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Luis Carlos Plata
Luis Carlos Plata
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Luis Carlos Plata (Saltillo, 1984) es abogado (UAdeC), maestro (UPF, Barcelona) y candidato a doctor (URV, Tarragona), pero practica el periodismo desde hace 17 años, y su trabajo de investigación le ha merecido premios estatales e internacionales. Ha sido articulista de catorcenarios, revistas y periódicos del norte del país desde 2002, además de fungir como director editorial de medios de comunicación en Veracruz.

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16 Junio 2019 04:04:00
100 días de simulación, como todos los demás
Como la percepción mediática de su labor es negativa, y la opinión pública ni siquiera los reconoce, los del Sistema Anticorrupción del Estado de Coahuila se pusieron creativos –es un decir– y organizaron a principios de año una iniciativa titulada El Reto de los 100 Días.

Se trata, básicamente, de justificar su existencia material y hacernos creer que sí son útiles como depósito de presupuesto. Convencernos, principalmente, de que la remuneración mensual de seis dígitos que recibe cada miembro de cada organismo, dependencia e institución autónoma que integra el “Sistema” está plenamente desquitada.

Pese a que dieron a conocer el proyecto a principios de enero, el conteo inicial de los 100 días naturales comenzó hasta febrero 27. Eso significa que terminó el hipotético plazo el pasado 7 de junio.

A la fecha, sin embargo, sólo hay un boletín de prensa emitido por la Secretaría Ejecutiva del Sistema Anticorrupción para informar que los resultados del “reto” estarán disponibles hasta finales de julio. Es decir, como si hubiesen contado 100 días hábiles, descontando festivos, fines de semana y vacaciones. Porque habrá prisa por demostrar que sirven de algo, pero no tanta como para sacrificar sus beneficios personales.

El comunicado del Sistema Anticorrupción (con su logotipo de tres guadañas entreveradas, en movimiento giratorio, como símbolo de que combaten algo) emplea un lenguaje que, como su actuación misma, pretende ser técnico y sofisticado pero nada dice. Habla de “integralidad y complementariedad”, “innovación de procesos” e “incidencia ciudadana”. El objetivo, dicen, es “fortalecer la comunicación, coordinación y colaboración, y que los ciudadanos tengan un rol aún más participativo y proactivo”. La nada, pues.

En El Reto de los 100 Días, cabe señalar, participan la Auditoría Superior del Estado, el Tribunal de Justicia Administrativa, el Instituto Coahuilense de Acceso a la Información, la Fiscalía Anticorrupción, la Secretaría de Fiscalización y Rendición de Cuentas, y el Consejo de la Judicatura del Estado. Asimismo fungen de observadores organizaciones de la sociedad civil (¿qué ganan en su papel de tontos útiles?), universidades, y hasta la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) fue involucrada para legitimar el proceso. Esta última, no obstante, aportó una cantidad indefinida de dólares para tal efecto. Como si hiciese falta dinero.

“Es la primera vez en el mundo que se aplica la metodología del Instituto de Resultados Rápidos (RRI) en el tema anticorrupción”, presumen.

No se peca de radical, pero el tema es muy sencillo: si eliminamos el Sistema Estatal Anticorrupción de tajo ni siquiera lo notaríamos. Nadie los extrañaría. El mundo seguiría su curso y otra vez saldría el sol al día siguiente. Y ahorraríamos más de 200 millones de pesos al año, de los cuales el 75% se fuga en “servicios personales”. Como maquinitas de arrojar sueldos.

Si bien la implicación económica es relevante, no es la única. En defensa del Sistema Anticorrupción dirán que no entendemos la función que desarrollan. Que sus atribuciones están mal entendidas. Que se trata de andamiaje, de construir redes, de vinculación. Cualquier cosa que suene interesante e implique disfrazar de actividad académica lo que no tiene ni tendrá resultados concretos.

La realidad es que no desalientan la corrupción a casi dos años de ‘funcionamiento’ (por decirlo de alguna manera).

Eso sí, simulan independencia. Que los consejos integrados por ciudadanos poseen superioridad moral. Que pagan millones en asesorías para mejorar. Que los oficios significan algo más que papeles emborronados o archivos muertos.

Por lo demás, el punto es la impunidad. Pueden conceptuar la corrupción, estructurarla por objetivos generales y específicos, regularla, pero mientras la impunidad reine todo lo anterior es burocracia inútil. Trabajo de Sísifo.

Cortita y al pie

Simular en Coahuila es forma de vida. Costumbre. Manía. Pasatiempo. Negocio. Todo a la vez. Hay instituciones, oficinas, un presupuesto que se reparte anualmente, andamiaje legal, orgánico e institucional, burocracia, edificios con emblemas, aparente atención al público, representación, coordinación entre dependencias, jerarquías… parafernalia.

La última y nos vamos

En 100 días no pasó nada. Antes de los 100 días tampoco. Y después de los 100 días, ¿qué hacemos con ellos?

Por enésima ocasión: el Sistema Anticorrupción del Estado es una simulación grosera. Un insulto a la inteligencia. ¿Por cuánto tiempo más toleraremos nos jueguen el dedo en la boca?
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