trump -ni le escribe cartitas- reclamándole la devolución de nuestro inmenso territorio del que se apropió Estados Unidos en un acto de descarada piratería internacional, y tampoco les mienta la madre a los franceses por haber intentado imponernos, a sangre y fuego, a un emperador. ¿Por qué a ellos no?
03 Mayo 2020 04:03:00
El juicio de la historia
En julio de 2018, cuando el triunfo de Andrés Manuel López Obrador se daba por un hecho prácticamente consumado, Enrique Krauze publicó un video en el que hacía un llamado al pueblo de México “a no ceder el poder absoluto a un candidato, sino que voten por un poder dividido que actúe como contrapeso legislativo”. El historiador no proponía a ningún otro partido distinto a Morena, simplemente expresaba su deseo de que el Poder Ejecutivo no actuara solo sin la existencia de un contrapeso.

Como era de esperarse, los seguidores de López Obrador se le lanzaron a la yugular. Lo acusaron de querer transformarse en líder moral del país y se le negó autoridad para aconsejar a los electores, siendo como era –dijeron– un intelectual orgánico del agonizante régimen de Enrique Peña Nieto.

Hoy, a más de dos años del llamamiento de Krauze, la historia le ha dado la razón. El triunfo electoral de López Obrador arrastró a la victoria, por decirlo así, a los candidatos de Morena a la Cámara de Diputados y a la de Senadores.

El resultado está a la vista: el Presidente hace y deshace y la masa acrítica y obsecuente de ambas cámaras se dedica a pronunciar el “Sí, señor” distintivo de todo Gobierno unipersonal con fuerte tufo a dictadura.

Aquí es justo hacer dos excepciones, la de los diputados Tatiana Clouthier y Porfirio Muñoz Ledo. Ambos, a su manera y estilo, han marcado distancia de la propuesta para conceder al Presidente facultades extraordinarias para el manejo del presupuesto federal en tiempos de crisis, lo cual se ha interpretado popularmente como extenderle un “cheque en blanco”, lo cual nulificaría en automático al Poder Legislativo.

Muñoz Ledo se lanzó frontalmente contra la iniciativa, calificándola de anticonstitucional, mientras, en un reciente video Clouthier abrió un pequeño espacio a la esperanza al afirmar que la propuesta estará a discusión, y será la Cámara baja la encargada de discutirla.

No obstante estas dos voces aisladas, existen pocas esperanzas de que los legisladores de Morena y sus compinches en ambas cámaras se atrevan a decir que no a su líder, quien fue el que envió la iniciativa de la aberrante reforma. Ya han dado suficientes muestras de sumisión al organizar incluso una trampa para nombrar como presidenta de la Comisión de Derechos Humanos a la mujer elegida por el tabasqueño.

En verdad, hay pocos resquicios por donde colar la esperanza y pensar que los diputados y los senadores de Morena se atrevan en esta ocasión a exhibir una pizca de dignidad. La aplanadora conformada por el Ejecutivo y el Legislativo ha funcionado hasta ahora a la perfección.

Aunque, todo debe decirse, hay la posibilidad de que la negativa a la reforma surja de los Congresos estatales, los que, por tratarse de una reforma a la Constitución, habrán de aprobar o rechazarla una vez que diputados y senadores le den el visto bueno.

Quizá el número de legislaturas estatales no afiliadas a Morena y compañía sea insuficiente para detener el atropello, pero, llegado el caso, estaríamos ante un acto de dignidad. Por lo pronto, los gobernadores de Coahuila, Tamaulipas, Nuevo León, Michoacán y Durango afirmaron su posición contra la idea de extender el anticonstitucional “cheque en blanco” al Ejecutivo.

Tiempos borrascosos nos tocó vivir. Tratando de ver más allá de la tormenta, es válido preguntar si la historia juzgará solamente al actual Presidente o también enjuiciará al Poder Legislativo, que ha desempeñado el papel de comparsa.


30 Abril 2020 04:07:00
Periodistas versallesc
La anécdota es clásica. En una entrevista por televisión al escritor norteamericano Gore Vidal, el entrevistador -conociendo el mutuo odio que se tenían- preguntó a Vidal su opinión acerca de las sangrientas críticas que había hecho recientemente el también escritor Norman Mailer a uno de sus más recientes libros. En lugar de mostrar enojo, Gore Vidal puso un gesto que pretendió parecer de comprensión y respondió: “¿Norman Mailer? Yo entiendo a Mailer, debe de ser terrible ser un fracasado”.

No faltan los pleitos épicos entre escritores norteamericanos. Cuando Tom Wolfe publicó Todo un Hombre, un éxito instantáneo de ventas, saltaron las críticas, entre ellas las de tres grandes de las letras de ese momento: John Updike, el ya citado Norman Mailer y John Irving. En lugar de lanzarse frontalmente contra las críticas de los tres, Wolfe aprovechó uno de los capítulos de su libro Periodismo Canalla para burlarse de ellos. La cita es larga, pero no tiene desperdicio:

“Tres novelistas viejos y famosos salieron de sus hornacinas de la historia literaria para anatemizar una nueva novela; si algo semejante ha ocurrido con anterioridad, yo no me he enterado.

“John Updike, que tenía, en ese momento, sesenta y seis años, escribió cuatro páginas en The New Yorker, antes de concluir con considerable solemnidad que Todo un Hombre no era literatura sino entretenimiento…”. “Norman Mailer, que tenía setenta y cinco años, escribió seis páginas en The New York Review of Books -seis páginas de densa tipografía en una revista del tamaño de un periódico- para llegar al veredicto de que Todo un Hombre no era literatura sino un ‘mega best-seller’”… “Yo tenía sesenta y ocho años. Sé perfectamente cuánto se habrán cansado. ¿Cómo pudieron pasar incontables horas escribiendo miles y miles de palabras -los dos vejestorios habían llenado varias páginas, ¡páginas enteras!- para criticar una novela?”.

Los dos pleitos de escritores se me vinieron a la memoria quizá por el deseo de huir del tema del coronavirus, que ya me tiene hasta la coronilla, y también al leer el artículo más reciente de Sergio Aguayo, titulado “Columnistas”.

En su texto, Aguayo aborda las recientes declaraciones del presidente Andrés Manuel López Obrador sobre la falta de profesionalismo de los periodistas mexicanos, a quienes dividió en buenos y malos. Entre los buenos citó a tres o cuatro, colocando al resto en el archivero de los malos. Pues bien, Aguayo, cuya ponderación es uno de los signos distintivos de sus textos periodísticos y académicos, pide moderación a unos y a otros.

Hasta allí todo va bien, antes de llegar al penúltimo párrafo del artículo: “Le tengo un profundo afecto a Epigmenio Ibarra y conozco su compromiso y honestidad. Se extralimitó -ojo con la gentileza del verbo- al decirle a Carmen Aristegui que ‘el dueño de Reforma ordena a sus editorialistas atacar al Presidente’. Tengo 24 años escribiendo en el Grupo Reforma y jamás me han tirado o insinuado línea. Tampoco me lo dieron en La Jornada (1984-1996) y, mucho menos, en Aristegui Noticias donde colaboro habitualmente”.

¿Por qué seremos tan versallescamente caballerosos los periodistas y escritores mexicanos? Vean ustedes: Epigmenio no mintió, ni siquiera faltó a la verdad o, en el último de los casos, está mal informado; simplemente se “extralimitó”. ¡Ay! ¡Cómo se extraña la mala leche que destilaban Gore Vidal, Tom Wolfe y compañía!
26 Abril 2020 04:00:00
La 5T
No cabe duda que la pandemia de coronavirus fue la kryptonita del hasta entonces indestructible Andrés Manuel López Obrador. Ni las críticas, ni los frecuentes deslices en las mañaneras habían sido capaces de mellar la, al parecer impenetrable coraza que defendía su popularidad. Pero llegó la maldita pandemia y el Presidente se vio pronto rebasado. Su prédica matutina no era escuchada ni tampoco atendida por todos.

La realidad lo dejó atrás. Mientras él se decía protegido contra el mal por estampitas religiosas, tréboles de quién sabe cuántas hojas y billetes de dos dólares, en numerosos municipios y estados del país, desoyendo las esotéricas recomendaciones presidenciales, se adoptaban medidas para intentar proteger a la población.

Estados y municipios suspendieron clases e impusieron restricciones antes que lo ordenara la Federación, y tomaron otras medidas que posteriormente implementarían con retraso autoridades federales.

Pero la pandemia, además de constituir un candente tema de salud, tomó un giro inesperado. Ante la ineficacia del Gobierno federal para atender las necesidades, tanto en la capital como en el resto del país, empezaron a escucharse reclamos airados por la ausencia de apoyo a los estados y por la escasa información que se les proporcionaba.

Desesperado por la falta de respaldo, Enrique Alfaro, gobernador de Jalisco, sorprendió a la nación al amagar con abandonar el pacto federal. La amenaza provocó el comprensible estupor en las altas esferas del poder político. Hacía casi dos siglos que no se escuchaba una amenaza de ese tipo en un estado de la Federación.

Mientras tanto, en forma menos estridente, los gobernadores de Coahuila, Miguel Riquelme; Nuevo León, Jaime Rodríguez, y Tamaulipas, Francisco García, empezaron a reunirse para planear, como bloque regional, las medidas que se consideran más adecuadas.

Que se sepa, a esta junta de gobernadores no asistió ningún representante del Gobierno federal.

La idea tomó fuerza, y antier, en Monterrey, se sumaron a una reunión similar los mandatarios de Durango, José Rosas Aispuro, y Silvano Aureoles, de Michoacán. Los cinco coincidieron en diseñar un programa de recuperación económica, y los cinco, también, se mostraron insatisfechos de la forma como opera la distribución de los recursos. El descontento es general, como general es la exigencia de revisar la distribución.

En otras palabras, pasada la pandemia quedará sobre la mesa de las discusiones el funcionamiento del pacto federal, en lo que a la distribución de los recursos se refiere. De lograrse una corrección a este pacto fiscal, estaremos ante una quinta transformación que cambiará a fondo las reglas de juego: fortalecimiento a los estados más desarrollados y productivos, Coahuila, entre ellos. Estas entidades serían un motor aún más poderoso capaz de empujar al país entero a una nueva etapa de prosperidad.

No se trata de abandonar a los estados más pobres. A estos, hay que decirlo, aunque se les hayan destinado mayores recursos en relación a lo que aportan, no se les ha hecho salir de la pobreza desde hace décadas. Siguen igual de pobres. Tampoco es la intención acabar con la trilogía del Gobierno lopezobradorista: primero los pobres, combate a la corrupción y austeridad republicana. Mucho menos romper el pacto federal, que lo único que traería sería la balcanización de México.

No. Pero un acuerdo fiscal más lógico, más justo, traerá una verdadera transformación del país. La 5T.
23 Abril 2020 04:05:00
El gusano del tedio
Esta cuarentena y el forzado confinamiento domiciliario y sus efectos malignos son como la humedad. Avanzan silenciosamente hasta cubrir los pisos y empezar a trepar por los muros sin que apenas uno se dé cuenta. Retan a cualquier optimismo y son capaces de carcomer hasta las más sólidas resistencias. Por ello no es extraño que en los medios de comunicación y en las redes sociales abunden las “recetas” para combatir el estrés y la depresión.

Con magnífica buena voluntad, el cantautor Joaquín Sabina grabó un video transmitido a través de las redes, en el cual recomienda la lectura como vía para escapar –a través de la imaginación– del encierro. Para mejor efecto del mensaje, Sabina aparece frente a unos anaqueles cargados de volúmenes.

Y es verdad, la lectura constituye una de las puertas de escape del encierro obligatorio. Nos permite viajar en la imaginación a cualquier parte del mundo o incluso fuera del universo conocido, a quienes gustan de la ciencia ficción. También permite entrar en contacto con gente interesante, aunque algunas de ellas estén muertas desde hace siglos y vivir aventuras que difícilmente podemos replicar en la vida real.

Quien esto escribe se considera un lector voraz y omnívoro. Desde pequeño ha tratado de descifrar lo que dicen los papeles impresos. Ahora, el confinamiento da la oportunidad de aplicarse con singular entusiasmo a ese vicio solitario. La única limitante ha sido la resistencia de unos ojos que acumulan más de siete décadas de lecturas.
Un tiempo las he dedicado a las consultas de libros relacionados con la tarea de aficionado a la historia, con dos pendientes en la agenda: una breve historia de la Revolución y el pulimiento de un artículo para un libro colectivo sobre el legado de don Venustiano Carranza.

Acotación al margen. Al cumplirse este año el centenario del asesinato de don Venustiano, el desdén de las autoridades federales –lo consideran revolucionario– y el coronavirus impidió una conmemoración a la altura del personaje. Para empezar, cuando se pensaba que se haría como con Emiliano Zapata, declarando el 2019 el año en su honor, alguien tuvo la ocurrencia de que el 2020 fuera el año de Leona Vicario, marginando la efeméride luctuosa correspondiente al Varón de Cuatro Ciénegas. En fin, de este Gobierno federal se puede esperar cualquier cosa.

Pero retomemos el tema. Además de esas lecturas, digamos obligadas, para intentar conocer mejor la figura y el modo de pensar del escritor español Vicente Blasco Ibáñez, quien esto escribe se echó un clavado en cuatro de sus novelas, Sangre y Arena; Cañas y Barro; Arroz y Tartana y La Barraca. Confieso que no había leído a Blasco Ibáñez, un escritor de gran éxito en su tiempo. Éxito que le redituó ganancias importantes, pues algunas de sus novelas fueron adaptadas al cine de Hollywood con los galanes de moda: Rodolfo Valentino y Tyrone Power, entre otros.

Blasco Ibáñez escribió también un libro de sus impresiones sobre México y la Revolución, el cual espero reseñar en el futuro. Ya harto de las terribles tragedias blascoibañezcas me zambullo ahora en la relectura de los divertidos papeles de Pickwick, de Dickens.

Es cierto, la lectura es una excelente forma de combatir el confinamiento, pero después de cerrar el libro comienza a roernos el alma de tedio. Ese gusano que nos recuerda que el hombre es ese zoon politikón aristotélico y está hecho en sociedad, para vivir y tratar con sus semejantes.
19 Abril 2020 04:00:00
El viejo truco
Lo peor que puede ocurrirle a un aspirante a mago es que, de tanto repetir el mismo número, el público acabe por fastidiarse o descubrir cuál es el truco utilizado para hacer aparecer al clásico conejo en el sombrero de copa. Para que un acto de magia funcione como espectáculo es indispensable que contenga el factor sorpresa. De no ser así, la sala se vuelve un bostezo colectivo, cuando no un ensordecedor abucheo o el abandono en estampida.

Quienes tengan edad para hacerlo, recordarán seguramente a un mago comediante muy popular en la televisión, Beto “El Boticario”. La gracia de Beto consistía en que después de hacer uno de sus trucos, fingía un descuido y descubría la forma, casi siempre muy simple, en que realizaba el supuesto acto de prestidigitación.

Hace unos días, después de leer los periódicos, recordé a Beto “El Boticario”. Y es que el mago de las mañaneras, metido en el torbellino de la crisis y frente a una crisis económica devastadora, intenta distraernos otra vez con el gastado truco que otras veces le dio resultado.

El motivo para repetir el ya aburrido acto es evidente. El mago tabasqueño ve con preocupación cómo su popularidad entró en picada debido a la pandemia, pero, sobre todo, a la ineficiencia de un Gabinete, en el cual hay solamente dos actores, Marcelo Ebrard y Hugo López-Gatell. El resto ya pasó del bajo perfil a la invisibilidad.

Ante esta situación, volvió a desempolvar la chistera con la idea de sacar un conejo. El problema es que de tanto ver el numerito, la mayoría de la gente conoce la mecánica del truco desde antes de que el mago lo intentara.

En esta ocasión la idea no era ya hacer aparecer un conejito, sino sacar del sombrero a un enorme elefante. Eso, pensó el discípulo de Beto “El Boticario”, haría olvidar a la gente el peligro de la pandemia del coronavirus, la falta de trabajo, la debilidad del peso y los ominosos pronósticos de cuanto especialista hay en el mundo sobre el negro futuro de la economía mexicana.

Redoble de tambores. El animador del circo pide silencio a los ocupantes de las graderías y anuncia, ante la expectación general, que la Secretaría de la Función Pública (SFP) solicitó a la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) una revisión de todos los movimientos en cuentas bancarias del expresidente Enrique Peña Nieto y dicha instrucción se extiende a su exesposa Angélica Rivera y a sus hijos Paulina Peña Pretelini, Alejandro Peña Pretelini, Nicole Peña Pretelini y Diego Alejandro (el hijo menor de edad del expresidente).

Y ya encarrilada, la SFP pide a la Comisión Nacional Bancaria y de Valores información sobre las cuentas de una docena de colaboradores del Gobierno de Peña Nieto, entre ellos nuestro paisano José Narro Robles, exsecretario de Salud y antes rector de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Conste: no hay acusación, es solo una investigación de los haberes que guardan en los bancos.

Lástima que el numerito esté tan visto. Lo hizo desde la denuncia de corrupción en la construcción del aeropuerto de Texcoco –no hay ningún detenido–, también en la rifa del avión que no es avión y en decenas de veces más que resultaría aburrido consignar.

Desde ahora se puede augurar que este nuevo acto de magia no funcionará ni detendrá la caída de la popularidad del Presidente. Es una cortina de humo incapaz de esconder los fracasos de la Administración en el manejo de la crisis. El truco ya no sirve, y ni siquiera divierte como los de Beto “El Boticario”.

16 Abril 2020 04:05:00
Inventar fantasmas
Uno de los efectos más perniciosos de la pandemia del coronavirus, la obligada cuarentena y la amenaza de una recesión económica, ha sido la agudización del encrespamiento tanto de tirios como de troyanos. Unos y otros se atrincheran y acopian proyectiles para lanzarlos contra los adversarios ideológicos. Esta radicalización ha llevado a no pocos a tergiversar los datos duros de la realidad e inventarse fantasmas enemigos.

Simpatizantes del presidente Andrés Manuel López Obrador insisten, por ejemplo, en acusar a los conservadores -sean quienes sean estos-, apoyados por ciertos medios de comunicación, de fraguar un golpe de Estado. Consideran que la situación actual es similar a la que se vivió hace más de 100 años durante la Decena Trágica, preludio del cuartelazo que culminó con el asesinato de don Francisco I. Madero y José María Pino Suárez, y el asalto al poder de Victoriano Huerta.

¿Cuartelazo? ¿Golpe de Estado? Quizás ha enraizado esta idea en algunas mentes calenturientas, que nunca faltan. Pero cualquier ciudadano con dos dedos de frente -como decía la señorita Amador, mi maestra de tercer año- al tanto de lo ocurrido en los últimos meses, calificará de locura tales ideas.

¿Por qué han de promover los militares un levantamiento contra un Gobierno que les ha entregado todo en charola de plata? ¿Para qué, si son ya parte de ese Gobierno?

Como candidato, López Obrador repitió como un mantra que una vez llegando a la Presidencia, los soldados regresarían a los cuarteles. Una crítica evidente a la guerra desatada por Felipe Calderón contra el crimen organizado, cuyo mayor peso recayó en el Ejército y la Marina.  

Del dicho al hecho hay mucho trecho, y es más grande el que hay de la candidatura a la Presidencia. Pues bien, una vez presidente, AMLO no regresó a los militares a los cuarteles, sino que les dio el mando de una supuesta Guardia Nacional de carácter civil, hoy ocupada en actuar como muro humano fronterizo al servicio de Donald Trump.

Luego, entre otras cosas, encomendó a la Secretaría de la Defensa las obras de construcción del aeropuerto Felipe Ángeles, en Santa Lucía, y de manera poco clara la incorporó, eso sí, en primera línea, en la lucha contra la pandemia que asuela hoy a México. Además, anunció que el Ejército construirá carreteras y desde ahora se encarga de vigilar el fluido vehicular en buen número de ellas.

En el incompleto resumen de atribuciones transferidas al Ejército por el actual Gobierno, está también la de destacar 800 elementos que protegerán las obras de la refinería de Dos Bocas, donde se construirá una base militar. Esto significa reconocer la incapacidad de Petróleos Mexicanos de cuidar sus propias instalaciones.

¿A quién se le va ocurrir la idea de tirar un Gobierno en el que cada día goza de mayor influencia y participa más, incluyendo actividades que siempre le fueron ajenas?


Paridas y preñadas

En medio de la peor crisis de salud que ha enfrentado México desde la epidemia de la Gripe Española en 1918, que mató a medio millón de compatriotas, y la tormenta económica que se nos echa encima, al Presidente se le ocurre proponer que la consulta de revocación de mandato se adelante para el mes próximo. Seguramente teme el aceleramiento del hasta ahora incontenible descenso del respaldo ciudadano a su Gobierno. Pero sea por lo que haya sido, no pudo encontrar un momento más inoportuno para confundir las paridas con las preñadas, como dicen en el rancho.

12 Abril 2020 04:00:00
Provincias Internas de Oriente
La decisión de los gobernadores de Coahuila, Miguel Ángel Riquelme; de Nuevo León, Jaime Rodríguez Calderón, y de Tamaulipas, Francisco Javier García Cabeza de Vaca, de integrar un frente común, revitaliza la división geopolítica de mediados del siglo 18, cuando se crearon las Provincias Internas de Oriente, a la que entonces se agregaba Texas, posteriormente desprendida del territorio nacional.

El concepto de las Provincias Internas de Oriente no fue una ocurrencia arbitraria, sino la agrupación lógica de cuatro provincias que compartían no solamente un territorio, también problemas, desafíos y perspectivas de desarrollo. Hoy, la versión siglo 21 de ese antiguo concepto geopolítico responde a la misma necesidad de unidad ante la amenaza del coronavirus. El trazado y operación conjunto para hacer frente a la amenaza de la pandemia incrementan indudablemente las posibilidades de éxito con el acuerdo tripartito de colaboración.

Ya en las Cortes de Cádiz de 1812, el diputado coahuilense Miguel Ramos Arizpe, hablaba preocupado de las carencias de las Provincias Internas de Oriente, en aquellos años en los últimos confines casi olvidados de la Nueva España.

En su célebre discurso sobre el tema, Ramos Arizpe propuso no soluciones parciales, sino integrales para los problemas y carencias de las cuatro provincias. Incluso, años después, en el Congreso Constituyente de 1824, planteó hacer de las cuatro un solo estado, lo cual no fue posible debido al naciente regionalismo en cada una de ellas. No obstante, la unidad era tan evidente, que en 1830 surgió el temor de que se separaran de México para crear una república llamada de la Sierra Madre.

El fracaso de la idea del chantre coahuilense no incidió en la realidad imperante. Después de la separación de Texas, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas siguieron compartiendo características, lo cual llevó a la acuñación de los términos Noreste y norestense. Hasta Texas, aunque ahora perteneciente a Estados Unidos, conserva muchos rasgos de esta norestidad –valga la expresión– y en su directorio telefónico solía haber hasta hace poco casi tantos villarreales como en el de Monterrey. A propósito de lo anterior, el siempre bien recordado historiador neoleonés don Israel Cavazos Garza, solía preguntar en son de broma: “¿Quién no tiene una tía en San Antonio?”

Ya se han dejado sentir las bondades de este relanzamiento de las Provincias Internas de Oriente. Los tres gobernadores dictaron medidas que se adelantaron a las del Gobierno federal. Mientras el Presidente sacaba estampitas religiosas que lo protegían del coronavirus y minimizaba el peligro de la pandemia, acá se suspendieron las actividades escolares y se tomaron medidas que semanas después se hicieron extensivas a todo el país.

A pesar de ser un lugar común, resulta incuestionable que la unidad hace la fuerza, y eso lo comprendieron los tres gobernadores norestenses desde que asomó en el horizonte la amenaza de la pandemia. Apelando a la lógica y a la historia, unificaron criterios poniendo ejemplo de eficacia y oportunidad frente a la crisis.

¿Quién iba imaginar esta loable resurrección de las viejas Provincias Internas de Oriente lograda, con las modalidades impuestas por el presente, en momentos tan difíciles? Pero los resultados han sido tan positivos que es posible valiera pensar en mantenerlas operantes. pues aun después de pasado el peligro de la pandemia hay muchos caminos que pueden recorrer juntos. ¿Por qué no?


09 Abril 2020 04:05:00
La bella gente
Fue en Roma. En el Trastévere, como llaman los romanos al barrio ubicado al oeste del Tíber, río que parte en dos a la ciudad. Luego del fatigoso recorrido por los museos, en busca de un lugar para comer, me topé con una trattoria, una de las decenas que hay en ese barrio. Cuando entraba al local, un mesero casi me impide al paso. ¿Qué ocurre?, pregunto. Él, sin decir palabras, me señala las mesas acomodadas en la banqueta. “Mejor allá”, dice. “¿Por qué?”, me atrevo a preguntarle. “Es mejor allá, porque desde las mesas de la calle puede ver a la bella gente”. “La bela yente”, pronunció en italiano.

Seguí su consejo. Me acomodé frente a un plato de pasta y una copa de vino, admirando el paisaje humano compuesto por hermosas mujeres, ancianas de compras, niños vestidos de uniforme escolar y cientos de jóvenes con cara de oficinistas montados en sus Vespas. Sí, la “bela yente” era un espectáculo maravilloso, tan variopinto y divertido que el libro que pensaba leer se quedó sin abrir sobre la mesa en espera de otra oportunidad.

Hoy, confinado en mi hogar por la amenaza del coronavirus, recordé aquella comida y a la bella gente que desfilaba por la acera y el arroyo de la calle en una pasarela llena de contrastes. Y ahora, encerrado entre las cuatro paredes de mi biblioteca, llego a la conclusión de que la peor parte de este forzado aislamiento es verme privado del siempre fascinante contacto, así sea totalmente visual, con mis congéneres.

En realidad, gracias a los libros –sigo con los novelistas españoles del siglo 19, y ahora toca el turno a Vicente Blasco Ibáñez y su a veces desagradable realismo–, la búsqueda de un dato para un texto de historia, escuchar música o seguir por Internet conferencias y conciertos, no me ha resultado aburrida esta ociosidad fuera de programa.

Por otra parte, quienes me conocen saben que no soy un individuo especialmente sociable, aunque nada parecido a un misántropo. Sin embargo, mis principales quehaceres, leer y escribir, son necesariamente solitarios. Cualquier sábado, por ejemplo, puedo pasarme buena parte de la mañana desayunando con un libro o una revista en la mano. Son ratos muy agradables, en ocasiones pespunteados por un amigo, una exalumna o un exalumno que se acercan a la mesa a saludar.

Estoy solo y no lo estoy. Me envuelve la gente. A mi lado pasan señoras, señores, novios tomados de la mano o chiquillos empeñados en convertir el restaurante en un parque de diversiones. En fin, estoy, aunque a ratos abstraído en la lectura, rodeado de la bella gente de la que hablaba aquel mesero, lo cual, además, afirma mi pertenencia al género humano.

Nadie lo ha dicho mejor que don Francisco de Quevedo: “Retirado en la paz de estos desiertos,/ con pocos, pero doctos libros juntos,/ vivo en conversación con los difuntos,/ y escucho con mis ojos a los muertos”. Agradable e ilustrativo, no cabe duda, pero en lo personal, conversar con los difuntos me resulta más disfrutable entre personas vivas. Y no se trata de ser selectivo, como lo fue Renato Leduc, adorador irredento del eterno femenino, quien aseguraba que mientras “haya vigor pasaremos revista a cuanta chica vista y calce regular”.

Siempre es grato pasar revista a cuanta chica vista y calce regular, pero este forzado aislamiento no distingue sexos ni edades. Simplemente impone la penosa y velardiana penitencia de privarme de ver, oír y admirar a esa bella gente de la que me habló, hace ya muchos años, un sabio mesero romano.
05 Abril 2020 04:00:00
El oráculo de Macuspana
La nación, o al menos una buena parte de ella, está en espera del mensaje que hoy domingo habrá de dar el presidente Andrés Manuel López Obrador, durante el cual, se supone, delineará el plan de su Gobierno para hacer frente a la anunciada crisis que, según todos los pronósticos, se nos viene encima. No pocos opinadores han dedicado sus recientes artículos al tema, intentando descubrir qué podrá decir el hombre que ocupa la silla presidencial. En lo personal, considero ejercicio inútil hacer predicciones sobre el contenido del mensaje, pues López Obrador es impredecible, para decirlo amablemente. Su especialidad consiste en desconcertar a los ciudadanos, y quien esto escribe se declara incompetente para adivinar lo que hará o dirá. En pocas palabras, parafraseando la expresión de moda: “Entiendo que no le entiendo”

Se diría que estamos ante el oráculo de Delfos, cuyas respuestas a quienes les hacían preguntas eran tan enrevesadas y oscuras, que el preguntón estaba obligado a interpretarlas. Eso no era nada fácil. Se requería mucha inteligencia y mucha suerte para atinarle a lo que quería decir el famoso oráculo con sus predicciones sobre el futuro. Pues, hagan de cuenta, como decían en los ranchos, hoy, los habitantes de este sufrido país contamos con nuestro oráculo de Macuspana, que parece tener como tarea primordial sorprendernos con sus actos y sus declaraciones.

Dos joyas engarzadas recientemente en la ya pesada corona de paradojas:

¿Por qué el publicitado saludo a la madre del “Chapo” Guzmán? ¿Fue, como dice nuestro oráculo made in México, gesto de caballerosidad hacia una señora de más de 90 años? ¿Así saluda a todas las nonogenarias? El gentil saludo presidencial, como se sabe, coincidió con el cumpleaños del hijo predilecto del “Chapo”, Ovidio, el mismo que fue liberado tres horas después de su detención en el célebre y bochornoso “culiacanazo” del 14 de octubre de 2019.

Día nefasto, si los hay, cuando el Gobierno dejó de ser Gobierno en la capital del estado de Sinaloa, al someterse al chantaje de la delincuencia organizada. Y fue a la abuelita del hombre que puso de rodillas a su Gobierno a la que López Obrador saludó de mano después de caminar hacia la camioneta donde ella se encontraba. ¿Usted entiende?

El jueves pasado, en la mañanera, el tabasqueño lanzó otra de sus frases incomprensibles, asegurando que la crisis de salud y económica ha venido “como anillo al dedo” para afianzar la cuarta trasformación. Me niego terminantemente a someter a mi escasa imaginación buscar sentido a estas palabras por temor a provocarme un épico jaquecón.

¿Una pandemia que está matando a miles en el mundo y no pocos en México, y una crisis mundial cuyo impacto, según los pesimistas, puede retrotraer nuestra economía hasta 7% resultará finalmente benéfica? Perdón por la insistencia, pero entiendo que no le entiendo.

¿Cómo afianzará a la 4T –sea lo que sea eso– cuando hay el temor bien fundamentado que pandemia y crisis mundial llevará a centenas de empresas a la quiebra y, por consecuencia, dejará desempleados a miles, quizá centenares de miles de mexicanos? Hasta los colosos de la economía, como Estados Unidos, prevén un porvenir cargado de nubarrones, mientras a México, asegura López Obrador, la situación le viene como “anillo al dedo” y saldremos fortalecidos del problema. ¿Ceguera? ¿Exceso de optimismo? ¿Evasión de la realidad?

No me pregunten. Ya les dije: hace rato entendí que no le entiendo.


02 Abril 2020 04:01:00
Quehaceres del ocio
La obligada reclusión domiciliaria decretada a causa de la pandemia que azota al mundo ha puesto a prueba la imaginación y la creatividad de cada uno de nosotros para sobrellevar las horas muertas del encierro. No ha sido fácil -al menos para quien esto escribe, individuo en edad de alto riesgo- rediseñarse los días de la prolongada cuarentena.

Uno de los problemas capitales ha sido, sin duda, la dependencia. Metido en cuatro paredes, para conseguir cualquier cosa del mundo exterior es necesario acudir a alguien dispuesto a hacerle a uno el favor. Esa dependencia, a querer y no, provoca una disminución en la autoestima, sin importar la muy buena voluntad de quien esté dispuesto a subsanar las carencias que se van presentando.

Maestro jubilado, ajeno ya a la disciplina que impone la tarea de enseñar, así sea mediante la educación a distancia, me resulta difícil organizar una rutina cotidiana, después de desahogar los compromisos derivados del home office, como dicen los angloparlantes.

Las horas libres han servido para leer, escribir un poco y aprovechar la estupenda oferta cultural que ofrece el internet, las cuales mantenía inexploradas por falta de tiempo. Así, gracias al servicio en línea del Colegio Nacional, se pueden escuchar y “ver” tres brillantes conferencias de Luis Villoro sobre ficción y hechos verificables en novelas mexicanas con trasfondo histórico: La Sombra del Caudillo, de Martín Luis Guzmán; Pedro Páramo, de Juan Rulfo, y Los Relámpagos de Agosto, de Jorge Ibargüengoitia.

Dueño de una cultura impresionante y de una visión agudísima, Villoro practica una inteligente disección de la obra de los tres escritores y la forma en que combinan la ficción con los hechos históricos, salpicando la exposición con datos biográficos de los autores que explican su interés en los temas. Las tres conferencias, enriquecedoras de la comprensión para quienes han leído los libros, e invitación amenísima a empezar a leerlos para quienes no lo han hecho todavía, son un ejemplo de erudición ajena a la pedantería.

Los tres libros, sin pretensiones de “novelas históricas”, son hilos de la urdimbre del tapiz de lo que fue el México posrevolucionario. En Pedro Páramo, Rulfo recoge solamente ecos de la Revolución Mexicana y de la Guerra Cristera, mientras Martín Luis Guzmán hace girar su novela en torno al asesinato de Francisco Serrano ordenado por Álvaro Obregón, masacre en la que murió también nuestro paisano el poeta Otilio González.

“Si Mariano Azuela escribió de los de abajo, Martín Luis Guzmán escribió de los de arriba”, afirma Villoro, desnudando descarnadamente la feroz lucha por el poder, que no se detiene ni ante el asesinato, en este caso de un amigo y compadre, como lo fue Obregón de Serrano.

Ibargüengoitia, por su parte, dueño de un humor y una ironía sin parangón en la literatura mexicana, vuelve una deleitable narración picaresca la actuación de los políticos posrevolucionarios. Su capacidad camaleónica para cambiar de bando, sus traiciones y sus ambiciones que, en la pluma de Ibargüengoitia, se convierten en motivo de regocijo para el lector.

Quien esto escribe no es quién para dar recetas de cómo sobrevivir a la cuarentena, pero sí se atreve a recomendar las conferencias de Villoro en el Colegio Nacional, mismas que despliegan ante el escucha el variopinto tapiz histórico y literario de la historia reciente de un país que hoy enfrenta una paralizante crisis inédita.

29 Marzo 2020 04:07:00
Palabras al viento
Será por el temor que provoca la pandemia o por el encierro al que nos ha obligado, pero a través de los medios de comunicación y de las redes sociales parece aumentar día a día el termómetro de la crispación nacional. No es nada nuevo, desde luego.

La polarización del país es un hecho que, alentado desde las más altas esferas del poder, ha dividido a la sociedad abriendo brechas cada vez profundas por razones de clase, ideología o situación económica. Motivos no faltan.

Lo nuevo es que ya no se trata de la crítica fincada en el desacuerdo y en opiniones contrarias. No. Ahora, algunos articulistas y usuarios de las redes sociales rebasan cualquier frontera de la controversia o el debate y se despeñan en el insulto.

Así, un capital de industria, quien se identifica como alto directivo de una firma refresquera, aparece en la pantalla del celular para no bajar de inepto al presidente Andrés Manuel López Obrador y pedirle, no que dimita o pida licencia, sino que “se largue”. Esto a modo de corolario de su exposición y después de mentarle la madre.

En otro sitio, un hombre cuyo nombre no dice nada, empieza a vomitar improperios contra el Presidente, utilizando un lenguaje digno de la peor tertulia de borrachos en la más infecta cantinucha arrabalera.

Tales explosiones de irritación quizá enciendan o aumenten el enojo de algunos, pero, en realidad, no aportan nada a la solución de los problemas y tampoco hacen propuestas atendibles para remediar la situación.

Es cierto, López Obrador restó importancia a la crisis sanitaria que se nos echaba encima y llegó a frivolizar el tema, hasta que la pandemia empezó a mostrar su peor cara. También resulta innegable que la crisis financiera mundial y la caída en picada de los precios del petróleo hacen de la ya de por sí frágil economía nacional la víctima perfecta.

Tampoco puede negarse el gravísimo error de haber propiciado la celebración de la ridícula consulta de Mexicali, la cual suspenderá la terminación de una planta cervecera que había invertido ya 900 millones de dólares.

Error garrafal cometido en el peor de los escenarios, cuando la única luz que pudiera encenderse en el negro túnel de la recesión anunciada es la cada vez más remota posibilidad de nuevas inversiones ya sean nacionales o extranjeras.

No cabe duda: hay motivos para preocuparse y hasta para sentir rabia. De acuerdo, pero ¿insultar al Presidente y al Gobierno federal en conjunto remedia algo? Personalmente pienso que no. Son voces destempladas capaces solamente de permitir desahogos personales y, posiblemente, animar a otros a unirse al coro de gritos y maldiciones.

La inutilidad del torrente de imprecaciones cae y seguirá cayendo en el vacío por una sencilla razón: la inexistencia de una oposición verdadera; una oposición que además de señalar errores haga propuestas viables dignas de ser escuchadas. La popularidad del Presidente puede ir a la baja –como ocurre ahora–, pero eso no pasará de ser anecdótico mientras no se llene el hueco dejado por quienes ya no lo apoyan.

Los enemigos de AMLO sonreirán al contemplar la curva descendente trazada por las casas encuestadoras; algunos comentócratas podrán ufanarse al repetirnos “se los dije”; los vociferantes encontrarán una justificación, digamos moral, de sus mentadas de madre, y el país no habrá avanzado ni un centímetro hacia la solución de sus muchos y graves problemas. Ni un solo centímetro.
26 Marzo 2020 04:05:00
Cuarentena
Lea. Vea series en la tele. Comparta sus pensamientos a través de las redes sociales. Convierta su habitación en un gimnasio y haga ejercicio. Aproveche la forzada estadía en casa para acercarse a los suyos y conversar con ellos. Acepte el reto de leer diariamente una poesía por Facebook, o comparta, también por las redes, sus recuerdos. Alguien los leerá ahora que el mundo está colmado de lectores cautivos, en el sentido más estricto de la expresión. Oiga música.

Por recetas no queda. Las hay para todos los gustos. Eso sí, nadie aconseja quedarse echado en la cama viendo el techo y maldiciendo por igual al coronavirus que ha convertido su casa en una cárcel y a la irritante inacción del presidente Andrés Manuel López Obrador, empeñado en nadar a contracorriente del mundo y provocar miradas de asombro, cuando no burlas y risas sarcásticas.

Y esto último es, me temo, lo que hace la mayoría de las personas, aunque no lo confiesen. Tampoco faltan quienes le recuerden a uno que es afortunado al poder quedarse en casa y trabajar desde su computadora. Otros, nos dicen, y con razón, se ven obligados a salir a la calle a perseguir, ya no la chuleta, que está muy cara, al menos un taco para matar el hambre.

Es cierto. Reflexionar acerca de esto debería volvernos menos pesada esta cuarentena, que sabemos cuándo empezó, pero desconocemos cuándo ni cómo acabará.

Y en situaciones como en la que nos encontramos es bueno recordar lo escrito en 1948 por el crítico literario británico Clive Staples Lewis, cuando la posibilidad de una hecatombe atómica atemorizaba a todo el mundo, pensamientos que toman vigencia ante la pandemia. El texto, que compartió amablemente mi querida amiga Myrna Flores, se vuelve actual si en lugar de bomba atómica pensamos en coronavirus.

“En cierto sentido pensamos demasiado en la bomba atómica. ‘¿Cómo vamos a vivir en una era atómica?’. Me siento tentado a responder: Porque, ¿cómo habrías vivido en el siglo 16 cuando la peste visitaba Londres casi todos los años, o cómo habrías vivido en una época vikinga cuando los invasores de Escandinavia podían llegar y cortarte el cuello cualquier noche; o de hecho, cómo está viviendo en una época de cáncer, una era de sífilis (cámbielo por sida), una era de parálisis… una era de accidentes ferroviarios, una era de accidentes automovilísticos?

“Si todos vamos a ser destruidos por la bomba atómica, deje que esa bomba cuando llegue nos encuentre haciendo cosas sensibles y humanas: trabajar, enseñar, leer, escuchar música, bañar a los niños, jugar tenis, conversar con nuestros amigos, tomando una pinta de cerveza y un juego de dardos, no como ovejas asustadas pensando en bombas. Pueden romper nuestros cuerpos (un microbio puede hacer eso y lo hace actualmente) pero no necesita dominar nuestras mentes”.

Tampoco se trata, por supuesto, de tomar riesgos innecesarios o convertirnos en eventuales e irresponsables agentes de contagio. La amenaza es seria y debemos tomarla con seriedad, pero, eso sí, evitando que se adueñe de nuestras mentes, lo que sería tanto como morirnos sin necesidad de contraer la enfermedad.


26 de marzo

La pandemia y las necesarias medidas para evitar su propagación obligaron a cancelar el festejo conmemorativo de la promulgación del Plan de Guadalupe, acontecimiento que cambió el rumbo de la historia del país y que los coahuilenses debemos recordar por ser un gesto de dignidad ejemplar de nuestro paisano, don Venustiano Carranza.
19 Marzo 2020 04:00:00
Indiferencia y cuarentena
Tras el ritual mañanero: el primer café y la intranquilizante lectura del primer periódico del día, un vistazo a la ventana confirma la indiferencia de la Naturaleza ante las tristezas, angustias, alegrías y temores de nosotros los seres humanos. Así, uno pensaría que la escenografía ideal de los sepelios debiese ser como de película inglesa: cielos grises, lluvia pertinaz, paraguas negros. Sin embargo, cuántas veces hemos dado el último adiós a personas queridas en cementerios bañados de sol, donde desde el árbol cercano un impertinente pájaro pone la nota discordante lanzando al aire la alegría de su canto.

Mientras el periódico de ayer trae hasta la mesa de trabajo un mundo preso del terror -12 noticias sobre la pandemia solo en la primera sección de Zócalo, y cuatro de seis artículos editoriales de la página de opinión dedicados a ese mismo tema-, la indiferente primavera ofrece a los ojos el esplendor del efímero oro de hojas nuevas, que mañana se pintarán de un verde tierno, como lo hizo notar el poeta Robert Frost.

En tanto un periodista cuenta la sensación de vacío producido por una ciudad tan vibrante como Chicago, ahora desierta con cines, teatros y restaurantes cerrados, y una gran parte de los habitantes recluidos en sus casas a piedra y lodo, la buganvilia se empecina en aumentar cada día el caudal de fuego de la cascada floral que deja caer desde la reja, y ajena a cifras cada vez más ominosas, la margarita estrena su penacho blanco.

¿Sería esta indiferencia de la naturaleza la inspiradora de La Tierra Baldía de T. S. Elliot: “Abril es el mes más cruel:/ engendra lilas de la tierra muerta,/ mezcla recuerdos y anhelos,/ despierta inertes raíces/ con lluvias primaverales”.

Semitropicales como somos, no es necesario esperar la crueldad de abril; marzo se ocupa de adelantarnos las fierezas del próximo mes. Hoy, paradójicamente, obsesionados por la interrogante del futuro inmediato, cobijamos nuestros temores en el espléndido marco del estallido primaveral en árboles y prados que nos recuerdan la dura sentencia del Eclesiastés: “Generación va, generación viene, mas la Tierra siempre permanece”. La Tierra, o, lo que es lo mismo: la vida.

No solamente la Tierra. También permanecen y florecen los espíritus de mentes privilegiadas, inmunes al asedio del bagaje de miedo que ha acompañado desde siempre a las epidemias, esas aterrorizantes pestes medievales.

Durante la forzada reclusión de una cuarentena a causa de la peste que asoló a Londres (1666-1667), con la Universidad de Cambridge cerrada, el veinteañero Isaac Newton hubo de refugiarse en su hogar. Sin embargo, no perdió tiempo. Cuando, como asegura la leyenda, descansaba bajo la sombra de un manzano, se desprendió un fruto y le cayó en la cabeza.

Ese accidente le despertó muchas preguntas, cuyas respuestas se convirtieron en las leyes de la gravedad, el cálculo infinitesimal y el espectro cromático de la luz. Ni más ni menos, dice un autor, que “el mismísimo germen de la física moderna, en sus aspectos astronómicos, dinámicos, matemáticos y ópticos”.

Sesenta años antes, en 1606, William Shakespeare aprovechó la cuarentena impuesta por la peste bubónica para escribir tres de sus obras cumbres: El rey Lear, Macbeth y Marco Antonio y Cleopatra. El buen Bill sabía aprovechar el tiempo.

Si como dice el Eclesiastés, la Tierra permanece, también permanecen primaveralmente en ebullición inteligencia y creatividad. Tengamos fe y esperanza.


15 Marzo 2020 04:02:00
Dependencia tecnológica
Nota: Si desea leer acerca del coronavirus, el petróleo o los desastres financieros, busque otro artículo. Harto de tales temas, el autor de este optó por elegir asuntos que seguramente le parecerán intrascendentes. Sobre aviso no hay engaño.

Quince, 20, quizá más autos bloqueaban las únicas dos calles por las cuales se puede salir de la colonia. Es uno de esos fraccionamientos privados que han proliferado en los últimos años, los que, aduciendo la falta de seguridad, destrozan la unidad de la ciudad, volviéndola un desconcertado conjunto de feudos urbanos, versión dizque moderna de la Edad Media.

Desesperada, la mujer que conduce el auto que va adelante se dirige a la caseta de vigilancia. Deseaba averiguar por qué las “plumas”, tanto la de la entrada como de salida, permanecen tercamente inmóviles, impidiendo el paso de los vehículos. Conforme avanzaba el tiempo, la fila de autos gana en longitud, incrementando la irritación o el aburrimiento –depende del carácter de cada cual– de los conductores inmovilizados.

La modernización del sistema de vigilancia incluye “plumas” inteligentes capaces de leer tarjetas pegadas al parabrisas de los automóviles de los vecinos, levantándose automáticamente cuando se acercan.

En esta ocasión, a las “plumas” se les colapsó el sistema y mantienen una inamovible posición horizontal. Por lo visto, no hay poder humano capaz de hacerlas volver a la vertical y permitir la fluidez del tráfico. Así, una falla tecnológica transformó el feudo en gueto. Por culpa de un chip o vaya usted a saber por qué, los habitantes del fraccionamiento pasamos de caricatura de señores feudales a seres concentrados en un gueto.

Finalmente, alguien logró retirar las paralíticas “plumas” y los automovilistas pudieron huir de la momentánea cárcel. Lo ocurrido fue un problema derivado de nuestra dependencia de los artilugios electrónicos, los que ingenuamente queremos creer infalibles. Ese mini atasco vehicular del fraccionamiento me hizo recordar otro incidente parecido.

Invitado por una dama de muy respetable capacidad económica acepté dictar una conferencia en una ciudad del centro del Estado. Terminada la plática, la señora ordenó a uno de sus ayudantes trasladarme de regreso a Saltillo en una imponente camionetota. Durante el viaje, el chofer me presumió detalladamente las características del vehículo que, allí me enteré, normalmente se usaba para custodiar a mi anfitriona.

Era una maravilla de camioneta. Estaba blindada y sus cristales resistían cualquier disparo de armas de fuego, excepto de bazucas. Le habían instalado cámaras de televisión en la parte trasera y en las laterales, a fin de que el conductor pudiera vigilar a los que se acercaban o eventualmente lo seguían. Tenía botón de pánico y radioteléfono en contacto permanente con la central de seguridad. Pero sucedió lo inesperado: al costoso armatoste se le bajó una llanta y ¡sorpresa!, tenía de todo, menos un gato y una cruceta para cambiarla.

Cómo no recordar a un compañero reportero apodado “El Sentimental”, quien hace muchos años me propuso un negocio fabuloso: comprar máquinas de escribir mecánicas –empezaban a popularizarse las eléctricas– y cuando hubiéramos acaparado todas las existentes en el mundo, hacer una campaña de publicidad anunciando la venta de máquinas de escribir que no necesitaban electricidad para funcionar.

Viéndolo bien, “El Sentimental” no estaba tan loco como decían.


12 Marzo 2020 04:05:00
Prueba de fuego
El presidente Andrés Manuel López Obrador encara la peor crisis de las varias que se han presentado en los 15 meses de su Gobierno. Peor, incluso, que el ridículo mundial cuando decidió dejar en libertad al hijo del Chapo Guzmán y abandonar Culiacán en manos de la delincuencia organizada.

Ahora, por cuestiones domésticas e internacionales, los astros de la fatalidad parecen habérsele alineado. A la criticada estrategia adoptada a propósito de la marcha de las mujeres y el “Nueve no se mueve”, se levantan en el horizonte dos desafíos mayúsculos: la caída del precio del petróleo y las funestas consecuencias para una economía mundial -más para una estancada y prendida con alfileres, como la nuestra-, y la epidemia del coronavirus que ha paralizado a otros países.

Tres factores que volverán extremadamente complicado el Gobierno, cuyos bonos de confianza, además, han acusado un fuerte descenso en los últimos meses. Mal y de malas, como se suele decir.

Un panorama tan complicado, al que algunos no han dudado en calificar como “la tormenta perfecta”, es imposible abordar en bloque. Lo aconsejable es revisar, así sea superficialmente, cada uno de los factores por separado.

Para muchos, y quien esto escribe se incluye, fue una sorpresa la carencia de sensibilidad de un político tan experimentado como López Obrador. En el asunto de la marcha de mujeres, anduvo de tropiezo en tropiezo. Primero, intentando restarle importancia  (“que el feminismo no opaque mi rifa”) y después convirtiéndolo en un asunto personal manipulado por sus eternos enemigos, los conservadores, para debilitar a su Gobierno.

El desdén con el que vio el Presidente la impresionante movilización feminista se extendió a su círculo íntimo, empezando con su señora esposa, Beatriz Gutiérrez, quien primero se adhirió y después se deslindó. Luego, en un numerito de dar pena ajena, las mujeres del gabinete se vieron obligadas a hacer el triste papel de defensoras de su jefe.

La cereza en el pastel la puso el propio Presidente, quien un día después de las multitudinarias marchas de mujeres habidas en varias ciudades del país, apareció en una fotografía, relajado, en unas ruinas prehispánicas de Zacatecas. Desdén que remachó en la conferencia de prensa mañanera del lunes, dejando para el final el tema con un comentario ambiguo, carente de sustancia, que a nadie convenció.

La caída del precio del petróleo tomó desprevenidos a todos, cimbrando a los mercados financieros del mundo, y de un rozón provocó una depreciación sensible del peso, cuya estabilidad fue, hasta el domingo anterior, uno de los contados logros en materia económica que podía presumir el Gobierno.

También la fulminante propagación del coronavirus sorprende a México en un mal momento, sumido en su propia crisis por la falta de medicamentos y un creciente descontento de médicos y enfermeras irritados por no contar con el instrumental y las condiciones indispensables para el buen desarrollo de su trabajo.

Si el Presidente insiste en mantener el optimismo ante la depreciación del peso y la amenaza del coronavirus, la situación puede llegar a ser caótica. Aún es tiempo, esperamos, de reflexionar y recapacitar. Corregir el rumbo y diseñar una estrategia capaz de lograr que el barco cruce la tormenta sin mayores daños. Y es que contra la realidad no hay discurso ni frase populachera que valga. Ni Rusia, ni Arabia Saudita ni el coronavirus tienen mamacita a quienes acudir pidiéndoles que corrijan a sus hijos y los hagan portarse bien.  

08 Marzo 2020 04:02:00
Mañana será tarde
Desde el desplome del cultivo del algodón en la Región Lagunera, a mediados del siglo anterior, Coahuila no había enfrentado un problema socio-económico de las dimensiones del que hoy se gesta en el centro de la entidad y en el riñón hullero. La Laguna aceptó con éxito el difícil reto de una reconversión de sus actividades, enfocándolas a la industrialización, y aunque aún se cultiva, en menor escala el algodón, la época dorada de la fibra pertenece a la historia y a la nostalgia.

Hoy, Altos Hornos de México (AHMSA) y los productores de carbón enfrentan una crisis que afecta a dos regiones de primera importancia económica. La insostenible situación financiera de la siderúrgica monclovense, y la virtual suspensión de compras de carbón por parte de la Comisión Federal de Electricidad, mantienen al borde de la paralización a ambas regiones, pues, como se sabe, AHMSA es el motor de la economía no solo de Monclova, sino de un buen número de municipios de los alrededores: Castaños, Frontera, San Buenaventura, Nadadores, Sacramento y otros.

La falta de mercado del carbón afecta a cinco municipios cuya economía ha pivotaado desde hace más de un siglo en torno a la extracción del energético, actividad que hoy se ha reducido al mínimo, debido al cierre de minas.

Sin embargo, no obstante el parecido de ambas crisis, existen diferencias abismales entre una y otra. En la sufrida por Monclova y municipios aledaños, es posible ver una luz al final del túnel: la venta de la empresa, operación que se ha complicado a causa del retiro de la mesa de negociaciones de dos gigantes del acero, la italoargentina Ternium y la india Mittal, que se habían mostrado interesadas en comprar.

Según fuentes cercanas a los altos mandos de la acería, las negociaciones continúan con Villacero, del regiomontano Julio Villarreal, quien es también propietario de banca Afirme, con la cual, por cierto, AHMSA ha pactado créditos con anterioridad. No se descarta, por supuesto, que el cambio de propietario traiga reajustes, como una reducción, quizá drástica, de la plantilla de obreros y empleados.

Pero este sería, en todo caso, un mal menor, si se compara al colapso que pudiera producirse a corto plazo en la Carbonífera, donde los avances tecnológicos y le preocupación por el medio ambiente están jugando en su contra. La sustitución de energéticos fósiles, como es el petróleo y el carbón, por fuentes de energía limpias y renovables: eólica y fotovoltaica, principalmente.

Por otra parte, se acelera la tendencia mundial a abandonar el uso de carbón para producir electricidad o incluso en procesos de fundición. Ya son varios los países europeos que han decidido cerrar todas sus minas hulleras en un afán de proteger el medio ambiente. Los dos factores: avances tecnológicos y reducción del uso de energéticos contaminantes, condenan a la desaparición, y no a largo plazo, lo que durante más de un siglo fue la plataforma que sostuvo e impulsó la economía de la Región Carbonífera.

No se necesita ser profeta para prever lo que ocurrirá. De allí la urgencia de que desde ahora empiece a trazarse un plan maestro para reconvertir la economía de esa región, la cual esperemos, resulte tan exitosa como la emprendida en la Comarca Lagunera.

Dejarlo para mañana podría ser un error costosísimo y equivaldría a condenar a una pujante zona de Coahuila. No es exageración. El futuro está a la vuelta de la esquina y las nubes de tormenta en el horizonte.
05 Marzo 2020 04:00:00
Coahuila a pie
Afirman especialistas que la popularización del ferrocarril produjo un cambio trascendente en la percepción del paisaje. Los viajeros empezaron a mirarlos por primera vez a un lado, a través de la ventanilla de los vagones, cuando antes, ya fuera a caballo o a pie, su visión era hacia adelante y con la posibilidad de abarcar un radio de 180 grados. Esto trajo, por supuesto, una transformación de la relación del ser humano con la Naturaleza, la cual se ha vuelto más compleja y también lejana debido a la modernidad y a la tecnología.

El binomio modernidad-urbanización es indisociable, pues si las ciudades hacen libres a los individuos, como afirmaban los alemanes al compararlas con el sistema de vida en el antiguo sistema feudal, también es cierto que esa libertad tiene un costo altísimo: aglomeraciones, hacinamiento, atascos vehiculares, estrés, selvas de asfalto y un casi obligatorio sedentarismo.

Como respuesta a la progresiva dependencia de lo urbano surgió una actividad cuyas características obligaron a inventar un neologismo: “senderismo” y su verbo correspondiente, “senderear”. Se trata, en esencia, de un regreso a la Naturaleza, sin más propósito que restablecer la relación con ella.

Los senderistas, en solitario o en grupo, dan la espalda momentáneamente a las ciudades en una suerte de retorno adánico, aunque les resulte imposible -todo hay que decirlo- librarse de las preocupaciones inherentes a cualquier ser humano consciente de la actualidad, como los daños provocados a la ecología.

Hijos o nietos intelectuales de Henry David Thoreau, el escritor que construyó su pequeña cabaña con lo indispensable en el bosque, cerca del lago Walden, en Massachusetts, los senderistas buscan recuperar, así sea temporalmente, la comunión con la Naturaleza.

Se trata de una actividad con creciente número de practicantes, entre los que se encuentra Salvador Hernández Vélez, actual rector de la Universidad Autónoma de Coahuila, quien ofrece en un reciente libro, Sendereando en Coahuila. Caminar para conocer la biodiversidad, las experiencias obtenidas en las excursiones que, en su caso, agregan a la contemplación, nuevos conocimientos, la conversación y la camaradería.

“Quienes han disfrutado de subir una montaña -escribe Hernández Vélez-, no me dejarán mentir que se baja siendo otro; la intensidad de los picos o la delicadeza de una flor en la hendedura de una roca se acerca a lo ilimitado, a lo inenarrable”.

Enamorado del desierto, el autor no desdeña por eso el senderismo de montaña, como los recorridos por el cañón de San Lorenzo, de la sierra de Zapalinamé, o el andar por los arroyos de Saltillo, donde ha constatado las agresiones al entorno.

Dedica uno de los capítulos a la ascensión de Zapalinamé por el Camino del Cuatro, que Vito Alessio Robles, en un arrebato de comprensible localismo, considera en su libro Saltillo en la Historia y en la Leyenda una de las carreteras más bellas del mundo.

Desde la comodidad, nada saludable, por cierto, del sillón de lectura, a través de las páginas de Sendereando en Coahuila, escalamos el áspero Cerro de las Noas, cercano a Torreón, las riberas del río Sabinas pobladas de arrogantes ahuehuetes, la maravilla de las pozas de Cuatro Ciénegas y la mesa de Catujanos, centinela de la villa de Candela.

Leer este libro es como echarse la mochila al hombro y emprender la versión coahuilense del Viaje a la Alcarria, de Camilo José Cela, para mi gusto, el texto más bello de los muchos escritos por el Premio Nobel español.


01 Marzo 2020 04:05:00
Un poeta llamado Otilio
El escritor Alejandro Pérez Cervantes, se echó a cuestas la nada fácil tarea de salvar del olvido a un saltillense ilustre, el poeta Otilio González. Trabajo complicado, pero el esfuerzo cuajó más que satisfactoriamente en una novela, Lengua de Plata, presentada hace unos días en la Feria del Libro de Minería de la Ciudad de México. En las páginas del volumen, un alarde de buen gusto tipográfico y bellamente ilustrado por Gonzalo Rocha, Pérez Cervantes practica un asedio histórico-literario por diferentes flancos al saltillense, cuya corta vida terminó de manera trágica.

Lengua de Plata es una apasionada aproximación a la vida de Otilio, cuyas obras son hoy inconseguibles. Hace ya hace casi una década, durante el rectorado del ingeniero Jesús Ochoa Galindo, la Universidad Autónoma de Coahuila publicó un volumen con una selección de sus poesías precedidas de un ensayo. Después de eso, nada.

El nombre de Otilio dice poco a los saltillenses de hoy. La mayoría pensará en una avenida al sur de la ciudad. Otros, más enterados, quizá recuerden una pequeña placa en la pared de una ruinosa casa de la calle Manuel Pérez Treviño que hace referencia –quizá con dos errores– a un dato biográfico del personaje, esbozando la razón de su ahora desleída fama:

“Aquí nació en 1895, Otilio González, poeta representante del Modernismo en las letras coahuilenses. Fue el personaje central de la novela La Sombra del Caudillo, de Martín Luis Guzmán. Centro Histórico de Saltillo. Archivo Municipal de Saltillo, 1998”.

El desaparecido Roberto Orozco Melo, aseguraba que el poeta había nacido en el barrio del Ojo de Agua, muy lejos de la casa que amenaza con desplomarse. Tampoco es probable que Martín Luis Guzmán se inspirara en la personalidad del saltillense para trazar su personaje Axkaná González, en su célebre novela. En capítulos que decidió eliminar había utilizado el nombre para otro personaje, pintándolo como un político corrupto, capaz de cualquier marrullería para conseguir una diputación.

El Axkaná de La Sombra del Caudillo, es todo lo contrario, un idealista a quien el autor salva de la matanza perpetrada en Hutzilac, donde murieron Francisco Serrano y sus seguidores, acusados de sedición. En realidad, Serrano y sus simpatizantes, incluyendo a Otilio, fueron asesinados por desafiar la candidatura de Álvaro Obregón, quien intentaba reelegirse en 1927.

Estudiante becado en el Ateneo Fuente y después abogado por la Universidad Nacional, el poeta se distinguió desde muy joven por su capacidad como orador. De allí el sobrenombre Lengua de Plata, que le aplicara otro escritor saltillense, coetáneo suyo, Hildebrando Siller. En la Ciudad de México hizo carrera política. Fue diputado y orador oficial de la campaña del general Francisco Serrano en busca de la Presidencia de la República.

Pero el proyecto se estrelló con la ambición de Álvaro Obregón y la complicidad del entonces presidente Plutarco Elías Calles. Los serranistas fueron detenidos camino a la capital y asesinados a mansalva por un piquete de soldados.

Pérez Cervantes, con los muy escasos datos de los que se dispone, hurgando en libros y archivos logra hacer un trazado entrañable del poeta y de su obra. Rescate plausible de un coahuilense a quien indebidamente sus paisanos hemos condenado al olvido, y nos recuerda que la nómina de coahuilenses ilustres es amplia, nutrida y variada, aguardando al investigador interesado en apartarse de la senda trillada por otros biografiados.
27 Febrero 2020 04:07:00
Egocentrismo presidencial
Muchos de los problemas del presidente Andrés Manuel López Obrador nacen de dos formas de actuar, las cuales tienen la misma raíz. Una es la obsesión de imponer sus ideas por encima de la opinión de expertos o incluso de la lógica. Está convencido de saber con exactitud cuáles son los problemas del país y de poseer la fórmula de resolverlos. Se trata de una manifestación de egotismo que le impide admitir opiniones contrarias a la suya. Por eso, en vez de rebatir puntos de vista no acordes a su manera de pensar, toma el camino fácil de la descalificación.

Otra de las manifestaciones de su egotismo es interpretar como ofensa personal las críticas a su forma de actuar. De ambos defectos de carácter ha dado muestras en los últimos días, creándose problemas que amenazan con crecer hasta provocar a su Gobierno una crisis de consecuencias impredecibles.

Su afán de imponer la agenda, sin tomar en cuenta las circunstancias, lo metió en el problema con el movimiento feminista y la convocatoria a las mujeres de no participar en la vida nacional el próximo lunes 9 de marzo.

El tropezón que detonó el malestar femenino nació de que la realidad no coincidió con su agenda. Durante la acostumbrada conferencia mañanera afloró un tema de los feminicidios que estaba en el sentir de la sociedad, pero no en el del Presidente. Cuando la intervención de algunos periodistas se enfocó en los feminicidios, tema ajeno a su agenda, un López Obrador visiblemente exaltado pidió –quizá sería más exacto decir: exigió– que ya no se hablara de asesinato de mujeres, para que los feminicidios no opacaran la ridícula rifa del avión sin avión.

Resulta increíble la falta de sensibilidad de un político de la experiencia de López Obrador, al actuar de esa manera. Pero es que, para él, y por lo tanto debería ser para todos, la rifa por él organizada es más importante que los 10 feminicidios cometidos diariamente en México y el reciente asesinato de unas menores de edad.

Esto lo llevó pronto a personalizar el asunto. Y de eso se encargó en buena medida su señora esposa, quien en un principio apoyó el movimiento parista y minutos después lo condenó, ofreciendo al mismo tiempo apoyo a su marido. Así, una legítima y comprensible expresión de inconformidad femenina se convirtió en movimiento opositor al Gobierno, que el mismo Presidente se encargó de oficializar, digámoslo así, al hablar del involucramiento de la derecha en la organización.

Pensar que el mundo gira en torno a su persona, se manifestó al comentar el artículo del Wall Street Journal (WSJ) donde se hablaba de la existencia del Gobierno de un solo hombre en México. ¿Cuál fue la respuesta del tabasqueño? Muy sencilla: Los periodistas del WSJ no conocen la historia de México al compararlo con Santa Anna y con Porfirio Díaz, cuando el primero ocupó 11 veces la presidencia de la República, y Díaz se mantuvo en el poder más de 30 años, mientras él apenas tiene 15 meses al frente del Gobierno.

Egocentrismo puro. Fundamentado o falso, lo realmente preocupante es quiénes leyeron el artículo. Lo leyó una élite mundial capaz de decidir el destino de sus enormes riquezas, dónde invertir o hacer las ampliaciones de sus gigantescos conglomerados industriales. ¿Pensó el Presidente el daño que una opinión así puede causar a la ya de por sí famélica economía de México? Claro que no. López Obrador solo pensó, como acostumbra, en López Obrador.
23 Febrero 2020 04:02:00
Estado de La Laguna (2)
El movimiento separatista encabezado por un grupo de personas, la mayoría de Torreón, resulta hoy paradójico, cuando es precisamente un hijo de La Laguna, el ingeniero Miguel Ángel Riquelme Solís, quien está al frente de los destinos de Coahuila, y cuyo Gobierno ha demostrado una distribución equitativa de los recursos en todas las regiones. A pesar de ello, los secesionistas laguneros se quejan de la centralización del poder político en Saltillo.

Por simple curiosidad, y solo para comprobar estadísticamente esta hipótesis de los separatistas, quizá resulte interesante hacer un balance de los municipios y las regiones de Coahuila con mayor peso a partir de la estabilización de la vida política del Estado, en 1925, cuando Manuel Pérez Treviño se convirtió en el primer gobernador posrevolucionario en concluir su mandato.

En esos 95 años han desempeñado el Gobierno estatal 17 personajes, sin contar a los suplentes y los que lo han hecho en forma interina, con excepción de don Raúl López Sánchez, quien fue nombrado gobernador sustituto por el Congreso y tuvo tiempo suficiente –cuatro años– para consolidar su proyecto de Gobierno.

En efecto, casi 30% de los 17 fueron saltillenses: Nazario Ortiz Garza, Óscar Flores Tapia, Enrique Martínez y Martínez, Humberto Moreira y Rubén Moreira. Curiosamente, el segundo municipio proveedor de gobernadores ha sido Arteaga, con tres: Jesús Valdés Sánchez, Ignacio Cepeda Dávila y Román Cepeda Flores.

Hubo un tiempo en que corría la broma sobre la existencia de un letrero a la entrada de la villa de Arteaga advirtiendo a los automovilistas: “Maneje usted con precaución, pues puede atropellar a un próximo gobernador de Coahuila”.

En el tercer lugar empatan con dos Torreón y San Pedro de las Colonias. Raúl López Sánchez y Miguel Ángel Riquelme (Torreón), y Pedro V. Rodríguez Triana y Eliseo Mendoza (San Pedro de las Colonias).

Cuatro municipios han tenido que conformarse con uno: Piedras Negras, con Manuel Pérez Treviño; Zaragoza, con Benecio López Padilla; Parras, con Raúl Madero y General Cepeda con José de las Fuentes.

El resto, nada. Extraña, por ejemplo, que ningún nativo de Monclova, la tercera población coahuilense en importancia demográfica y económica, haya llegado a ocupar el cargo, aunque dos hijos de esa ciudad estuvieron al frente de la Secretaría General de Gobierno: Francisco López Serrano y Felipe González.

Visto lo anterior vale preguntar si la oriundez representó en el pasado un peso definitivo para inclinar la balanza en favor de uno u otro aspirante. No fue así hasta el año 2000, cuando México experimentó la alternancia. Trasladado a la historia local, sería Rogelio Montemayor Seguy el último de los candidatos al Gobierno cuya candidatura se cocinó en Palacio Nacional.

Antes, la sucesión en el Gobierno estatal –como en el resto de las entidades del país– se resolvía en Los Pinos, que era la residencia oficial del Primer Mandatario. Entonces no resultaba difícil rastrear la cercanía del candidato elegido con el Presidente en turno, aunque no se aplicó la regla con la designación del general Raúl Madero González, hacia quien volteó el presidente Adolfo Ruiz Cortines para deshacer de un tajo el enredado nudo gordiano en que se había vuelto la política coahuilense.

Partiendo de este hecho, que es del conocimiento público, resulta aventurado afirmar que el haber nacido en la capital del estado confiera ventajas a cualquier político con aspiraciones de llegar a gobernador.

20 Febrero 2020 04:01:00
Estado de La Laguna (1)
La creación del Estado de La Laguna en un territorio segregado a Coahuila y a Durango es una idea que permanece larvada desde hace mucho tiempo, y de vez en cuando toma impulso y vuelve a colocarse en la mesa de las discusiones. Ahora ha sido el diputado Porfirio Muñoz Ledo el encargado de dar nuevo impulso al anhelo de muchos laguneros. Uno de los políticos de mayor experiencia en México, sobreviviente de infinidad de rupturas con cuanto partido político ha pertenecido, Muñoz Ledo relanzó la idea repitiendo el discurso del supuesto abandono de La Laguna por parte de los gobiernos de Coahuila y de Durango. La segregación, agregó, detonaría una etapa de desarrollo inédita para la comarca.

Como era previsible, la excitativa de Porfirio encontró eco en algunos grupos que de una u otra manera han promovido el proyecto. Incluso existe una organización llamada Ella (Estado de La Laguna, por sus iniciales), que no quita el dedo del renglón.

El separatismo lagunero y sus anhelos de soberanía tienen profundas raíces históricas y económicas. Para empezar, sus tres principales ciudades -Torreón, Gómez Palacio y Lerdo- son una isla, no rodeada de mar, pero sí distante casi 200 kilómetros de cualquier asentamiento humano de cierta importancia: Durango, Saltillo y Monclova.

Otro factor de identidad y de cohesión, el cual numerosos laguneros de hoy añoran, fue el floreciente monocultivo del algodón. El “oro blanco”, como se le llamaba, convirtió a la comarca en región de gran dinamismo y una de las más prósperas del país desde principios del siglo pasado, pero la aparición en el horizonte de competidores con gastos de producción más bajos marcó el descenso del cultivo. La mayor parte de las tierras de la comarca dedicadas a la agricultura dependen de agua bombeada a cada vez más profundidad, mientras el Nilo y el Mississippi dispensan sus caudales prácticamente de manera gratuita.

Lo anterior obligó a una profunda reconversión de la economía regional, la cual ha sido exitosa principalmente en el ramo industrial y comercial, pero que hubo de enfrentar el desmantelamiento del ejido, provocando problemas de empleo.

El Gobierno federal también hizo su parte para consolidar el fenómeno. Durante el Porfiriato, La Laguna fue la joya de la corona de los logros del régimen en materia económica. Esta suerte de dependencia del Gobierno central se agudizó en la Presidencia de Lázaro Cárdenas. El reparto agrario y su puntal de financiamiento, el Banco Nacional de Crédito Ejidal, fortalecieron la relación de la comarca con el centro, que se volvió prioritaria para los ejidatarios. Saltillo y Durango no tenían vela en el entierro.

Hace un buen número de años volé a Torreón con un gobernador de Coahuila. Antes de aterrizar, el Mandatario vio por la ventanilla una multitud de personas muy cerca de la pista. “¡Vaya recibimiento que nos prepararon!”, dijo satisfecho. Me permití poner en duda que ese fuera el comité de bienvenida que lo aguardaba. Me miró molesto. Sin embargo, minutos después, ya en tierra, nos dimos cuenta: la pequeña multitud, abundante en sombreros de palma, se arremolinaba en torno a otro avión que aterrizó poco después con un funcionario del Banco Ejidal, quien, luego supimos, tenía la encomienda de condonar deudas de los hombres del campo.

Con el desmantelamiento de los ejidos, Carlos Salinas de Gortari fue el encargado de romper ese añejo cordón umbilical.

(Continuará)
16 Febrero 2020 04:01:00
Blanco o negro
Uno de los daños colaterales de la polarización auspiciada por el presidente Andrés Manuel López Obrador ha sido la uniformidad de criterios de uno y otro bando, la cual roza peligrosamente con las fronteras de la monotonía. A veces basta leer el nombre del autor de la columna o del ensayo para saber en qué dirección van sus comentarios. La división entre “chairos” y “fifís” se da con la impecable nitidez y constancia en la letra impresa y en las pantallas de la televisión.

También hay que decirlo, el Presidente, lejos de ser ajeno al fenómeno, se ocupa de alimentarlo un día sí y otro también. Los anti 4T jamás pueden quejarse de falta de temas. Las ocurrencias expresadas en público de la gente, como dice el corrido, durante las conferencias mañaneras les proporcionan tela de sobra de donde cortar:

“Vamos a rifar el suntuoso avión presidencial. No, ya lo pensé bien: no lo vamos a rifar, mejor vamos a rifar dinero, al cabo los industriales y empresarios tienen cara de vendedores de billetes de lotería. Acabaremos con los fines de semana largos, para dar oportunidad a los mexicanos de reflexionar sobre el significado de las fechas claves de nuestro calendario cívico, y de esa manera puedan afirmar su identidad. Sí, ya no habrá más puentes neoliberales, pero a fin de no perjudicar al turismo, vamos a construir otros a los que llamaremos de ‘convivencia familiar’. No importa si con ello duplicamos los días no laborables: uno, el de la fiesta cívica, y el otro que vamos a pegarle al fin de semana siguiente”.

Es verdad, a los anti 4T no les faltan temas para insertar sus críticas: la situación económica del país, la galopante inseguridad, los problemas de Pemex, el inquietante incremento del desempleo, el desabasto de las medicinas, la perseverante demolición de instituciones que eventualmente pudieran ser contrapeso del poder político, los frecuentes deslices lingüísticos presidenciales –“que los feminicidios no opaquen la rifa”– y todo lo demás que usted recuerde.

Sin embargo, la uniformidad de las posiciones críticas y las maromas de los Amlovers empiezan a resultar previsibles, y, por lo mismo, aburridas. Podría decirse que México es un país sin matices. El maniqueísmo del que se acusa al Presidente parece haberse convertido en un deporte nacional. Aquí todo es blanco o es negro.

Si en la pantalla chica, como antes se decía, aparece la infumable imagen de John Ackerman o esa pedantería con lentes llamado Gibrán quién sabe cuántos, cambie de canal. Apresúrese: elija cualquier otro, aunque sea uno dedicado a la venta de cacerolas o incluso a los de tiempo comprado por charlatanes de toda laya, que prometen poner fin a sus sufrimientos y le ofertan amuletos de dudosa procedencia.

Incluso, en esos canales podrá eventualmente toparse con alguna novedad, lo cual no ocurrirá en los programas de Ackerman o Gibrán, que a la manera de los monjes budistas se dedican a dar vueltas al cilindro de oraciones. En su caso, de alabanzas destinadas al Presidente.

A veces es peor la medicina que la enfermedad, como ese afán de las televisoras nacionales de organizar mesas de discusión con especialistas –es un decir– capaces de hablar de aeropuertos, de elecciones en Estados Unidos, de leyes, de tamales veracruzanos, de economía global o de epidemias. La pretendida pluralidad de tales mesas termina o en un galimatías ininteligible o en un enorme bostezo.

Y luego preguntan a qué se debe la popularidad de las series de Netflix.
13 Febrero 2020 04:05:00
Pueblo en vilo
La problemática por la que atraviesa Altos Hornos de México (AHMSA), cuyo futuro está aún en el aire, hace de Monclova una segunda edición del famoso libro de don Luis González y González, Pueblo en Vilo. Desde hace meses, la situación de la empresa ha ido deteriorándose por diversas causas y está a punto de llegar a un nivel insostenible, un oscuro túnel en el que la única luz visible es la posibilidad de vender.

A Monclova y la región puede aplicarse la frase que describe la relación de México con Estados Unidos. “Si AHMSA se enferma de gripe, Monclova y la región sufren pulmonía”. Y no se trata de un fenómeno reciente, es un hecho que está por cumplir 80 años.  

La historia moderna de Monclova arranca en 1942, cuando en la entonces estación de ferrocarril -hoy ciudad Frontera- se empiezan a descargar enormes piezas de metal que ya armadas se convertirían en Altos Hornos de México. A partir de esa fecha las historias de la ciudad y de la siderúrgica son vidas paralelas, con perdón de Plutarco. Las altas y bajas de la acería se reflejan de manera instantánea en la vida económica de la población y en la amplia región sobre la cual hace sentir su influencia.

Miles de habitantes de municipios cercanos: Castaños, Frontera, Nadadores, Sacramento e incluso Cuatro Ciénegas, trabajan para AHMSA, cuyos intereses abarcan hasta la Región Carbonífera, Hércules (minas de hierro) y La Perla, Chihuahua, donde se procesa el material de hierro para facilitar su fundición. Hablamos, sin exageración, de un tercio de Coahuila.

Tampoco la historia de la siderúrgica ha sido tersa. En sus comienzos, y hasta los años 70 del siglo pasado, se hizo cargo del timón un hombre extraordinario, el ingeniero Harold R. Pape, que fue quien la construyó. En aquel entonces la industria nacional estaba en pañales y la única acería importante del país era la Fundidora de Fierro y Acero de Monterrey, nacida con el siglo 20, en 1900, para ser exactos.

Contaba el ingeniero Pape que durante la etapa de planeación de AHMSA, se entrevistaron con el presidente Manuel Ávila Camacho, para exponerle el proyecto. “¿Y cuánto terreno necesitarán para instalarla?”, preguntó el Presidente. Sus interlocutores hablaron entonces de centenas de hectáreas, tantas, que Ávila Camacho los cuestionó: “Van a poner una fundidora o quieren hacerse de un latifundio?”.

Hasta el Gobierno de Luis Echeverría, el señor Pape manejó AHMSA y lo hizo muy bien. La transformó en la primera acerera de Latinoamérica operando con números favorables. Incluso por encima del gigante que era Volta Redonda, de Brasil.

El nacionalismo de Echeverría la descarriló. Marginaron al señor Pape y principió una administración politizada con un desfile de directores entre los que no faltaron verdaderos pillos. Algunos de estos sistematizaron el saqueo hasta poner al borde de la quiebra el antes floreciente negocio. Así fue como el presidente Carlos Salinas de Gortari organizó lo que en esos tiempos se llamó la “venta de garaje” de empresas nacionales y las privatizó.

Este capítulo ha tenido fuertes vaivenes que acabaron conduciéndola a la situación en que ahora se encuentra. Hoy, la empresa, motor de la economía regional, tiene detenida la respiración de sus más de 20 mil trabajadores y empleados, y centenares de proveedores, en espera de que la situación se resuelva y se aclare, por fin, el futuro de una de las regiones claves para el desarrollo económico de Coahuila.
09 Febrero 2020 04:07:00
Carranza: desliz y olvido
El 103 aniversario de la promulgación de la Constitución que aún nos rige fue la fecha elegida por el gobernador Miguel Ángel Riquelme Solís para dar el banderazo de inicio de los actos conmemorativos del centenario de la muerte de don Venustiano Carranza. El lugar donde se dio la voz de arranque no pudo ser el más apropiado: Cuatro Ciénegas, tierra natal del Primer Jefe del Ejército Constitucionalista e impulsor del Congreso que promulgó la Carta Magna.

Como ya se ha dicho, el estado de Coahuila está obligado a dar brillantez a los actos que recuerden no solo el sacrificio de don Venustiano, sino toda su biografía, pespunteada de actos luminosos de impecable patriotismo, que justamente le hacen merecedor del título de constructor del México moderno.

El asesinato del cieneguense en la oscura cañada del caserío de Tlaxcalantongo, Puebla, donde anidó la más alevosa de las traiciones aquella madrugada del 21 de mayo de 1920, marcó el fin de una etapa de la historia de México.

El hecho de que el asesinato ocurriera en tierras poblanas motivó a los legisladores locales de ese estado a declarar Año de Carranza el 2020, el cual la Federación decidió dedicar a la memoria de Leona Vicario, heroína de la Independencia.

En Coahuila, desde hace meses hay una propuesta formal en la Legislatura estatal de hacer una declaratoria en el mismo sentido. Sin embargo, los señores diputados, seguramente ocupados en asuntos de mayor trascendencia, no se han dado tiempo para dar curso a la propuesta y convertirla en decreto. Suena a contrasentido que lo haya hecho el estado donde murió, pero no en el que nació.

En Querétaro, durante el acto de celebración del aniversario de la Constitución en el Teatro de la República, recinto que sirvió de sede al Constituyente de 1917, el presidente Andrés Manuel López Obrador pronunció un discurso, a todas luces improvisado, con características de clase de historia, el cual remató aplaudiendo las reformas hechas a la Carta Magna durante su Administración.

Al hablar de Carranza, el Presidente destacó su calidad de estadista e hizo referencia al nacionalismo del coahuilense, a su firme postura ante los intentos de intervención extranjera y, por supuesto, el haber promovido una nueva Constitución.

Sin embargo, no todo fue alabanzas. López Obrador se refirió a tres supuestas manchas –tres manchas, se escuchó bien– en la biografía de don Venustiano: los que llamó los asesinatos de Emiliano Zapata, Felipe Ángeles y ¡Francisco Villa! Una mala pasada más de la improvisación, pues, como se sabe, Villa fue asesinado el 20 de julio de 1923. ¡Cuando Carranza tenía tres años de muerto! Y está comprobado que Villa no murió de susto al aparecérsele el fantasma del cieneguense: lo acribillaron en una calle de Parral, Chihuahua.

Es evidente la intención de desdorar la imagen del coahuilense, olvidando que Zapata estaba en pie de guerra contra su Gobierno legalmente constituido, como antes lo estuvo contra el de Porfirio Díaz, León de la Barra, Madero y Victoriano Huerta, y que Ángeles, por su parte, cayó prisionero después de un infructuoso levantamiento armado. Los dos cometieron delitos merecedores de la pena de muerte en esa época.

Carranza no era Madero. El de Parras, muy en sintonía con López Obrador, ofreció abrazos a Félix Díaz y a Bernardo Reyes, quienes trataron de derrocarlo. Les perdonó la vida y los metió en prisión. Ellos le agradecieron ese gesto de bondad disparándole balazos.
06 Febrero 2020 04:05:00
Ensalada de letras
Racismo. El historiador Jean Meyer escribe una interesante y variada sección de la revista Istor. La llama “Cajón de sastre” y en ella incluye noticias científicas, reseñas condensadas de libros y selecciones de textos a veces sorprendentes y en ocasiones indignantes. En uno de los números de Istor, Meyer rescató fragmentos de un libro escrito por el padre de John Womack, el biógrafo de Emiliano Zapata, donde se exhiben en forma descarnada e indignante las raíces del racismo norteamericano, trasfondo enmascarado del discurso supremacista del presidente Donald Trump.

John Womack padre fue agricultor en Oklahoma y residía en Norman, ciudad sobre la que escribió una historia:

“Norman era conocida como la ciudad del hombre blanco, desde sus orígenes hasta la Segunda Guerra Mundial”. Y agrega: “Una de las características de Norman, única y bien conocida, es que no hay un solo negro en la ciudad. Esto ha provocado comentarios muy favorables en las partes del territorio donde se conoce este hecho. Los trabajadores lo ven como favorable para su clase, al quitar una competencia peligrosa”.

Y más adelante abunda: “El código no escrito en Norman era que ningún negro podía pasar la noche en la ciudad, no quedarse después de la puesta del sol; no se podía servir a negros en los restaurantes, pero podían hacer su pedido por la puerta trasera y comer afuera… El 30 de marzo de 1899, a eso de las 6:30 de la mañana, el tren se paró frente a un objeto en la vía que resultó ser un bebé de dos a cuatro meses, varón, mulato”.

Lo llevaron al pueblo, fue bautizado y pasó la noche en Norman. Luego lo mandaron al orfanato de Oklahoma City. “Fue el primer negro que pasó una noche en esta ciudad”, comenta Womack.

El presidente Trump no hace gala de racismo, quizá porque los afroamericanos también votan, pero quien conoce su biografía recuerda la demanda de la ciudad de Nueva York que enfrentaron él y su padre, constructor de edificios de departamentos, por utilizar todo tipo de triquiñuelas para no alquilar departamentos a familias afroamericanas.

El humor de José Emilio. Acaba de llegar a las librerías El Infinito Naufragio. Antología general de José Emilio Pacheco, compilada por su hija Laura Emilia. Se trata de una suerte de guía para lectores principiantes de Pacheco, e incluye varios apartados: poemas, ensayos y una selección de Inventarios, publicados en la revista Proceso.

De gesto generalmente adusto, concentrado, José Emilio Pacheco podía sorprender con su fresco sentido del humor. Hace años, quien esto escribe tuvo la oportunidad de compartir el pan y la sal, como decían los clásicos, con el admirado escritor. La comida fue en el desaparecido Tapanco de la calle de Allende. El anfitrión, Armando Javier Guerra.

Se habló de libros y de autores, pero el maestro Pacheco desvió la conversación al hacer una propuesta insólita. Dijo, palabras más, palabras menos:

“Voy a proponer para el Premio Nacional en la categoría de patriotismo a Bobby Larios”, en aquel entonces popular por su tormentosa relación con la bailarina Niurka. La frase provocó un desconcertado silencio, hasta que el escritor explicó:

“Tiene merecimientos de sobra, pues ha sido hasta hoy el único mexicano en la historia capaz de padrotear a una cubana”. 

Así era el maestro.

Oscuridad. Con la muerte de George Steiner se apagó una de las luces más brillantes del pensamiento contemporáneo. Aunque nos quedan sus libros, el mundo es ahora menos luminoso que antes.

02 Febrero 2020 04:01:00
Unificar el idioma
El problema de México radica en que la polarización y la honda brecha abierta entre el “pueblo bueno” y los fifís, conservadores, corruptos, neoliberales trasnochados, chayoteros (aplicable a periodistas críticos) y, en general, los enemigos de la Cuarta Transformación, dejaron de ser únicamente un asunto político-social. En efecto, la división entre estos dos grandes grupos incluye al idioma. En otras palabras: el Gobierno y el “pueblo bueno” -que son la misma cosa- utilizan un idioma, mientras los fifís y compañía hablan otro distinto. De ahí que el debate nacional se haya convertido en un diálogo de sordos y no lleve a ninguna parte, mucho menos a deseables acuerdos.

Trataré de explicarme: el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) anuncia que por tercer trimestre consecutivo la economía del país no solamente no ha crecido, sino ha disminuido 0.1%, lo cual, a juicio de los conocedores, significa recesión. Bueno, esto en el idioma del Inegi, institución catalogable, de acuerdo con su lenguaje, en el despreciable conglomerado fifí.

Pues bien, en una de las conferencias mañaneras del presidente Andrés Manuel López Obrador, un periodista le pidió su opinión acerca de esta información. El jefe del Ejecutivo federal no se inmutó ni se preocupó. Para empezar, aclara que él tiene otros datos -en realidad usa otro idioma- y que la supuesta recesión carece de importancia, pues “están cambiando los parámetros para medir si tenemos bienestar en México, en nuestra sociedad… y como tengo otros datos, sí hay bienestar. Puede ser que no se tenga crecimiento, pero hay desarrollo y bienestar, que son distintos”.     

No es que el ya multicitado Inegi y los especialistas en economía estén equivocados. Ocurre que hablan un idioma distinto al usado por el Presidente, en cuyo diccionario no aparece el término “crecimiento” con el significado que tradicionalmente se le daba. Tampoco se encuentra en su diccionario la palabra “recesión”, pero sí “bienestar” y “desarrollo”, aunque con un sentido distinto al ofrecido por el diccionario de la Real Academia de la Lengua, por María Moliner o Martín Alonso.

He aquí el problema, diría Hamlet. Sobran los ejemplos: usted y su lenguaje neoliberal entiende lo terrible que debe de ser el dolor de quien ha perdido un hijo o una buena parte de su familia en actos violentos, o desconoce lo ocurrido a un familiar cercano, desaparecido hace meses o años. Usted, obsoleto parlante neoliberal, calificará cualquier manifestación de compatriotas en tan terrible situación como un acto de desesperación.   

Eso era antes. Ya no en el chairolenguaje. El que estas familias exijan resultados a los organismos supuestamente ocupados de la seguridad no es un acto de desesperación, es un “show” cuya finalidad es poner en peligro la impoluta investidura presidencial. Por eso resulta lícito que un puñado de chairoparlantes los agreda frente al Palacio Nacional.

Debido a ello no es de ninguna manera contradictorio enarbolar la figura de don Benito Juárez como inspiración y modelo, y que al mismo tiempo el Presidente invoque a Dios, se haga sahumar por chamanes indígenas y pida permiso a la madre tierra para construir un ferrocarril. No hay contrasentido alguno. Sucede que en el recién estrenado idioma del “pueblo bueno”, gobierno laico no es lo mismo que lo que entendía Juárez cuando platicaba con Melchor Ocampo.

Es por demás, mientras no unifiquemos el idioma, no unificaremos al país.


30 Enero 2020 04:05:00
Taras históricas
Morena enfrenta hoy una crisis de la que es poco probable pueda salir indemne. La renovación de la dirigencia ha provocado fracturas que es muy posible la precipiten a una fragmentación terminal. Los conocedores del tema identifican ya tres grupos sobre el ring: el de la secretaria general, Yeidckol Polevnsky, marginada en la última reunión del partido; el encabezado por Alejandro Rojas Díaz, a quien le inventaron una presidencia no contemplada en los estatutos, y el de Bertha Luján, titular del Consejo Nacional.

Aunque la candidatura de Andrés Manuel López Obrador atrajo a simpatizantes de prácticamente todos los colores y sabores, algunos de ellos difícilmente identificados como políticos de avanzada, Morena, se supone, es un movimiento colocado a la izquierda del cuadrante. Esto lo condena genéticamente a las taras sufridas por sus ancestros, ya sea que se llamen Partido Comunista Mexicano (PCM) o Partido de la Revolución Democrática (PRD), para citar solamente dos.                   

La izquierda mexicana -y no es la única- ha estado infeccionada históricamente por el virus de la discordia. No es nada nuevo. Podría decirse que está condenada casi fatalmente a incubar en su seno confrontaciones, las cuales derivan en luchas intestinas que acaban por debilitarla, cuando no pulverizarla.

Sobran los ejemplos, algunos de ellos destacados. Diego Rivera fue expulsado del Partido Comunista Mexicano en 1925.  Lo acusaron de trotskista, cuando el partido se había declarado seguidor de la línea de José Stalin. Esta fractura colocó a dos gurús de la Escuela Mexicana de Pintura en posiciones políticas incompatibles: Diego, trotskista, y David Alfaro Siqueiros, estalinista.

Diego Rivera, convencido marxista, intentó infructuosamente ser readmitido, pero cuantas veces lo intentó se topó con el rechazo de sus antiguos camaradas. Años después de la expulsión del muralista, en 1943, otro hombre de izquierda químicamente puro, el escritor José Revueltas, visitador frecuente de las cárceles a causa de sus ideas, sufrió la misma suerte.

Al autor de los Muros del Agua y de El Apando lo acusaron de algo que se antoja casi esotérico, de “actividades fraccionales”, y lo corrieron junto a los miembros de su célula, la José Carlos Mariátegui. El rechazo no impidió que Revueltas conservara su posición ideológica hasta la muerte.

Existe solamente una diferencia, pero muy grande, entre la rebatinga en Morena y los pleitos habidos en viejos partidos de izquierda, exceptuando el PRD. Porque si las confrontaciones de los miembros del Partido Comunista solían tener una raíz dogmática, en Morena, a las posibles diferencias ideológicas se suma un ingrediente extremadamente explosivo: la ambición. El PRD sufrió el mismo mal, aunque en una escala mucho menor: el botín material (cargos públicos y dinero) es en Morena mucho más cuantioso que lo que fue en el PRD, y, por lo mismo, resulta más codiciable.   

Los mismos morenistas, o al menos un buen número de ellos, no ven una salida unificadora a la lucha entablada por las tres tribus que hoy se disputan el poder. De allí que no se requiera ser adivino para profetizar un debilitamiento de ese partido, que puede llegar a la extenuación, al caldearse los ánimos y volverse cada vez más enconada la disputa. Es posible que, como ocurrió al PRI con Cuauhtémoc Cárdenas, y luego sucedió al PRD, del cual se desprendió Morena, que en el interior del mismo partido se esté incubando su oposición de mañana.
26 Enero 2020 04:00:00
El que se atreve a decir no
En un marasmo de uniformidad discursiva de los miembros de Morena convertidos en aburrido coro haciendo eco de las palabras del presidente Andrés Manuel López Obrador, surge, ahora sí que a la mitad del foro lopezvelardiano, la fogosa voz discrepante de Porfirio Muñoz Ledo condenando la actuación del Gobierno federal ante la caravana de migrantes centroamericanos que intentó introducirse al país.

Resulta extraño, pero a la vez alentador, que sea precisamente la voz de un hombre de 86 años la que venga a romper la convenenciera unanimidad de criterios de los funcionarios y legisladores morenistas.

Verdadero fenómeno de la política nacional, su currículum arranca en los lejanos días cuando fue aguerrido presidente de la sociedad de alumnos de la Facultad de Derecho de la UNAM.

El resto es una acumulación apabullante de los más distintos cargos: secretario de Educación Pública y del Trabajo y Previsión Social, candidato a la Presidencia de la República, tres veces diputado federal, senador, en tres ocasiones embajador de México –ante la ONU, la Unesco y la Unión Europea–, presidente de dos partidos políticos, del PRI y del de la Revolución Democrática, ha pertenecido a cuatro: los dos ya citados, el Partido del Trabajo y el Partido Auténtico de la Revolución Mexicana. Hoy representa a Morena en la Cámara de Diputados y tiene bien ganada fama de temible polemista.

Disminuido físicamente –los años no perdonan– Porfirio Muñoz Ledo conserva sin embargo intacto su espíritu de rebeldía demostrado en 1988, cuando abandonó el PRI, al que pertenecía desde 1954.

Entonces lo hizo al repudiar las formas en que el tricolor designó a su candidato a la Presidencia y formó con Cuauhtémoc Cárdenas lo que se llamó la Corriente Democrática.

Ahora viene a demostrar que la flama sigue encendida y que, como lo dijera Albert Camus, el hombre rebelde es el que se atreve a decir no. Y Muñoz Ledo ha dicho no con toda la fuerza sonora que su desgastada garganta se lo permite.

Una rápida revisión a la biografía del personaje explica su postura contestataria, beligerante, con respecto a la política migratoria del actual Gobierno.

Su voz ha sido la única importante surgida de las filas de Morena en reprobar cómo son tratados los migrantes centroamericanos en nuestra frontera sur, víctimas de lo que llamó “salvaje represión”, mientras el resto de sus compañeros de partido optó por un acomodaticio –¿atemorizado?– silencio cómplice.

Y la condena la ha expresado en forma por demás clara, a pesar de los esfuerzos de la presidenta de la Cámara baja por acallarlo y la borreguil votación de los diputados morenistas al negarle el uso de la palabra.

Esta obsequiosa unanimidad de los legisladores de Morena le mereció una frase lapidaria, al decir que actuaron “como un partido de línea, más eficaz que el PRI”, lo que a su juicio representa “un salto atrás de 20 o 30 años… Yo no sé de dónde llegó la instrucción; fue muy doloroso ver a mis amigos votar tan agresivamente. Lo que aquí hubo fue miedo a la verdad, clausura del pensamiento”.

Y fue más allá en una entrevista concedida a los periodistas: “Morena se sale de mi corazón, de mi ilusión, y eso me da una pena inmensa”.

Personalidad controvertida, pero a la que ni tirios ni troyanos se atreven a negar dos valores: el de la inteligencia y el de la valentía. Porfirio Muñoz Ledo acapara de nuevo los reflectores en un programa político que amenazaba con volverse un monólogo.


23 Enero 2020 04:05:00
Literatura y política
Una pregunta: ¿Qué autor mexicano se atrevería a emular a don Benito Pérez Galdós en acometer la tarea de novelar la historia de México en la época reciente? Si alguien se echara a cuestas esta tarea, seguramente nos ofrecería una gran variedad de novelas: trágicas (2 de octubre y Jueves de Corpus), político-policiacas (usted haga la lista), picarescas (elija los sexenios) y hasta humorísticas (rifemos el avión y ofrezcamos abrazos y no balazos).

La pregunta anterior se vuelve pertinente porque este año se cumplen 100 de la muerte de Pérez Galdós, cuya inacabable obra fue en su tiempo lectura obligada para todo hispanohablante con ínfulas de culto, y al paso del tiempo se volvió diana predilecta de algunos autores de la siguiente generación para lanzar sus dardos más envenenados.

Hace algunos meses, el renovado interés en la novela histórica me llevó a volver a sus Episodios Nacionales, en los que el prolífico don Benito eligió como tema la historia de España por un periodo de 75 años, de 1805 a 1880. En algún rincón de la memoria tenía almacenado un título, Trafalgar, primera de su larga serie de 46 novelas –¡sí, 46!– leída en la juventud. A raíz de esto, por uno de esos milagros que de vez en cuando gusta hacer San Juan Gutenberg encontré el viejo volumen en el caos que me empeño en seguir llamando biblioteca.

Releer Trafalgar fue el gancho para buscar las siguientes novelas de la serie, lo cual fue posible a la maravilla de la Biblioteca Virtual Cervantes. Y como no quien quiere la cosa, el año pasado acabé despachándome las 46 que dedicó Pérez Galdós a la historia de su país. No es ninguna hazaña. Son libros de lectura amena donde se mezclan acertadamente el dato duro de los acontecimientos ocurridos con la ficción.

Por extraña coincidencia, y sin pensar siquiera en el centenario de la muerte de Galdós, luego del reciente reencuentro de quien esto escribe con sus Episodios, Letras Libres le dedicó en su número de este mes dos artículos, uno de Leonardo Romero Tobar, Galdós, Una Pasión Viajera, y el extracto de otro aparecido en 1998 en la revista Vuelta, firmado por Christopher Domínguez Michael.

El extracto del artículo de Domínguez Michael, aborda las rabiosas reacciones de los escritores de la siguiente generación, la llamada del 98, contra la obra e incluso la biografía de don Benito. Reacciones que el autor del artículo explica por motivos políticos y recoge en algunas verdaderas perlas de ese inexplicable odio. “No es cínico como Verlaine, ni satírico como Baudelaire, ególatra como Nietzsche. En Galdós no hay llama”, sentenció Pío Baroja. César González Ruano (¿alguien recuerda quién fue?) pontificaba profetizando que “ni con la mejor voluntad podían respetarlo los jóvenes”, Antonio Espina (otro nombre en el cajón del olvido) aseguró con suficiencia: “Galdós fue una inmensa medianía”.

Sin embargo, sus antes despreciadas obras siguen reeditándose y, suponemos, leyéndose, mientras los libros de sus detractores reposan, quizá para siempre, enterrados bajo el polvo del olvido. Acierta Domínguez Michael: “en los detractores de Galdós influyeron cuestiones políticas. España había transitado de la república a la monarquía”. Hoy quizás sea válido preguntar qué autores del pasado reciente son candidatos al infierno del ninguneo por los intelectuales orgánicos de la 4T. Bueno… ya empezaron con Mario Vargas Llosa y Enrique Krauze.


19 Enero 2020 04:05:00
Golpe al federalismo
En el afán de fortalecer su proyecto del Instituto Nacional de Salud para el Bienestar (Insabi) arrancado en medio de tropiezos, fuertes críticas y evidentes deficiencias, el presidente Andrés Manuel López Obrador, lanzó el jueves una advertencia –quizá sería mejor calificarla de amenaza– a los gobernadores que se nieguen a adherirse al Instituto. Quienes se muestren renuentes, agregó, “no tendrán recursos de los 40 mil millones de pesos adicionales para el sector salud”.

Así, el primer Mandatario utiliza como arma el presupuesto federal, lo cual, véase desde donde se vea, es una muestra sin máscara y sin velos de una brutal centralización del poder que vulnera seriamente al sistema federal y la soberanía de los estados.

Por principio de cuentas, fue el Ejecutivo nacional que sin consenso de los gobernadores puso en marcha el cuestionado Instituto, que de entrada, requirió una amputación de los presupuestos aplicable al desaparecido Seguro Popular, del cual hasta el 31 de diciembre anterior gozaban las entidades federativas.

Encima de eso, López Obrador dispone del presupuesto federal, proveniente de impuestos recaudados en todas y cada una de las 32 entidades federativas del país, como si se tratara de la caja chica de la Presidencia. Estamos ante un nuevo golpe al ya de por sí endeble sistema federal, que adoptó México para gobernarse desde la Constitución de 1824. Es decir, hace la friolera de 216 años.

Avanzó un tramo más la galopante centralización del país a partir del nuevo Gobierno, cuyo último golpe ha sido la amenaza –él la llamó “advertencia”– presidencial a los gobernadores que no se adhieran al Insabi o, en otras palabras, a los mandamientos presidenciales.

Desde una perspectiva histórica esto resulta más que paradójico: incongruente. Recordemos que en la pugna política que dominó buena parte del siglo 19, fueron los conservadores, a quienes tanto dice odiar el Presidente, los que pugnaron por el restablecimiento de un régimen centralista. Pues bien, esos odiados conservadores lograron temporalmente restablecer el centralismo durante la presidencia de Antonio López de Santa Anna.

Fue él quien abrogó la Constitución y la sustituyó por las llamadas Siete Leyes e instauró el centralismo. Los resultados de la idea de Santa Anna fueron catastróficos: los habitantes de Texas se rebelaron, declarándose defensores del federalismo, y acabaron por amputar a la República ese extenso territorio.

Las subsecuentes tragedias nacionales fueron producto de lo que podríamos llamar un “efecto dominó”. Los tejanos fundaron su República, la de la estrella solitaria, y una década después de la separación de México decidieron unirse a Estados Unidos de Norteamérica, detonante de una guerra que al final de cuentas costó al país miles de muertos y la mitad de su territorio.

La historia no está obligada a repetirse. Es obvio que las condiciones y las circunstancias son hoy muy distintas a las que privaban a la mitad del siglo 19. Sin embargo, el presidente López Obrador, quien tanto gusta de hacer citas históricas, debería dar una releída a los capítulos dedicados a la Presidencia de Santa Anna, la segregación de Texas y la invasión norteamericana, cuando menos para dejar de vituperar a los despreciados conservadores, cuando él copia tan al pie de la letra los métodos que ellos utilizaron con funestísimos resultados.

Bien dicen que en política los extremos se tocan.
16 Enero 2020 04:05:00
Serenidad
La apresurada creación del Instituto Nacional de Salud para el Bienestar y los graves problemas provocados por la improvisación. La tragedia de Torreón y su secuela. El regreso del avión presidencial al frustrarse su venta en Estados Unidos. En Tegucigalpa, Honduras, se forma otra caravana de migrantes que pronto se convertirá en nueva presión para la frontera de México. La guerra de baja intensidad en Medio Oriente, la cual en cualquier momento puede escalar a conflicto mayor. Más corruptelas del abogado Juan Collado reveladas por el Gobierno federal. Pronósticos desalentadores acerca de la economía de México para este año. La colección de autos del hijo del senador y líder obrero, Napoleón Gómez Urrutia. Cura pederasta confiesa haber abusado “casi todos los días” de menores. La muerte del guitarrista Chamín Correa.

Agregue a lo anterior la fuerte dosis diaria de crímenes violentos perpetrados por el crimen organizado y el desorganizado que nos recetan, con una puntualidad digna de mejor causa, la tele y demás medios de comunicación. La verdad, sobran temas –todos deprimentes– para cualquier analista u opinador.

Sin embargo, hay algo que se llama hartazgo, y este escribidor se declara saturado de malas noticias y tiene la cortesía de invitar a sus hipotéticos lectores deseosos de echarse un clavado en la maloliente y desazonadora realidad, a buscar los comentarios de otros opinadores todavía atentos al acontecer cotidiano. Si abandonan la lectura de este texto, yo lo comprendo, diría Roberto Cantoral.

Lo comprendo, pero no me sangra la herida, como a Cantoral, aunque sí me temo sufriré una sangría de lectores. Ni modo. Me arriesgo. Hago a un lado los tres periódicos que leo, abandono el celular y sus conexiones con órganos informativos nacionales y extranjeros, y tomo un pequeño volumen que descansa sobre mi mesa de trabajo.

Está empastado. Lomo y esquinas en rojo. Un ejemplar raro y viejo: se publicó hace 101 años. Se titula Plenitud, y aunque su autor es Amado Nervo, no es de poesías. Es una colección de pensamientos dirigidos, se supone, a jóvenes estudiantes. También resulta extraña la editorial: Escuela Tipográfica Salesiana. Pero, como se sabe, Nervo estudió en un colegio católico, el de San Luis Gonzaga, en Jacona, Michoacán, del cual era director un tío suyo, el sacerdote José Mora y del Río.

¿Pidió don José Mora a su sobrino escribir esta obra destinada a la elevación espiritual y cívica de los alumnos del Colegio de San Luis Gonzaga? Puede ser, pero lo cierto es que los textos de Nervo en Plenitud respiran esa serenidad que tanto extrañamos hoy.

“Siempre que haya un hueco en tu vida, llénalo de amor. Adolescente, joven, viejo, siempre que haya un hueco en tu vida, llénalo de amor”, escribió Nervo con frases olorosas a una religiosidad que trasciende hasta su poesía. Pero también le preocupaba la educación cívica de los jóvenes a quienes, suponemos, dedicó el libro. Hay en él consejos, digámosles así, para mejorar la convivencia con los demás: “La vida por breve que sea nos deja siempre tiempo para la cortesía… Huye de las gentes que te dicen: ‘Yo no tengo tiempo para gastarlo en etiquetas’. Su trato te rebajará. Esas gentes están más cerca de la animalidad que las otras. ¡Qué digo! La animalidad se ofendería”.

Me excuso por no abordar hoy temas de la agenda nacional, pero creo –o quisiera creer– que darle un respiro al lector es, dadas las actuales circunstancias, un acto de cortesía.
12 Enero 2020 02:59:00
¿Por qué?
Parecía una mañana cualquiera, excepto por la frialdad con que Dylan se despidió de su madre. “Era un tono plano, de-

sagradable”, recordaría ella después. El muchacho salió de prisa. Debía asistir a una clase de boliche.
Al entrar a la adolescencia le cambió el carácter. Antes, el niño amable, obediente y trabajador que era, se volvió introvertido, hosco, descuidado en lo que se refiere a su aspecto y desordenado en sus horarios. Nada que no fuera imputable a los cambios producidos en la adolescencia.
Dylan salió de su casa. Un hogar normal, donde había recibido cariño y cuidados de su madre que administraba un centro universitario, y de su padre, ingeniero geofísico a quien le diagnosticaron fiebre reumática, lo cual disminuyó su capacidad de trabajo. El chico y su hermano mayor nacieron y crecieron en un hogar estable de clase media, donde nada sobraba, pero nada faltaba. Un hogar como hay decenas de miles

en Estados Unidos.
Aquel 20 de abril de 1999, después de despedirse de su madre, Dylan no asistió, como estaba planeado, a la clase de boliche. Fue a reunirse con su amigo Eric Harris, hijo de un exmilitar. Poco después, los dos muchachos iniciaron un tiroteo en la escuela. Después de matar a 12 alumnos y a un profesor, se suicidaron.
Aquella aberrante e impredecible conducta pasó a la historia de Estados Unidos como “la Masacre de Columbine”, la cual, por desgracia, ha servido de inspiración a otros chicos, muchos de ellos miembros de familias normales, cuyas madres los mandaban a la escuela con el clásico emparedado de mantequilla de cacahuate y mermelada, y en sus cumpleaños apagaban velas en un pastel la más de las veces horneado en casa.
Sue Klebold, madre de Dylan, todavía no acaba de entender qué sucedió. Cómo un niño casi modelo, se convirtió en lo que la revista Time calificó de “monstruo”. ¿Dónde adquirió ese odio contra todos, ese racismo demencial y esa tendencia suicida?
La señora Klebold intenta explicarse el horror de aquel 20 de abril en su libro A Mother’s Reckoning (El Juicio de una Madre). Y la única explicación de lo sucedido que ella encuentra es que su hijo, sin haberse percatado nadie, padecía un grave trastorno mental.
Hoy, estremecidos ante la tragedia, los coahuilenses vivimos una réplica de la masacre de Columbine en el Colegio Cervantes de Torreón. El autor del tiroteo, un niño de 11 años, copiando el atuendo de Eric Harris y su camiseta con la leyenda “Natural Selection” –nombre también de un videojuego extremadamente violento– salió del baño con dos pistolas y disparó contra su maestra, que cayó muerta e hirió a varios alumnos y a un profesor. Luego, al igual que Eric y Dylan, colocó el cañón de una de las pistolas en su cabeza

y se mató.
Podemos intentar explicarnos el hecho hablando de la falta de la madre, quien había muerto, o la ausencia del padre. También es válido culpar a los videojuegos violentos o al clima de violencia que envuelve al país. Es válido. Como lo es también la teoría de la señora Klebold.
Imposible descartar cualquier hipótesis, pero después de la tragedia es pertinente preguntarnos cómo es posible que un alumno de sexto año de primaria pueda introducir dos pistolas a su escuela. Esto sí es evitable con la coordinación de las autoridades educativas, que ya habían propuesto medidas anteriormente, los profesores y los padres de familia.
Nota: The Guardian hizo una larga entrevista a la señora Klebold en la que habla de los puntos fundamentales de su libro.

Disponible en YouTube.


09 Enero 2020 04:06:00
Un boleto en la cartera
Envuelto, como casi todos, en premoniciones apocalípticas debido a la enloquecida decisión de Donald Trump de atacar Bagdad y matar a dos personajes claves del Gobierno de Irán, lo cual, piensan algunos, podría desatar una guerra de consecuencias impredecibles, quien esto escribe asume la responsabilidad ética de no opinar ni hacer predicciones sobre un asunto del que se confiesa totalmente ignorante. ¿Qué puede decir acerca del conflicto y sus repercusiones quien está a varios años luz de entender la enmarañada y siempre explosiva situación del Medio Oriente?

Por ello, por respeto a sus hipotéticos lectores y también por salud mental, estas líneas abordan un tema totalmente ajeno al que hoy desvela a medio mundo: la muerte de un deportista legendario ocurrida el primer día de 2020, año que definitivamente se levantó con el pie izquierdo.

Hace ya mucho tiempo, Ramiro Lozano Valdés, hermano de la madre de este escribidor, abogado, maestro universitario y alto funcionario de Gobierno, cargaba en su cartera, además de su credencial de manejar y tarjetas de visita, dos objetos para él de valor inapreciable: una fotografía de su querida hija María y el boleto para asistir a un partido de beisbol en el mítico y ya desaparecido Yankee Stadium el 8 de octubre de 1956.

Ese día jugaron el tercer partido de la Serie Mundial los Yanquis de Nueva York y los Dodgers de Brooklyn. Las cosas no iban nada bien para los neoyorquinos. Habían perdido los dos primeros juegos de la serie, pero ese 8 de octubre era la fecha señalada para que la disputa por el campeonato diera un viraje histórico.

Un lanzador no muy regular en sus actuaciones llamado Don Larsen, defendía desde la loma de los disparos –como decían antes los cronistas deportivos– el uniforme a rayas de la novena de Nueva York, que todavía no estrenaba el apodo de “La Gran Manzana”.

Detrás del home estaba el folclórico Yogi Berra, cuyas ocurrencias forman parte del sabroso anecdotario del beisbol. Salvatore Maglie, uno de los grandes lanzadores de todos los tiempos, era el encargado de defender los colores de los Dodgers.

Ramiro estaba en las graderías del estadio. Fanático del beisbol, no se perdía una Serie Mundial, mucho menos una que podía seguir en sus dos sedes con solo cruzar el puente de Brooklyn. A medida que avanzaba el juego crecía la tensión en las tribunas. Allá por la quinta entrada, contaba Ramiro, el público empezó a comentar el buen desempeño de Larsen, quien no había permitido a ningún contrincante pisar la primera base. Y así, con dominio absoluto, Larsen transitó la sexta, la séptima y la octava entrada.

Al abrir la novena cayeron dos outs. Faltaba el tercero. Tocaba el turno al poderoso bateador Dale Mitchell. La pizarra marcaba en ese momento una bola y dos strikes. Con los nervios de punta de cuanta gente había en el estadio, Larsen preparó su lanzamiento. Levantó la pierna derecha y lanzó una recta que cruzó el plato ante la mirada atónita de Mitchell, que se ponchó.

El estruendo del público amenazó con hacer caer el techo del Yankee Stadium cuando Larsen completó el único juego perfecto en la historia de las Series Mundiales y Yogi Berra corrió para abrazarlo. El boleto de entrada para el tercer juego de la Serie Mundial de 1956 era para Ramiro una suerte de gran premio por su amor al beisbol.

El pasado 1 de enero murió Don Larsen en Hayden, Idaho. Tenía 90 años. Los periódicos dieron la noticia en dos párrafos.


Descanse en paz.


05 Enero 2020 04:00:00
¿Carranza, héroe fifí?
La equidad histórica de género relegó a un segundo plano el centenario de la muerte de don Venustiano Carranza, el cual habrá de cumplirse el mes de mayo. Cuando todo apuntaba, e incluso se había propuesto, dedicar la conmemoración anual a la desaparición del único Presidente de México asesinado mientras estaba en funciones, el Periódico Oficial de la Federación publicó un decreto declarando al recién arrancado 2020 “Año de Leona Vicario, benemérita Madre de la Patria”.

Sin regatear méritos a doña Leona Vicario, heroína de la Independencia y esposa de don Andrés Quintana Roo, era de esperarse que el Gobierno central decidiera honrar a don Venustiano. Más, cuando el año anterior se dedicó a otro revolucionario, Emiliano Zapata, quien también cumplió un siglo de haber dejado este mundo.

A modo de cuña metida a última hora, instancias oficiales del Gobierno federal encajaron en los últimos meses del pasado año otra conmemoración luctuosa centenaria, la del general Felipe Ángeles. Coincidentemente, los dos, Zapata y Ángeles, murieron durante la presidencia de don Venustiano. Como se sabe, Zapata, santón de la 4T, fue asesinado tras caer en una trampa en la hacienda de Chinameca, Morelos, y Ángeles murió fusilado después de capitanear un fracasado movimiento armado contra el Gobierno de Carranza.

¿Por qué preferir a Leona Vicario en lugar de nuestro coterráneo de Cuatro Ciénegas? ¿Pesaría realmente la equidad de género, o se consideró a don Venustiano un personaje histórico ‘fifí’ incompatible con la posición ideológica de la 4T? ¿Acaso se le negó el honor por haber sido indirectamente responsable de la muerte de dos revolucionarios más identificados con esa entelequia tan manoseada que llaman pueblo?

Si la razón fueron las muertes de Zapata y Ángeles, estamos ante una soberana tontería. Hace algunos meses, en la capital del país, en el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México, para ser preciso, tuve la oportunidad de hablar del movimiento Constitucionalista encabezado por don Venustiano.

En esa ocasión recordé que en su calidad de jefe del Ejecutivo federal, Carranza tenía entre sus obligaciones la prioritaria de pacificar al país, y tanto Zapata como Ángeles estaban en pie de guerra contra su Gobierno legalmente constituido.

Además, como es bien sabido, ejercer el poder desgasta. Zapata lo tuvo en el estado de Morelos y algunas de sus decisiones resultan muy cuestionables. Ángeles fue un brillante militar, pero nunca gobernó ni siquiera un municipio.

Por otra parte, el de Cuatro Ciénegas tenía bien aprendida la lección de Madero, cuyo funesto final se inició con la Decena Trágica detonada por dos enemigos de su Gobierno, Bernardo Reyes y Félix Díaz, a quienes don Panchito les perdonó la vida.

Sin desdoro de la memoria de doña Leona Vicario, cuyo nombre llevó un tiempo la ciudad de Saltillo, este desdén federal al máximo héroe coahuilense, constructor del México moderno, debe ser un acicate para que en nuestro estado se conmemore de la manera más digna posible el centenario de la desaparición de un hombre al que México le debe, entre otras cosas, ni más ni menos que su Constitución.

Letras sueltas

Al declararse el 2020 como “Año de Leona Vicario, benemérita Madre de la Patria”, se completó la familia de la Nación, hasta hace poco monoparental, pues solo tenía padre, don Miguel Hidalgo y Costilla. Ahora ya tiene mamá, doña Leona Vicario. ¡Felicidades México Hidalgo Vicario!


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